jueves, 2 de abril de 2020

Diario de una crisis. Días de lluvia y soles

Y encima, casi siempre llueve. O solo asoma el sol a veces.  Es cierto que los días de lluvia invitan a quedarse en casa, calentitos, bajo la manta, disfrutando de un buen libro. Pero a mí, "antes", si la lluvia caía lenta, con calma, y era suave y templada, me gustaba dar un paseo a media tarde por una calle poco concurrida y escuchar su sonido sobre el paraguas.
Evidentemente, "ahora", eso es imposible, así que me he quitado el antojo buscando en internet este sonido tan relajante para mí, y lo escucho mientras recorro las estanterías maternas buscando lecturas que vengan bien con este día.
He desempolvado unas cuentas: algunas me han venido a la mente de golpe; otras, las he encontrado por casualidad.



Jane Eyre. Charlotte Brontë.
Cumbres borrascosas. Emily Brontë.
Vinieron las lluvias. Louis Bromfield.
Rebeca. Daphne Du Maurier.
Nieve en abril. Rosamunde Pilcher.
Los gozos y las sombras. Gonzalo Torrente Ballester.





   Jane y Charlotte fueron mis primeras amigas literarias. Con Jane Eyre me bauticé en la literatura "adulta" y quedé tan enamorada de esta novela que la leí tres veces seguidas, para repasar después los párrafos que más me habían impresionado.
   Con Cumbres borrascosas fue distinto. Había visto varias versiones cinematográficas bastante buenas y una serie de la BBC muy bien adaptada, y ¡claro!, como me suele pasar, me costaba mucho lanzarme a por la novela. Hace un par de años me decidí por fin y aún sigo dando gracias.
   Vinieron las lluvias fue una novela que mi madre compró en Círculo de Lectores cuando yo no era más que una mocosa. Enamorada hasta la médula de Tyrone Power, ella (mi madre) devoraba su historia sentada en el balcón de casa durante las tardes grises y frías de marzo, mientras yo miraba la cartelera del cine de enfrente donde el actor acaparaba el enorme cartel que publicitaba la película de la Fox.
   Y qué decir de Rebeca, de ese impresionante Manderley en blanco y negro, cuyas ventanas eran azotadas por la tormenta mientras Mrs Danvers susurraba siniestra al oído de Jane Fontaine. Pasó mucho tiempo hasta que me decidí a leer la novela y, aunque no pude librarme de las imágenes creadas por Hitchcock, fui capaz de disfrutarla como nunca.
   Nieve en abril me saltó a los ojos prácticamente al empezar el recorrido por las estanterías. Era evidente que venía al pelo para esta entrada. A esto había que añadir la paz que me producen las novelas de Rosamunde Pilcher; su habilidad para hacerme sentir como en casa cuando visito a sus protagonistas siempre me sorprende, sea cual sea la historia. Este viaje a Escocia de Carolina, la protagonista, es uno más de los típicos melodramas Pilcher que tanto me entusiasman, y al igual que el resto, esconde un genial retrato de los diferentes sentimientos y comportamientos humanos, perfectamente aderezados de costumbrismo.
   Los gozos y las sombras no podían haber existido sin ese chirimiri perpetuo que envuelve el relato y que le da esa media luz a los caprichos del cacique del pueblo y al poder de la rancia nobleza que representa "la vieja" Doña Mariana. Si queremos retratos costumbristas y crítica social, pocos hay que hilen tan fino como Torrente Ballester.
   
   Hoy parece que ha salido el sol, pero como volverá la lluvia, es posible que me apetezca repasar alguna paginilla de alguno de ellos.

domingo, 22 de marzo de 2020

Diario de una crisis. Héroes

Es tiempo de héroes, grandes y valientes, a los que aplaudimos todos los días desde los balcones para que sepan lo agradecidos que estamos. Y también de héroes modestos y con miedo, pero dispuestos a ayudar como puedan, quedándose en casa, cumpliendo las normas, cuidando de los suyos.
   Y es que hay muchas formas de ser valiente, de enfrentarse a los problemas, de no resignarse. Hace unos días os hablaba de La colina del Almendro y de su protagonista, Mary Ellen, y su lucha contra lo que le tocó vivir. Hoy os hablo de Circe, de Madeline Miller, y de su especial manera de revelarse contra su destino.


