Como de costumbre, me estaba dando un paseo por mi "despensa" habitual de libros, buscando algo que me resarciera de los dos leídos últimamente. No había tenido mucho éxito con ninguno de ellos, así que deseaba algo diferente, que me sorprendiera, que no conociera y de lo que no tuviera referencias, para partir de cero.
En ese paseo, me encontré con este libro, El festín de John Saturnall, que hablaba de antiguas leyendas, de un festín paradisíaco anterior a todo lo conocido, de secretos guardados durante generaciones. Además, todo transcurría en una época histórica convulsa, a mediados del siglo XVII, con una guerra civil de por medio (la revolución de Cromwell), con personajes que se amaban, pero que estaban separados por su escala social y unas rígidas normas sucesorias. Todo ello aderezado con interesantes recetas de cocina que presentaban unos increíbles platos y una riqueza culinaria que para sí querría el Bulli. ¿Qué más podía pedir? Era justo lo que buscaba. Y como broche, el autor, Lawrence Norfolk, estaba considerado como uno de los mejores escritores británicos de su generación, con varios premios a sus espaldas y con prestigiosas colaboraciones en The Times, The Washington Post o Le Figaro.
Bien, pues...¡Tampoco! Nada de nada. Mucho ruido y pocas nueces. Mucha expectación para nada. ¿Hay más formas de decirlo? ¡Otra desilusión más! Y es que me ha resultado un libro muy extraño.
Cuando empecé a leerlo me atrajo un montón la manera de describir el entorno: lugares misteriosos cubiertos de niebla, a veces caía la lluvia, todo aparecía iluminado por la luna. La forma de ir presentando a los personajes, poco a poco, con un halo de misterio, también me pareció original. Sin embargo, todo se quedó en nada. Parecía que iba a encontrarme con antiguas leyendas, con grandes escenas de guerra o de amor, con espectaculares banquetes, pero nada de esto se contaba en profundidad. Es como si tocara todos esos palos, pero sin decidirse por ninguno. No terminaba de resolver lo que planteaba. A lo largo de la novela, esto lo hace a menudo, da saltos adelante y atrás en el tiempo sin terminar de resolver la escena que nos cuenta.
Por otro lado, usa varios golpes de efecto para atrapar la atención del lector como describir escenas que parecen una cosa y al final resultan otras completamente distintas. Esto, la primera vez me sorprendió, después, me resultó lioso y rompía con el hilo de la historia. Me ha parecido muy confusa su forma de contarnos lo que pasa; nunca sabes lo que de verdad quiere mostrarte. A veces parece que has encontrado una pista sobre lo que puede pasar después, pero se pierde a lo largo de la novela y aparece de vez en cuando sin tener mucha importancia en la narración. Habla bastante a menudo de los banquetes preparados, de la forma de presentar los platos, pero no los he olido, ni saboreado, resultan como lejanas fotografías. Por cierto, ¡Cómo ha cambiado la cocina británica desde entonces!
¿Qué me ha gustado? Por ejemplo, como, a través de la vida en la cocina, nos retrata varios aspectos de la época: las diferentes clases sociales, las normas que las dirigían, etc. Me ha parecido una forma original de darnos a conocer ciertas costumbres, a través de los banquetes.
Al terminar el libro, busqué varias cosas en Internet sobre él y sobre el autor. Quería saber algo más sobre este escritor tan prestigioso en su país y alrededores, que había dedicado nada menos que doce años a escribir la novela que había tenido entre mis manos. Encontré de todo, muchos más elogios que quejas. Por lo tanto, solo puedo deciros que aquí os dejo mi humilde opinión y que si al menos he despertado vuestra curiosidad, habrá merecido la pena.