La magia puede presentarse de muchas formas. Y esta noche es un un buen ejemplo. Guste o no, pese a quien pese, la Navidad está llena de magia si la dejamos. Sí, lo sé, también de otras cosas chungas, pero esas las llevamos siempre con nosotros y, en estos días, solemos sacarlas a relucir con más fuerza.
Yo he ido empapándome poquito a poco de esa magia, tanto por predisposición propia como por la compañía de Jeanette Winterson y sus Días de Navidad. Cuentos y recetas. Siguiendo sus instrucciones, he ido leyendo un relato cada día (bueno, a veces he hecho trampas y me ha sido imposible parar hasta el haber leído un par de ellos más). Sin ñoñeces, sin cascabeles ni petardos ruidosos, pero tampoco con rencores ni amarguras, la autora nos explica su punto de vista navideño y nos regala doce relatos deliciosos, diferentes, originales, inesperados y siempre, siempre agradables.
Como no se conforma con regalarnos historias, nos enseña recetas que son importantes para ella en estas fechas. Pero no lo hace solo con pesas y medidas: cucharadas exactas de esto y de lo otro, dl y gr por aquí y por allí. No, ella nos cuenta el porqué de esa receta, la historia que lleva detrás su elección y, como si nos lo explicara tomando un café, sentados a la mesa de la cocina, va contando los pasos que se siguen en su elaboración, los "truquis" que nos ayudarán a mejorarla y la cura que pueden suponer para el alma.
Con un lenguaje elegante, sencillo, directo, y de forma muy honesta, sin alharacas, cuenta algunas de sus vivencias, de sus recuerdos, y eso hace que nos sintamos más cercanos a ella, que parezca que tenemos una chimenea cerca y una buena taza de té para acompañarlos, o de café, o de chocolate, lo que más os sugiera.
Esta noche es una noche especial: leche caliente que desaparece, camellos que trepan por los balcones, huellas reales en la alfombra, ojos brillantes, sonrisas nerviosas, regalos, papeles de colores y magia flotando por todas partes, una magia que se pega en todos los que vamos entrando en la habitación donde sus Majestades han estado minutos antes. Y con la misma sonrisa nerviosa de los más pequeños, echamos el cierre a las fiestas. Y con esa sensación mágica, cerré Días de Navidad, paladeando un poco más el buen sabor de boca de su lectura.
Sed buenos, qué vienen los Reyes...

