miércoles, 30 de abril de 2014

Peticiones: Juan Pedro Delgado Espada

Hace ya algunas semanas que Juan Pedro Delgado me escribió para presentarme su novela juvenil El halcón negro. Siempre escuchamos la importancia de despertar el amor por la lectura entre los más jóvenes. En esto, la literatura juvenil tiene mucho que decir, así que esta obra viene que ni al pelo. Él mismo nos lo presenta como un libro dirigido a lectores a partir de 12 años. Se enmarca dentro de la colección Astor Junior (Ediciones Palabra) y ha sido incluido en el catálogo de novedades de marzo de la revista juvenil El templo de las mil puertas.
   Según el propio Juan Pedro nos cuenta, es una novela que entretiene a jóvenes y no tan jóvenes y, además, está teniendo una gran acogida: http://www.libros-mas-vendidos.com/libro-halcon-negro-juan-pedro-delgado-espada/.
   Esta es la sinopsis que viene en la contraportada del libro:
Inglaterra, año 1066. Thomas es un joven pastor de catorce años. A pesar de ser sajón, un pueblo acostumbrado a luchar, le da miedo combatir. Una mañana de finales de septiembre, miles de normandos invaden sus tierras y capturan a su padre. A partir de entonces, su vida da un giro de 180 grados. Su huida hacia los bosques, su aprendizaje en el manejo de las armas, su lucha por la supervivencia, el enfrentamiento contra los normandos, el primer amor... serán los grandes temas que regirán su existencia desde ese momento.
   Juan Pedro Delgado es un autor sevillano que se licenció en Ciencias de la Información, en la Universidad de Sevilla, y ejerce como periodista llevando a cabo labores de consultoría de comunicación y edición de publicaciones. Además es cofundador de la revista Fila Siete, una publicación dedicada a la crítica de cine y TV. Recientemente ha terminado su segunda novela juvenil titulada El último pirata.
   Y sin nada más que añadir, os incluyo todos los datos técnicos de este libro:

HALCÓN NEGRO
Autor: Juan Pedro Delgado Espada 
Editorial: Ediciones Palabra S.A.
Colección: Astor Junior
192 páginas. Encuadernación rústica.
Formato: 21x14 cm.
Precio: 9,90€

lunes, 28 de abril de 2014

Capítulo XVI: Y la venta se hizo castillo y Maritornes se convirtió en dama

Ni cardenales, ni palizas, ni malas experiencias; aunque no pueda ni con los dientes, don Quijote no se da por vencido y sigue con sus visiones y sus ideas caballerescas. Cuando los ojos le hacen chiribitas, es mejor rezar todo lo que se sepa porque, seguro, habrá leña para repartir.
   Nuestro hidalgo es lo que tiene, mucha imaginación, y en esta ocasión Cervantes la utiliza sobre todo para el humor, creando unas de las confusiones más divertidas de la novela y dando paso a esos maravillosos "actores secundarios" con los que cuenta este libro.
   Una vez en la venta, reciben los cuidados de la ventera, su hija y la moza Maritornes porque, si recordáis, nuestro hidalgo tenía golpes hasta en el paladar. Aunque la tal Maritornes no se parecía a Venus, precisamente:
"(...) ancha de cara, llana de cogote, de nariz roma, del un ojo tuerta, y del otro no muy sana: verdad es que la gallardía del cuerpo suplía las demás faltas; no tenía siete palmos de los pies a la cabeza, y las espaldas, que algún tanto le cargaban, la hacían mirar al suelo más de lo que ella quisiera".
ahí donde la veis, tenía sus seguidores y "ofrece" sus encantos a un arriero que se sentía muy solito. Cuando ya estaban todos dormidos, los "amantes" se buscan en la oscuridad. Pero quien estaba esperándola era nuestro hidalgo que, con tantos dolores, se le habían desatado las ideas caballerescas y pensaba que la dama del castillo en el que se encontraba se había enamorado locamente de su gallarda figura y venía a ponerle la miel en los labios, o en donde cayera. Así que, ni corto ni perezoso:
"Topó con los brazos de Don Quijote, el cual la asió fuertemente de una muñeca, y tirándola hacia sí, sin que ella osase hablar palabra, la hizo sentar sobre la cama, tentóle la camisa y ella era de arpillera, a él le pareció ser de finísimo y delgado cendal".

   Don Quijote venga a tentar y ella venga a intentar huir, pero:
"(...) era tanta la ceguedad del pobre hidalgo, que el tacto, ni el aliento, ni otras cosas que traía en sí la buena doncella, no le desengañaban, las cuales pudieran hacer vomitar a otro que no fuera arriero (...)".

