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domingo, 30 de marzo de 2014

La canción del exilio

Ha habido muchos libros a lo largo de mi vida que no me han gustado. Algunos, los he dejado a medias y otros, los he terminado por algún tipo de masoquismo personal que soy incapaz de explicar. Este que os presento hoy ha sido una mezcla de las dos cosas.
   Con la mano en el corazón (o al revés porque, a veces, me sentía descorazonada) debo decir que, hacia la mitad de la historia, ya sentía unas ganas locas de dejarlo. ¿Por qué no lo hice? Quizás porque había sido un regalo y quería darle una oportunidad. Quizás, porque ese masoquismo del que hablaba antes hizo su aparición y me empujó a seguir, a ver si aquello cambiaba, a ver si las buenas críticas tenían su fundamento, a ver si yo estaba especialmente bloqueada ante este libro, a ver si, a ver si, a ver si... Y viendo si... me he plantado en el final. 
   La historia es una historia profunda, es una lucha por la supervivencia en medio de la segunda guerra mundial, es una historia de amor. La pasión de los dos protagonistas por conseguir sus sueños (él, ser un gran músico de jazz, ella, salvar a su madre de un padre violento y rescatar a una hermana perdida) les lleva a recorrer medio mundo, unas veces juntos, la mayoría separados. Después, estalla la guerra y comienza el horror.
   Este horror ha sido lo que peor he soportado de la novela. A veces llegaba a ser tan cruel y explícito que me faltaba el aire. Sí, es verdad, soy muy floja, no lo niego, pero incluso los más valientes necesitan un respiro de vez en cuando, un intermedio, una válvula de escape. La angustia es excesiva, no da tregua. Esto, unido a largas, larguísimas descripciones de sentimientos y sensaciones, llenas de metáforas bastante rebuscadas y con un lenguaje, para mí, demasiado pomposo, hizo que todo me resultara un poco falso y lejano; no conseguía que me tocara, no me resultaba real. Si a esto le añadimos la figura de un personaje que aparece "oportunamente" en los momentos más dramáticos para el protagonista, justo cuando está al límite, para salvarlo, la sensación de irrealidad es total.
   En medio de toda la trama, el jazz es tan esencial como los propios protagonistas, algo que podría haber sido original y bonito, pero que tampoco consigue el efecto deseado. Las descripciones de escalas musicales, del reflejo de sentimientos a través de la música son tan grandilocuentes y complejas que, para quienes no somos muy duchos, nos resultan incomprensibles, frías y, otra vez, lejanas e irreales.
   La sensación que he tenido con este libro ha sido muy extraña. Sabía que estaba ante una buena historia, pero no me parecía que estuviera bien contada. Me ha fallado el envoltorio, y el envoltorio también es importante; si te pasas medio libro desenvolviendo la trama, el otro medio te pilla ya bastante agotada. 
   Luego está el tema landscape, lo que se llama ahora novela de paisaje (que, sinceramente y con todos mis respetos, no comparto, pero ese es otro tema). En teoría, esta novela es un fiel reflejo de este género, pero yo solo he visto diferentes escenarios (Hawaii, Nueva Orleans, París y Shanghai) en los que se mueven los protagonistas sin hallar un nexo especial con la tierra, salvo en el caso de Hawaii, claro, pero cualquier exiliado sentiría esa conexión con su hogar, creo yo.
   En definitiva, creo que esta novela contiene una gran historia y unos buenos personajes, pero que se han perdido en medio de miles de metáforas grandilocuentes y de un lenguaje rebuscado. Y yo me he perdido también. 
   Y vosotros ¿Conocíais el libro? ¿Os gustó?
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