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domingo, 15 de junio de 2014

Lope

Desde que conocí a Lope en el instituto, me impresionó su vida. Desde que leí su poesía y su teatro, me impresionó su obra. Lope de Vega no era un escritor cualquiera, era alguien que personificaba la palabra "vivir", en su propia vida y en la de sus obras. Ahora que tan de moda está: "vivir al límite", "pedir perdón mejor que pedir permiso", "arrepentirse de lo que has hecho y no de lo que has dejado de hacer", Lope habría encarnado la personificación de todas estas consignas que te empujan a comerte la vida a mordiscos. Fue soldado, secretario de importantes diplomáticos y finalmente sacerdote. Y, en medio de todos estos trabajos, dramaturgo y poeta. Enamorado de las mujeres, tan pronto su despecho y sus celos le llevaban al destierro, como su amor y su pasión le llevaban a raptar a su amada. Y todo ello provocaba grandiosas obras literarias. Desde que leí cómo había sido y qué había hecho, me conquistó; no por su "talle", sino por su ingenio. Y me sedujo, no por su voz, si no por sus textos. Lope de Vega me pareció el colmo del hombre de mundo, inteligente y divertido, encantador y un poco canalla. A los 16 años, es difícil resistirse a alguien así, y me empapé de sus poemas y de su teatro.
   Hace unos días, volví a toparme con la película que se hizo sobre su vida. Si ya me había decepcionado en la gran pantalla, no mejoró en absoluto en la pequeña. Recordaba no haber sentido nada de esa pasión por la vida del joven Lope, ni en la expresión del actor, ni en la fuerza de los diálogos. ¿Dónde estaba ese descaro teatral que le hacía enmendar la plana al mismo Cervantes? Esbozado en un par de escenas, en las que la fuerza la ponía el grandísimo actor Juan Diego. ¿Dónde estaba ese amor arrebatado hacía Elena Osorio que originan los versos que le llevan al destierro? Reducido a unas cuantas escenas de sexo, interpretadas por el protagonista con la misma cara que las de lucha con espada. ¿Dónde ese amor loco e impulsivo por Isabel de Urbina que hace que la rapte para casarse después con ella ? Dibujado en un par de miradas lánguidas hacía la dama y en el simulacro de un asalto novelesco a su alcoba. 
   
Quizás yo esperaba demasiado; puede que mi imaginación hubiera diseñado otra recreación más "novelera"; quizás mi banda sonora era más épica y más potente. Lo único cierto era que me estaba bebiendo un tinto de verano cuando esperaba dar un buen sorbo de Vega Sicilia. Y así, con un extraño sabor de boca, apenas pude disfrutar de la estupenda recreación del Madrid del siglo XVI, ni tampoco de unos exteriores tan familiares para mí por ser los que me habían visto montar tantas veces en bicicleta y a los que había ido de excursión otras tantas.
SONETO
Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;
no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;
huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor süave,
olvidar el provecho, amar el daño;
creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe.

   Quién escribió esto, es imposible que caminara por la vida con la apatía y la desgana del Lope dirigido por Andrucha Waddington.

domingo, 26 de enero de 2014

Lope de Vega y Carpio

Si pensábamos que Lope de Vega ya había aportado todo lo que tenía que aportar a la Literatura, nos equivocábamos: todavía tenía un as en la manga. Este as vivía en los fondos manuscritos de la Biblioteca Nacional desde 1886, cuando se compró la Biblioteca de Osuna, hasta que el profesor Alejandro García Reydi lo descubrió en el verano de 2010, casi por casualidad, como él mismo cuenta en la entrevista para El Mundo del 22 de enero:
"(…) estaba trabajando en un proyecto de la Universidad de Valencia donde estudiamos todas las noticias de representaciones del teatro clásico, y me encontré (…) la representación de una comedia atribuida a Lope que se llamaba Mujeres y criados en un documento del siglo XVII y que pertenecía a una famosa compañía del momento. (…), todo el mundo decía que pertenecía a Lope, pero se desconocía el texto. Más adelante, (…) buscando en el catálogo de manuscritos de la Biblioteca Nacional que había uno que llevaba por título Mujeres y criados. Así que (...), empecé a analizar el texto, a compararlo con otras comedias de Lope y encontré muchas similitudes. Además pude identificar el copista (...), que era el mismo director teatral que había representado la obra en el siglo XVII. Fui tirando de los hilos, uniendo las piezas del puzzle y al final era evidente que era obra de Lope de Vega".
  ¿Os imagináis lo que debió de sentir este señor al tener en sus manos un posible texto de Lope de Vega? Cuanto más si eres un enamorado del autor y de nuestro teatro clásico. ¡Increíble! Entonces, imagino, empezó a funcionar la maquinaría de los "amigos" de don Lope, es decir, del grupo ProLope, un grupo de investigación sobre la figura del escritor madrileño, que lleva ya veinte años encargándose de editar y cuidar la memoria de este autor. También ha entrado en juego la Fundación Siglo de Oro (Rakatá) que ya está preparando la representación de esta obra para un futuro no muy lejano.
   Todo esto me ha hecho pensar en la inmensa riqueza literaria con la que contamos en este país. Con la enorme cantidad de genios de la Literatura que apenas vemos representados en nuestros teatros y mucho menos en la televisión. ¿Cuántas obras de Shakespeare vemos cada dos por tres? Y no digo que esté mal, al contrario. Pero, ¿no sería igual de genial ver las obras de nuestros clásicos? Y que no me vengan con que el lenguaje no se entiende, con que la historia está pasada de moda, etc, etc, porque Romeo y Julieta u Otelo no son precisamente historias de hoy en día, ni creo que estén escritas en un inglés muy del West Side. Mientras, en las obras de Lope podemos ver, por ejemplo, subversión contra las normas establecidas, mujeres que luchan contra su condición, aldeanos que se enfrentan a sus señores. ¡Vamos! Hechos no tan lejanos en el tiempo.

   Así que, pongámonos las pilas, hagamos un mínimo esfuerzo por comprender el mundo de Lope de Vega e intentemos leer alguna de sus magníficas obras de teatro. Estoy segura de que podemos hacerlo y de que no nos arrepentiremos. Él ya ha puesto de su parte reapareciendo después de casi 400 años, ¿no creéis? Pues eso, manos a la "obra".
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