   Como nuestra pobre Maritornes "estaba congojadísima y trasudando de verse tan asida", su enamorado arriero decide darle un buen mamporro en los morros a don Quijote a ver si suelta de una vez a la moza y pueden folgar sin problemas, que era de lo que se trataba. Pero la escandalera que se monta entre el arriero dando pa'l pelo al caballero andante, Sancho (recién despertado por el ruido) dando de lo lindo a Maritornes y esta defendiéndose hacen que el ventero monte en cólera, aparezca por el "berengenal" y se líe, él también, a golpear a quien se le ponga a tiro.
   ¿Quién falta en este lío? ¿Venga pensad? Eso es, la Santa Hermandad que parece no existir punto en el mapa en el que no tenga a uno de sus enviados. Y así acaba esta historia por hoy, pero, como veis, promete mucho más. ¿Qué hará el cuadrillero de la Santa Hermandad? ¿En qué condiciones se ha quedado don Quijote? ¿En dónde se han metido todos los demás?
 

domingo, 27 de abril de 2014

Mil soles y mil satisfacciones

Eso es lo que yo me he encontrado en este libro, un montón de soles espléndidos, como indica su título, y miles de pequeñas satisfacciones mientras iba devorando, una tras otra, las 408 páginas de esta novela que me ha tenido con el corazón pillado desde el principio hasta el fin. Mil soles espléndidos, de Khaled Hosseini, ha sido un regalo, una suerte y un placer.
   Este autor afgano se me cruzaba sin parar por la blogosfera. Parecía que me hacía guiños continuamente. Daba igual la obra, él me tentaba una y otra vez desde reseñas como la de Tatty de El universo de los libros o como la de Mientras leo, de Entre montones de libros. Siempre andaba por ahí llamándome con insistencia. Así que le hice caso; es inútil resistirse a determinadas tentaciones.
   Cuando lo empecé, fui metiendo la cabeza, poco a poco, en la vida de una niña que prácticamente estaba recluida en una pequeña casa y cuyo sol era la visita semanal de un padre que vivía lejos de allí con su familia "legal" y su hijos "legítimos". Poco a poco, fui viviendo los cambios en la vida de Mariam, sus decepciones, sus desilusiones, su resignación al aceptar lo que parecía su destino. Cuando ya estaba totalmente enamorada de este personaje y me comía las uñas viendo lo que le pasaba, apareció Laila, una niña llena de vida, de ilusiones y de vitalidad que hizo que me olvidara un poco de Mariam. Una joven que ve cómo su vida da un vuelco increíble por culpa de la guerra y se van al traste todos los planes que había hecho. En una misericordia infinita, el autor une las vidas de Mariam y Laila para que pueda seguir los pasos de las dos al mismo tiempo. Una serie de circunstancias hacen que terminen viviendo en la misma casa, bajo el yugo del mismo hombre, y que se conviertan en algo más que amigas, en casi hermanas, y que esto les sirva para enfrentarse a todo lo que se les viene encima, que no es poco, una con más resignación que la otra, pero, al final, también con mayor fuerza y coraje.
   Mariam y Laila son dos mujeres que se enfrentan de diferente manera a la vida que les ha tocado en suerte, en un país como Afganistán y en un momento de conflictos políticos y bélicos. La primera se ve casada con un zapatero violento y retrógrado que le lleva treinta años y que solo espera de ella que le dé hijos. Laila es una joven enamorada del que ha sido su compañero de juegos, al que ve abandonar el país para huir de la guerra y que la pérdida de toda su familia hace que termine casada con ese mismo viejo zapatero ruin, esposo de Mariam. Así es como las dos unen sus vidas y luchan juntas contra todo lo que se les viene encima.
   En todo este recorrido, la cantidad de emociones y sentimientos que hemos vivido las tres juntas ha sido enorme. Hemos reído, nos hemos enamorado, hemos llorado, hemos tenido miedo, mucho miedo, rabia, desesperación... La conexión con Mariam y Laila ha sido tal que, al acabar el libro, le he dicho adiós a dos buenas amigas. Había leído que Hosseini  tenía una habilidad especial para transmitir emociones, para hacer que amásemos a sus personajes, pero no imaginaba hasta qué punto. Son tan reales, tan de carne y hueso, que es imposible no sentirlas a tu lado.
Foto tomada de  www.nationalgeographic.com
   Pero la genialidad del escritor no está solo en la creación de personajes auténticos, también en su fenomenal manera de describir los paisajes. La colina en la que vivía Mariam, está perfectamente clara en mi cabeza, con el arroyo cercano bordeado de álamos y la vista completa del pequeño pueblo bajo sus pies. Igual me ocurrió con el valle de Bamiyán en donde Laila contempla un paisaje lleno de cultivos, de azoteas cubiertas de cosechas puestas al sol, de pequeños arroyos salpicados de mujeres lavando ropa.
   El lenguaje claro, sin artificios, pero cargado de emotividad de Khaled Hosseini, ha hecho que metiera la cabeza por una pequeña ventana para ver paisajes, ciudades y barrios y, al mismo tiempo, sintiera el aire, los olores y los sonidos que han rodeado a nuestras heroínas a lo largo de toda la novela. Por último, no podía marcharme de esta historia sin dedicarle una mención especial a las madres de nuestras protagonistas que fueron, en muchos casos, casi más crueles que los hombres de la historia, teniendo en cuenta que te causa más dolor quien más quieres y quien más te debe querer.
   Cuando me encuentro con un buen libro como este y con un gran escritor, me resulta muy difícil encontrar un buen broche a la reseña. Solo os diré que terminé el libro con una sonrisa de satisfacción y una lagrimilla cayendo despacio por mi cara. No solo me despedía de dos buenas amigas, también de una gran prueba de amor y sacrificio. Ahora espero de vosotros que me contéis vuestras impresiones, si lo habéis leído, o vuestras ganas de hacerlo, si os he transmitido bien mis sensaciones. Por aquí os espero.

miércoles, 23 de abril de 2014

¡Feliz día del libro!