   Es cierto que Circe no era una mujer cualquiera. Hija de dioses, amante de Ulises, entre otras cosas, dominaba las artes de la magia. Pero, precisamente esto era su calvario. En esta magnífica novela, Miller da vida a una heroína que lucha y se sobrepone a su destino, y lo hace con una carga propia de la que no puede librarse, porque está en su propia naturaleza. La dota de conciencia, algo de lo que solían carecer los dioses, y la hace evolucionar a lo largo de la novela. Vemos como la Circe niña pierde sus ilusiones y su inocencia y se vuelve desconfiada y solitaria. Como ocurre con otras heroínas, cuando parece que no tiene salida y que lo lógico es rendirse es cuando se muestra más fuerte y más decidida.
   El hilo conductor de esta historia son las propias reflexiones de la maga, el repaso que hace de su vida y de las decisiones que ha tomado, de los hombres que ha conocido y de las personas que la han lastimado, pero también de quienes la ayudaron y la amaron. Es mujer antes que maga o que diosa, y actúa más por su corazón que por "cólera divina". 
   Había leído muchas cosas sobre este personaje mitológico, pero nunca lo había encontrado tan humanizado y tan creíble. Un gran trabajo el de Madeline Miller, lo mismo que el de Alanza Editorial, con una edición cuidadísima que da gusto tener entre las manos. Y no digo nada ya del regalo con el que venía acompañado. 
   En estos días de héroes, y heroínas, esta puede ser muy buena lectura. 

miércoles, 18 de marzo de 2020

Diario de una crisis. Qué suene la música

Qué suene alta y fuerte, qué suene a todas horas, qué suene en todas partes. La música es otro tipo de escritura. Nos cuenta historias y nos habla de sentimientos igual que lo hacen lo libros. 


   Los miércoles toca paseo musical. Si el tiempo lo permite, vuelvo andando de la estación mientras escucho algo de música en el móvil hasta llegar a casa. El último miércoles decidí escuchar un podcast titulado Educando con música: Tiempo para educar. Adagio. Creo que fue premonitorio, porque no hay nada más importante para afrontar crisis y malos tiempos que una buena educación. Y no me refiero a los buenos modales en la mesa o a ceder el paso a los mayores o a no empujar como posesos en el metro. No, me refiero a una educación cívica, a una educación solidaria, que nos enseñe a comportarnos con sentido común y con empatía.
   Este podcast pertenece a la serie Música en familia, dirigido y presentado por Isabel Roch, y que forma parte de la programación de Clásica FM Radio, una emisora independiente de música clásica, que ofrece una forma nueva de hablar de este género, entretenida, divertida y muy interesante. 

Imagen tomada de la web de Clásica FM Radio

   En esta ocasión, elegí este en concreto porque estaba pensado para los momentos de ajetreo y de prisas diarias. En palabras de su autora: "la música nos enseña a disfrutar de las cosas lentas". Y ahora, cuando nos vemos obligados a abandonar las prisas y el estrés sin más remedio, me parece el mejor tributo a las largas horas que tendremos por delante para disfrutar de los cosas hermosas de este mundo.
   Como la combinación de lectura y música es algo que muchos de vosotros seguro que habéis probado y de lo que disfrutareis como corresponde, elegid ese libro que más calma y paz os inspire y disfrutad lentamente tanto de la música como de la lectura.
   Como el ser humano no solo es capaz de expandir virus, sino también de crear cosas tan maravillosas como la música, os dejo esta preciosidad de pieza de la que nos habla con tanta pasión Isabel.

Imagen tomada de la web de Clásica FM Radio
Disfrutadlo a sorbitos como si fuera un buen vino.



lunes, 16 de marzo de 2020

Diario de una crisis. Bendita rutina

Se dice, y por desgracia también se comprueba, que valoramos realmente las cosas cuando las perdemos. Pues bien, yo estoy valorando, y mucho, mi rutina. En un intento por mantenerla, aunque sea artificialmente, he decidido dividir la jornada de la manera más parecida posible a como suelo hacerlo habitualmente, haciendo cambios aquí y allá cuando hace falta adecuarse a la situación.
   Los lunes, por ejemplo, me gusta caminar al salir del trabajo. Voy paseando por la calle, viendo escaparates y entrando en alguna que otra tienda, y terminando, un lunes sí y otro también, en La casa del libro, no sé si por culpa de mis pies o de mi pensamiento. Así que, al terminar mi teletrabajo, me he paseado por algunas tiendas online, muchas de ropa (posiblemente necesite ampliar tallas) y otras de libros, hasta dar con mis dedos en mi destino habitual.
   Al entrar, me gusta acercarme primero a los expositores de los libros más vendidos, aunque nunca suelen atraerme los títulos que encuentro. En esta ocasión, sin embargo, me ha llamado la atención  más de uno: Tierra, de Eloy Moreno, o A corazón abierto, de Elvira Lindo; y me ha arrancado una media sonrisa 1984, de George Orwell.

