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domingo, 6 de julio de 2014

Un bosque mágico y un hotel encantado

Hay libros que tienen el poder de un bálsamo: calman y reconfortan. No sabes muy bien por qué, pero mientras lees, tienes una enorme sensación de bienestar. Leyendo Un hotel en ninguna parte, además, me he encontrado leyendo un sueño, el que yo he tenido miles de veces, el que puede que muchos de vosotros hayáis tenido también: la existencia de un lugar especial, casi mágico, al que huir cuando ya no puedes más y quieres romper con todo.
   Cuando empecé a subir la cuesta embarrada y casi intransitable que lleva al hotel El bosc de les fades, empecé a meterme de lleno en una trama idílica y un poco mágica. La forma dulce y siempre elegante de escribir de Mónica Gutiérrez tiene la virtud de crear una atmósfera tan agradable que hace de esta historia una especie de cuento. Un cuento que, sin embargo, está contado a través de largos y maravillosos correos electrónicos, como si la tecnología diera un punto de realidad a la magia que lo envuelve todo: personajes, situaciones, entorno.

   Un ambiente brumoso y húmedo envuelve este hotel, antiguo monasterio benedictino, y lo rodea de un halo mágico. La lluvia casi constante se convierte en parte del escenario, tanto como su jardín inglés o el maravilloso bosque que lo guarda todo. A él llega Emma, antigua concertista de violín, convertida en camarera de habitaciones ante la necesidad de huir de su vida anterior. Allí conoce a los hermanos Tristan y Samuel: el primero divertido, encantador y mujeriego, y el segundo serio, responsable y un poco aburrido y solitario. Y a partir de aquí, todo es posible: podemos encontrarnos desde un premio novel de literatura, huraño y gruñón, a un excelente cocinero que dedica su tiempo libre a tocar en un grupo de heavy metal. Y todo lo iremos conociendo a través de los correos que Samuel, Tristan y Emma van enviando a lo largo del libro, porque: "En este lugar, cualquier cosa es posible con un poco de imaginación y la voluntad necesaria como para sentirse feliz en medio de ninguna parte".
   Eso es lo que irradia esta historia: felicidad, buen rollo,  esperanza, toques de ironía; todo envuelto en lluvia, en música heavy metal, clásica o de Cole Porter, con violín, batería o piano, y acompañado de humeantes tazas de riquísimo té o de chocolate caliente. Cuando consigues encontrar este mágico hotel y conocer a sus ocupantes, es difícil marcharse de allí sin un poco de nostalgia y sin una pequeña hada colgada de alguna de las maletas.
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