Hoy es un día muy especial para todos los que amamos los libros. Para mí es algo así como el día de nuestro patrón: se le celebra, se le agasaja con fiestas y actos importantes, se le rinde culto. Buscando homenajes originales, espectaculares o impresionantes, le he dado muchas vueltas a la cabeza para escribir una gran entrada a la altura de las circunstancias, pero últimamente no consigo expresar correctamente lo que siento. 
   Así que he decidido recurrir a los "maestros", a los que saben, a los que usan el lenguaje como se debe y crean eso que amamos tanto: los libros. Estoy segura de que hay miles de párrafos más apropiados que los que he seleccionado. Posiblemente algunos de vosotros tenéis en mente miles de ejemplos mejores, más representativos. Yo he elegido los últimos leídos que se han acercado a lo que yo siento cuando estoy entre libros y en los lugares que los guardan. He seleccionado los que me impresionaron y me despertaron las ganas de estar en el lugar del protagonista. Espero que los disfrutéis.
"Queremos libros escritos para nosotros que dudamos de todo, que lloramos por nada, que nos sobresaltamos ante el más mínimo ruido. Queremos libros que hayan costado mucho a su autor; libros en los que se hayan depositado sus años de trabajo, su dolor de espalda, sus crisis, su temor a veces a la idea de perderse, su desánimo, su valentía, su angustia, su cabezonería y el riesgo que ha asumido de fracasar. Queremos libros espléndidos que nos sumerjan en el esplendor de la realidad y que nos mantengan ahí; libros que nos demuestren que el amor obra en el mundo al lado del mal, muy cerca, a veces de forma indistinta". La Buena Novela, Laurence Cossé.
"Por mucho que hubiese un ordenador, cosa que no existía en las bibliotecas que Brunetti visitó como estudiante, el olor seguía siendo el mismo: los libros viejos siempre le provocaban nostalgia por los siglos en los que no había vivido. Estaban impresos en papel fabricado con trapos viejos que se hacían trizas, se golpeaban, se mezclaban con agua y se batían una y otra vez. Con esa pasta se formaban enormes hojas sobre las que se imprimía, y después se doblaban incontables veces y se cosían y encuadernaban a mano. "Todo ese esfuerzo para dejar constancia y recordar quiénes somos y qué pensamos", reflexionó". Muerte entre líneas, Donna Leon.
"Este lugar es un misterio, Daniel, un santuario. Cada libro, cada tomo que ves, tiene alma. El alma de quien lo escribió, y el alma de quienes lo leyeron y vivieron y soñaron con él. Cada vez que un libro cambia de manos, cada vez que alguien desliza la mirada por sus páginas, su espíritu crece y se hace fuerte. Hace ya muchos años, cuando mi padre me trajo por primera vez aquí, este lugar ya era viejo. Quizá tan viejo como la misma ciudad. Nadie sabe a ciencia cierta desde cuándo existe, o quiénes lo crearon. Te diré lo que mi padre me dijo a mí. Cuando una biblioteca desaparece, cuando una librería cierra sus puertas, cuando un libro se pierde en el olvido, los que conocemos este lugar, los guardianes, nos aseguramos de que llegue aquí. En este lugar, los libros que ya nadie recuerda, los libros que se han perdido en el tiempo, viven para siempre, esperando llegar algún día a las manos de un nuevo lector, de un nuevo espíritu". La sombra del viento, Carlos Ruiz Zafón.
"Marta queda sola, envuelta en denso silencio, olor a cerrado y ante la triple pared de libros, que parecen escrutar a la intrusa. Se siente pequeña, desalmada (...). Cavilando en ello Marta se desplaza a lo largo de los estantes. Magníficas encuadernaciones con blasones reales estampados. Desorden, aunque cierta agrupación por temas o reinados (...). Abre una hoja de la alta ventana e irrumpe un alegre rumor de agua a borbotones. Se sienta en el sillón y enciende la lámpara". Real Sitio, de José Luis San Pedro.
"Durante el período que pasamos en la abadía, siempre vi sus manos cubiertas por el polvo de los libros, por el oro de las miniaturas todavía frescas, por las sustancias amarillentas que había tocado en el hospital de Severino. Parecía que sólo podía pensar con las manos. (...). De pronto comprendí que a menudo los libros hablan de libros, o sea que es casi como si hablasen entre sí. A la luz de esa reflexión, la biblioteca me pareció aún más inquietante. Así que era el ámbito de un largo y secular murmullo, de un diálogo imperceptible entre pergaminos, una cosa viva, un receptáculo de poderes que una mente humana era incapaz de dominar, un tesoro de secretos emanados de innumerables mentes, que habían sobrevivido a la muerte de quienes los habían producido, o de quienes los habían ido transmitiendo". El nombre de la rosa, Umberto Eco.