Imagen tomada de web de La casa del Libro


  Después, me recorro las estanterías de infantil, porque no me resisto a hacer una selección mental de posibles títulos para mis sobrinos. Me encanta imaginar cuál le encajaría a cada uno de ellos, mientras paso revista a sus trastadas y a sus proezas.



Imágenes tomadas de web de La casa del Libro

   Y por último, hay días en los que me apetece echar un vistazo a la literatura en otros idiomas, con la esperanza de no perder lo poco que he aprendido.

Imagen tomada de web de La casa del Libro

  Ya es hora de irme. Llevo unas cuantas buenas ideas para anotar en mi libreta de posibles. A ver si voy dando salida a los libros que tengo en la recámara parar sustituirlos por otros nuevos. 
   Mañana tocaría gimnasio. Tendré que echar mano de esos miles de enlaces que nos estamos intercambiando unos y otros para salir mínimamente en forma del confinamiento. Hasta la próxima.

domingo, 15 de marzo de 2020

Diario de una crisis. No hay mal que cien años dure

Saltar de mi última entrada sobre los Reyes Magos al Coronavirus me ha producido un vértigo espantoso. Mi situación personal no me ha dejado escribir estos últimos meses y, de repente, me veo frente a la hoja en blanco del ordenador. Es curioso que esta crisis "global" sea la que me da el empujón que necesitaba. ¡Cómo es la vida!
   Son momentos de grandes frases, de palabras llenas de valores, de responsabilidades propias y comunes. Pero también de miedos, de dudas, de nerviosismo, frente a los que hace tanta falta un punto donde apoyarse. Yo encuentro el ánimo, el consuelo, la energía en los libros, en la música, en el cine y en los míos, por supuesto, quienes estaremos a prueba de tolerancia y paciencia durante estos días de encierro. Las posibilidades que circulan por las redes son infinitas, con enlaces a museos, revistas, opera, libros, etc., y que nos van a ayudar a muchos a sobrellevar todo esto. Para mí, además, mi tabla de salvación será comunicarme con vosotros, con quienes queráis pasar por aquí, y contaros mis propuestas de cada día. Quien sabe, quizás también resulte ser tabla para otros.
   Y para empezar, qué mejor que unos libros sobre coraje y superación, sobre la lucha contra las zancadillas que a veces pone la vida. Qué mejor que ver cómo otros superan los obstáculos y salen adelante, no sin sudor y lágrimas, es cierto, pero, a estas alturas, todos sabemos que así funciona el mundo, o deberíamos saberlo.

Mi primera heroína tiene que hacer frente a unas reglas sociales opresoras, a una familia rancia y anticuada y a la Primera Guerra Mundial, ahí es nada. En La colina del almendro, Maite Esteban no se conforma con que Mary Ellen, hija del conde de Barton, pierda todos los privilegios de su clase social, y que tenga que "batirse el cobre" para sobrevivir, cosa que hace muy dignamente por cierto, sino que además la sitúa en la Gran Guerra para que sus opciones se reduzcan aún más. Como Maite apreta pero no ahoga, Mary podrá contar con personas nobles en las que apoyarse, a las que he cogido cariño con el paso de las páginas; personajes muy creíbles y congruentes cuyo papel en la trama es siempre esencial: aquí no hay personajes de relleno, todos están ahí para mostrarnos algo. 
  
   El argumento, tan solido como los personajes, tiene ese toque romántico que nos da un respiro en medio del drama y que hizo que la novela me enganchara desde el principio. Sus toques costumbristas y los diferentes escenarios en los que se desarrolla también sirvieron para que disfrutara muchísimo de esta novela.
   

A mi segunda heroína os la presentaré más adelante. También ella es un ejemplo de coraje y también vendrá acompañada de unas circunstancias peliagudas, entre ellas, un asesinato. Pero..., paciencia, que esta es otra historia.
 
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