lunes, 21 de abril de 2014

Capítulo XV. Y la lió Rocinante

Sí, parece mentira, ¿verdad? Tan tranquilito como parecía. Rocinante se "desata" y mete a su amo y al escudero de su amo en un buen lío. Estaban todos descansando a la sombra de unos árboles, comiendo alguna cosilla ligera, cuando Rocinante siente la flecha del amor y se lanza como un loco a "meter la pezuña" entre las patas de una yeguas que pastaban por allí cerca: 
"Sucedió, pues, que a Rocinante le vino en deseo de refocilarse con las señoras jacas, y saliendo, así como las olió, de su natural paso y costumbre, sin pedir licencia a su dueño, tomó un trotillo algo pacadillo, y se fue a comunicar su necesidad con ellas; mas ellas, que a lo que pareció, debían de tener más gana de pacer que de él, recibiéronle con las herraduras y con los dientes, de tal manera que a poco espacio se le rompieron las cinchas, y quedó sin silla en pelota."
   ¡Ay! Si eso le pasara a más de uno, fuera caballo o no. En fin, sigamos. 
  Los dueños de las jacas, unos gallegos de armas tomar, no están por la labor de que mancillen a sus niñas así que, ni cortos ni perezosos, le dan pa'l pelo al "salidillo" de Rocinante y provocan el enfado de don Quijote que lo está viendo todo desde lejos. Se lanza a defender a su rocín y se lleva como premio una buena lluvia de palos que comparte generosamente con Sancho Panza.
   Y aquí comienza uno de los muchos parlamentos llenos de ingenio que existen en el Quijote, una de esas grandiosas conversaciones entre amo y sirviente que nos presentan la esencia de cada personaje y que veremos evolucionar a lo largo de la novela.
   Como don Miguel lo hizo mucho mejor que yo, prefiero dejaros unos fragmentos de esta genial charleta. Que lo disfrutéis.
"--A lo que veo, amigo Sancho, estos no son caballeros, sino gente soez y de baja ralea; dígolo, porque bien me puedes ayudar a tomar la debida venganza del agravio que delante de nuestros ojos se le ha hecho a Rocinante. 
--¿Qué diablos de venganza hemos de tomar-- respondió Sancho--, si estos son más de veinte, y nosotros no más de dos, y aun quizá no somos sino uno y medio?"

   Pero don Quijote insiste:
"(...) cuando veas que semejante canalla nos hace algún agravio, no aguardes a que yo ponga mano a la espada para ellos, porque no lo haré en ninguna manera, sino pon tú mano a tu espada y castígalos muy a tu sabor (...)".

   Y Sancho también:
" Señor, yo soy hombre pacífico, manso, sosegado, y sé disimular cualquiera injuria, porque tengo mujer e hijos que sustentar y criar". 
   
   ¿Hay motivo más fuerte que ese?
"(...) en alguna de las ínsulas que te tengo prometida, ¿qué sería de ti si, ganándola yo, te hiciese señor della? Pues lo vendrás a imposibilitar por no ser caballero, ni quererlo ser, ni tener valor ni intención de vengar tus injurias y defender tu señoría;(...)".
"En este que ahora nos ha acontecido-- respondió Sancho--, quisiera yo tener este entendimiento y ese valor que vuestra merced dice".

   Y añade:
"Señor, ya que estas desgracias son de la cosecha de la caballería, dígame vuestra merced si suceden muy a menudo, o si tienen sus tiempos limitados en que acaecen; porque me parece a mí que a dos cosechas quedaremos inútiles para la tercera (...)".

   En estas estaban cuando deciden ponerse en marcha, como pueden, y buscar un refugio para pasar la noche. Encuentran una pequeña venta que, naturalmente, don Quijote confunde con un castillo y así les dejamos, discutiendo si es venta o si es castillo; en su línea, ¡vaya!
   ¿Os animáis a leerlo de nuevo? Os aseguro que no os defraudará.

jueves, 17 de abril de 2014

La saeta. Antonio Machado

Dijo una voz popular:
«¿Quién me presta una escalera
para subir al madero
para quitarle los clavos
a Jesús el Nazareno?»

Oh, la saeta, el cantar
al Cristo de los gitanos
siempre con sangre en las manos
siempre por desenclavar.
Cantar del pueblo andaluz
que todas las primaveras
anda pidiendo escaleras
para subir a la cruz.

Cantar de la tierra mía
que echa flores
al Jesús de la agonía
y es la fe de mis mayores
!Oh, no eres tú mi cantar
no puedo cantar, ni quiero
a este Jesús del madero
sino al que anduvo en la mar!.


lunes, 14 de abril de 2014

Capítulo XIV. Y se defiende Marcela

En este capítulo, Cervantes se  marca una de poesía, la canción de Grisóstomo, en dónde el pastor deja escritas sus desdichas y la razón de su suicidio, y lo mala, malísima que era la tal Marcela, y los celos que le consumían. Cervantes escribió todo tipo de géneros literarios y, en el Quijote, aprovechó a incluir alguno de ellos, como en este caso:
"Mata un desdén, atierra la paciencia
o verdadera o falsa una sospecha;
mata los celos con rigor tan fuerte;
Desconcierta la vida larga ausencia;
contra un temor de olvido no aprovecha
firme esperanza de dichosa suerte.
En todo hay cierta, inevitable muerte;
mas yo, ¡milagro nunca visto! vivo
celoso, ausente, desdeñado y cierto
de las sospechas que me tienen muerto:
(...)"


   Y por fin, aparece la tal Marcela. La pobre viene a defenderse, que ya está bien de echarle la culpa de todo. ¿Qué es guapa? Pues sí, pero: "(...) Cuanto más que habéis de considerar que yo no escogí la hermosura que tengo, que tal cual es, el cielo me la dio de gracia sin yo pedirla ni escogella". ¿Qué va a hacer la pobre? Además, "(...) el verdadero amor no se divide, y ha de ser voluntario y no forzoso". Qué ya está bien de hacerla responsable de las decisiones de Grisóstomo, que ella no se dedica más que a cuidar de sus cabras:
"A los que he enamorado con la vista he desengañado con las palabras; y si los deseos se sustentan con esperanzas, no habiendo yo dado alguna a Grisóstomo, ni a otro alguno, el fin de ninguno dellos, bien se puede decir que no es obra mía que antes le mató su porfía que mi crueldad". 

   Pues a pesar de esta arenga, hay algún que otro botarate que se lanza en su persecución. Menos mal que estaba allí nuestro caballero andante dispuesto a defender a las damas menesterosas:
"Ninguna persona, de cualquier estado y condición que sea, se atreva a seguir a la hermosa Marcela, so pena de caer en la furiosa indignación mía. Ella ha mostrado con claras razones la poca o ninguna culpa que ha tenido en la muerte de Grisóstomo, y cuán ajena vive de condescender con los deseos de ninguno de sus amantes, a cuya causa es justo que en lugar de ser seguida y perseguida, sea honrada y estimada de todos los buenos del mundo, pues muestra que en él ella es sola la que con tan honesta intención vive".

   Ahí queda eso. Y ahora a dedicarse a limpiar esas sierras de "ladrones malandrines".  

domingo, 13 de abril de 2014

Y tú, ¿de quien eres? De Robert Poste

Pocas veces ha sido tan importante ser "el hijo de" como en esta novela, hasta tal punto que la protagonista pierde su nombre a cambio del de "hija de Robert Poste" ante buena parte de su familia.
   La hija de este buen señor es en realidad Flora, una joven alegre y resuelta que ve cómo cambia su vida al perder a sus padres por culpa de una enfermedad. Entonces, su vida acomodada resulta que no lo es tanto y tiene que ser acogida por una amiga suya que, aunque amable y cariñosa, insiste todo el tiempo en que Flora busque un trabajo que le permita ser independiente ya que su asignación económica no da para mucho. Pero nuestra heroína no está dispuesta a trabajar, prefiere "acomodarse" en casa de algún pariente relativamente agradable que le facilite seguir con su entretenida vida. Después de descartar un desván compartido con un loro y una mansión siniestra "a siete millas de la aldea más cercana con (...) pantanos y ciénagas que rodeaban la casa" (hay familiares con muy mala baba), decide lanzarse a la aventura de una granja perdida en la Inglaterra más profunda, en dónde le espera el misterio de unos "derechos" arrebatados a su padre hace años y un "oscuro" secreto ocurrido en una leñera. Flora Poste se encontrará con sus peores temores, con el ambiente más rural que podría imaginar y con los parientes más "silvestres" que podría conocer. Sin embargo, ella es una chica decidida que se crece ante la adversidad, así que se pone manos a la obra e idea un plan para poner en orden una vieja granja, unos familiares con "mucho pelo de dehesa" y su propia vida.
   Al leer sobre la vida de la autora, Stella Gibbons, tuve la sensación de que compartía muchas cualidades con la protagonista: decisión, resolución y, sobre todo, inteligencia para tratar con los demás. De una forma un tanto ingenua, la autora nos presenta a una joven muy decidida, que se crece ante los problemas, que tiene un gran tesón y constancia y, sobre todo, la inteligencia suficiente para lidiar con la "caterva" de parientes que tiene alrededor. Y digo "ingenua" por la forma tan conveniente en que lo resuelve todo y lo bien que le salen los planes a nuestra heroína. No digo yo que nuestra Flora no sea una mujer de una vez, capaz de reorganizar lo que se le ponga por delante, pero hay que reconocer que la suerte la acompaña, y mucho. Pero eso no es lo que importa; es tan solo una excusa para divertirnos e ironizar sobre determinados tipos de personas y de formas de vida.
   Por otro lado, es genial la manera en que la escritora presenta su novela ante su "supuesto y admirado" amigo y novelista, llena de burla e ironía:
"-después de malgastar diez años de mi vida como periodista, aprendiendo a decir exactamente lo que quería decir en frases cortas-, descubrí que debía aprender, si pretendía acercarme a la literatura y recibir críticas favorables, a escribir como si no estuviera muy segura de lo que quería escribir pero estuviera encantada de decir exactamente lo mismo en frases tan largas como me fuera posible".
   
   Una ironía que se mantiene durante toda la novela y en dónde radica el "meollo" de su sentido del humor. Para los que leemos esta novela en español, el humor basado en los nombres inventados por la escritora, los juegos de palabras y los guiños a la moda literaria de aquellos momentos (todo ello explicado magistralmente en la nota del traductor) pierden fuerza, pero no lo hace la ironía de sus diálogos o la descripción de algunos de los personajes o los paisajes y situaciones que describe, a propósito, de una forma tan pedante y rebuscada que tiene que marcarlos con doble asterisco (a veces con triple) para que no nos de un patatús al encontrarnos con uno de ellos. Fuera de esta "burla", el lenguaje es bastante natural y fácil de seguir y se adapta como un guante a cada personaje, reflejando perfectamente su forma de ser.

   Y no podemos olvidar que, como parte indispensable de la novela, no solo está la protagonista Flora Poste o su corte de primos, los Starkadder, sino que hay otros elementos importantísimos en el desarrollo de los acontecimientos y que no se deberán perder de vista: la parravirgen y El sentido común de índole superior, obra del Abbé Fausse-Maigre, que influyen en los protagonistas de una manera poco común.
   Cuando elegí esta novela para participar en el reto de Seri, Finales felices, fue un poco por azar, guiada por las reseñas que me había ido encontrando en varios blogs. Y creo que acerté de pleno. No solo el final es feliz, todo el desarrollo de la novela es feliz. Han sido muchas las sorpresas que me he encontrado y también alguna duda sobre las fechas: si la novela se publicó en 1932, ¿cómo es posible que se hable de las guerras anglonicaragüenses de 1946 (página 250)? Si algún alma caritativa sabe la respuesta que me lo diga, por favor.
   Solo me queda agradecer a Seri que organizara este reto que me ha permitido releer una novela que ya tenía olvidada y volver a disfrutarla tanto como la primera vez.

jueves, 10 de abril de 2014

Cadena de test

Hace ya bastante tiempo que me encontré con una agradable sorpresa, y por partida doble, que me llegaba de dos de mis grandes amigas blogueras (o así las considero yo) Lady Aliena, de Páginas y secretos y Zazou, de Bibliomanía y otros desvaríos. Las dos me habían seleccionado en sus blogs para seguir esta "Cadena de test", responder a las preguntas y nombrar a tres blogs que continúen la labor. He tardado mucho en cumplir con mi cometido, lo sé, pero han sido días convulsos y complicados y he tenido que esperar a disfrutar de un pelín de relajación para poder sentarme a contestar las preguntas con la atención que se merecen.
   Espero que os resulten interesantes o al menos curiosas y nos vayamos conociendo todos algo más. Ahí van:
1- El último libro que has leído.
La hija de Rober Post. A puntito estoy de pasar la última página.
2- Libro que cambió tu forma de pensar.
¡Uys! Yo soy muy dura de mollera, pero Los desorientados me hizo acabar con algunos tópicos con los que cargaba desde hacía años.
3- El último libro que te hizo llorar.
Han sido bastantes; yo soy muy llorica. A ver, dejadme pensar... El último ha sido El abanico de seda, de Lisa See. Me arrancó más de un puchero.
4- El último libro que te hizo reír.
Reír, reír, Trilogía del bar Lume. Sonreír, Cuéntame una noctalia, de Mónica Gutiérrez.
5- Libro prestado que no te han devuelto.
Hace siglos, de hecho fue en el siglo pasado: Cianuro espumoso, de Agatha Cristhie. Todavía siento una pequeña punzada al recordarlo.
6-Un libro prestado que no has devuelto.
Uno sobre los iberos que me prestó una compañera de clase que nunca volví a ver. Que conste que yo la llamé varias veces para devolvérselo pero "hizo mutis por el foro".
7-Un libro que volverías a leer.
Muchos clásicos: La Regenta, Mi único hijo, Trafalgar, Grandes Esperanzas... Uf, un montonazo.
8- Un libro para regalar a ciegas.
Esto sí que me es imposible de contestar. Pienso mucho en quién lo recibirá y cuándo. No, a esta no puedo contestar. Sorry.
9- Un libro que me sorprendió para bien.
La devoción del sospechoso, de Keigo Higashino. Lo leí en parte por que no tenía otra opción mejor en ese momento y me alegré enormemente.
10- Uno de los primeros libros que leíste en la escuela.
Mi primera gran novela, Jane Eyre. Lo leí cuando estaba en quinto de la antiquísima E.G.B. ¡Ay! ¡Qué tiempos!
11- Un libro que robaste.
No, no, no... Nunca he robado un libro, ni creo que lo haga.
12- Un libro que encontré perdido.
Nunca he encontrado ninguno. Ya me hubiera gustado a mí, pero no; fuera de pañuelos, guantes y una pequeña bolsa llena de "trastos" de maquillaje, no he tenido esa suerte.
13- El autor del que más libros tienes.
Agatha Cristhie. Pero es que, en mi más tierna infancia, era la colección que me podía permitir. Mi primera gran colección después de los cromos de Heidi.
14- Un libro valioso.
Un facsímil que me regaló mi padre de Ruy González de Clavijo, Viaje a Samarkanda, y que tengo expuesto en un atril para disfrutar de sus ilustraciones.
15- El libro que lees ahora mismo.
Ando entre Mis soles espléndidos y uno de Anne Perry, pero no me siento a gusto leyendo dos a la vez, así que terminaré por decidirme por uno de ellos.
16- Un libro que prohibirías.
¡Uys! No. No me gusta hacer lo que no quiero que otros me hagan.
17- Un libro que llevas tiempo queriendo leer.
Cualquiera de Murakami. No sé porqué los hados se han confabulado para que se me crucen otros en el camino. Siempre ando "a punto de".
18- El próximo libro que vas a leer.
No lo sé. Sorpresa. En mi caso, lo voy decidiendo sobre la marcha y según se me presentan los propios libros.
19- Libro que no leerías jamás.
Cualquiera escrito por Belén Esteban y otras hierbas semejante. Pero nunca se puede decir "de esta agua no beberé".
20- Tu trilogía o saga preferida.
No tengo ninguna que sea especial. Ahora que hago memoria, creo que he leído muy pocas y no me dejaron mucha huella, la verdad.
   
   Y esto es todo. ¡Ah! No. Que va. Llega el momento de seguir la cadena. Tengo que elegir Tres libros Tres que sigan el juego. Estos son:
- Carax, AsteroideB612, que anda estudiando mucho y sin abandonar su tarea bloguera.
- Sara, de Literariamente hablando, que siempre tiene un comentario aunque mi entrada sea flojucha.
- Samarkanda, de LIBROPOLI, a la que tengo casi convencida para que lea El Quijote.
   Y, como mención de honor, a todos los demás blogs que ya no cabían aquí, pero que visito asiduamente y de los que aprendo mucho, mucho.

lunes, 7 de abril de 2014

Capítulo XIII. Y seguimos con los pastores

Cervantes continúa entreteniéndonos con la historia intercalada de Marcela y Grisóstomo, pero solamente con algunas pinceladas, lo suficiente para engancharnos y dejarnos con ganas de más y así llevarnos al siguiente capítulo.
   En este capítulo, don Quijote y Sancho se unen al cortejo fúnebre que acompañará al desafortunado "pastor" muerto de amor. Aquí don Quijote volverá a explicar el porqué de su indumentaria y de su arrebatado amor por Dulcinea:
"(...) su hermosura sobrehumana (...); que sus cabellos son oro, su frente campos elíseos, sus cejas arcos del cielo, sus ojos soles, sus mejillas rosas, sus labios corales, perlas sus dientes, alabastro su cuello, mármol su pecho, marfil sus manos, su blacura nieve; y las partes que a la vista humana encubrió la honestidad son tales, según yo pienso y entiendo, que sola la discreta consideración puede encarecerlas y no compararlas".
   ¡Vamos! La típica mujer española. Aquí también, Cervantes aprovechará, como buen soldado que fue, para sacar la cara por su antiguo gremio frente a la labor del clero:
"(...) Quiero decir, que los religiosos con toda paz y sosiego piden al cielo el bien de la tierra; pero los soldados y caballeros ponemos en ejecución lo que ellos piden, (...) ; no debajo de cubierta, sino al cielo abierto, puesto por blanco de los insufribles rayos del sol en el verano, y de los erizados hielos del invierno. (...). Y como las cosas de la guerra, y las a ellas tocantes y concernientes no se pueden poner en ejecución sino sudando, afanando y trabajando excesivamente, síguese que aquellos que la profesan tienen sin duda mayor trabajo que aquellos que en sosegada paz y reposo están rogando a Dios (...). No quiero yo decir, ni me pasa por pensamiento, que es tan buen estado el de caballero andante como el de encerrado religioso; sólo quiero inferir, por lo que yo padezco, que sin duda es más trabajoso y aporreado, y más hambriento y sediento, miserable, roto y piojoso (...)".

   Con mucho tacto, eso sí, que cualquiera se despistaba por aquel entonces. Es un capítulo de lo más entretenido. Nuestro hidalgo defiende a capa y espada su "oficio" de caballero andante ante el burlón de don Vivaldo, que le tira de la lengua todo lo que puede sobre la "utilidad" de las enamoradas y, como siempre, nuestro caballero enseguida entra al trapo y defiende esta noble figura de "dama de caballero andante". Se hace también un repaso de la flor y nata de los grandes linajes españoles del momento, incluyendo la reciente creación inventada por don Quijote, los "Toboso de la Mancha" y se alaban las virtudes y cualidades del pobre Grisóstomo, muerto de amor por Marcela, entre las que no se menciona para nada la inteligencia, ¿por qué será?
   En fin, un capítulo bastante completo, que nos arranca una sonrisa y nos deja alguna que otra reflexión. Lo normal en El Quijote. Que lo disfrutéis.

domingo, 6 de abril de 2014

Encantada con el MAN

Dicen que el saber no ocupa lugar, pero sí lo hace, ya lo creo. Y si no, que se lo digan al Museo Arqueológico Nacional que ha tenido que reorganizarse, de arriba abajo, para ordenar el lugar en donde guardaba el saber, sobre todo, si el saber tiene el tamaño del monumento funerario ibérico de Pozo Moro.
   Gran parte de nuestra memoria, de lo que éramos y de lo que somos, estaba encerrado en este edificio de 1867 con bastante buen criterio, pero con los obstáculos propios de otras épocas y de otras formas de pensar. Ahora, en el siglo XXI, el museo que nos enseña de dónde venimos debía hacerlo de una forma más actual, más interactiva, más didáctica. Y es lo que ha hecho. Ahora, es un museo total y absolutamente educativo. 
Fotos cedidas por Ángeles Blanco
   Como dicen algunos de sus paneles explicativos, un museo no puede limitarse a mostrarnos una serie de "artilugios" más o menos interesantes, guardados en vitrinas; un museo tiene que servir para que aprendamos porqué somos lo que somos, ya que no somos así de majos y de listos por ciencia infusa, sino como consecuencia de lo que otros han hecho y han sido mucho tiempo antes. Y eso, en el MAN, está perfectamente conseguido. 
   
   Nada más entrar, nos recibe la modernidad de las instalaciones y el impacto audiovisual de las nuevas tecnologías que chocan con el Paleolítico del comienzo de la visita. Nuestra historia está ordenada cronológicamente y también por temáticas. Vamos subiendo los distintos peldaños de esa historia al mismo tiempo que subimos los de las escaleras que nos llevan de planta en planta y que se abren a unos patios en los que la luz ilumina otros tantos objetos de nuestra memoria y en dónde podemos sentarnos unos momentos a descansar, leer nuestro folleto de rigor o contemplar tranquilamente lo que hay delante de nosotros (también se puede optar por los ascensores, pero la imagen es menos gráfica). Los objetos, los restos humanos, los textos escritos, todo se va alternando con carteles explicativos, pinturas y pequeñas pantallas de televisión que nos enseñan para qué servían, cómo eran y de qué manera se utilizaba todo eso que tenemos delante de nuestros ojos, en definitiva, para que aprendamos. 
   Por eso, algunos padres tenían que tirar de sus hijos cuando se quedaban pegados al monitor de un televisor que les enseñaba cómo cazaba el Homo Sapiens. Por eso, un grupo de personas se agolpaba delante de la reproducción de una antigua cabaña que guardaba en sus cimientos la tumba de su anterior habitante. Por eso, también, algunos intentábamos encontrar un hueco para ver el enorme mapa que nos mostraba los yacimientos que habían guardado lo que ahora estaba en el museo. Todos queríamos saber más sobre lo que veíamos.
   Pero (y este "pero" es totalmente personal) la entrada principal estaba cerrada. Ya no se accede por la escalinata que te lleva a esas grandes puertas de hierro y cristal. Los antiguos usuarios del "Arqueológico", los que quedábamos en el vestíbulo con los colegas de clase para ir a la biblioteca, ya no podremos subir por la escalera de mármol que salía de este vestíbulo y que nos llevaba por los distintos pasillos llenos de solera, de huellas de estudiosos de otras épocas que pisaron por allí antes que nosotros. Entonces sentí un pellizco de nostalgia, me vino a la mente algún recuerdo de otros tiempos y pensé que, al menos, una sala debía haber guardado algo de lo que era el anterior museo, porque creo que eso es tan parte de nuestra memoria y nuestra historia como los objetos que contiene. Claro, que yo soy una romántica empedernida.
   Lo que sí agradecí al MAN, de todo corazón, fue la ausencia de maravillosas libretas de diferentes tamaños y motivos decorativos que siempre hay en todas las tiendas de los museos y que hacen que me deje una pasta gansa en ellas. Ahora, a disfrutar del contenido en mis próximas visitas, porque pienso volver, sin duda.

jueves, 3 de abril de 2014

El poder de la lectura

Han sido muchas las veces que he recurrido a un libro cuando no me sentía demasiado bien. Si estaba nerviosa, había libros que me tranquilizaban; si estaba preocupada, leer me serenaba; si me enfadaba, nada mejor que un buen libro para calmarme; y cuando estoy triste, una buena lectura me ayuda.
   Un buen libro, una buena historia bien contada, refleja muchos aspectos de la vida. No se trata solamente de que haya un buen argumento con un montón de situaciones y de hechos que van pasando poco a poco ante nosotros, que también, sino que podemos encontrarnos con sentimientos y estados de ánimo que son o han sido los nuestros propios, con reflexiones y pensamientos que nosotros mismos nos hemos planteado. Y los vemos, además, perfectamente explicados, con la rotundidad de la literatura, cuando es buena.
   Muchas veces, he visto en los libros sentimientos que yo misma no sabía explicar, incluso reconocer. Me encontraba leyendo a un personaje que parecía hablarle a otro de mí. Que era capaz de expresar cosas que yo no podía expresar y me abría los ojos ante sentimientos que yo misma no quería reconocer.
   Esto, a veces, hasta me daba miedo. Pensaba: ¿No tendré tanta fantasía en mi cabeza que me creo la protagonista del libro? ¿Será posible que esté leyendo exactamente lo que siento?  Esa es la magia de los libros. Puedes encontrar en ellos pedacitos de realidad, distintas facetas de la vida. Se trata de que demos en el blanco con lo que buscamos. Que encontremos lo que nos cura. Porque, en mi caso, ese es el poder de la lectura, la curación. Porque yo recurro a los libros para curarme, para sentirme mejor, para estar acompañada, para sentir consuelo o para reírme cuando necesito hacerlo.
   Así que, ahora, con vuestro permiso, voy a aferrarme a mi lectura actual, que me hace sonreír y me muestra personajes con una determinación envidiable. Voy a ver si aprendo algo.
   Y vosotros. ¿Habéis sentido también ese poder de la lectura?

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