Hay libros que me resultan muy difíciles de reseñar porque son todo sensaciones. Me dejan llena por dentro, hacen que se me escape un suspiro cuando paso la última página, a veces, incluso, me hacen sentir muy cursi por esas sensaciones de plenitud. Este ha sido uno de esos libros y, quizás por eso me sea tan difícil contarlo.
Me gusta como escribe Allende, me gusta mucho. Es sensual, precisa sin ser escueta o recia, colorista y muy plástica. Me llena la mente de imágenes en tres dimensiones, no solo de ciudades o paisajes, sino también de sentimientos, un personaje más en esta novela.
En El amante japonés, son sin duda el personaje principal. Es verdad que el argumento es increíble y muy completo y que pasan muchas cosas interesantes; que aprovecha para contarnos, tanto esa parte de la historia de los Estados Unidos en su guerra con Japón, después de Pearl Harbor, como nos cuenta la historia actual de una joven emigrante que lucha por salir adelante cuidando ancianos en una residencia o paseando perros; que los personajes de carne y hueso son redondos y con identidad propia. Pero son los sentimientos los que flotan todo el tiempo a lo largo de la lectura, los que dan vida al libro, los que de le dan su "alma".
Y Alma es el nombre de la protagonista, porque no podía ser de otro modo; una protagonista de ochenta años, con tal fuerza y tal pasión que nos hace olvidar su edad. Al menos, la protagonista que sirve de hilo conductor al que se agarran todos los demás, porque hay más de uno, cada cual con su propia historia, una historia que utiliza la autora para hablarnos de muchos temas, de muchos problemas que presenta la vida, también de muchos horrores.
Y luego está él, Ichimei, el amante. El niño primero, el joven después y el hombre el resto del tiempo, pero siempre el amor de Alma, el que le da golpes de vida en sus sucesivos encuentros a lo largo de los años, el que le da su fuerza y su coraje.
Son muchas las vidas y sentimientos que se pueden encontrar en este libro, unidas en una mezcla perfecta para que la historia sea absolutamente armónica, sin que nos canse una parte sobre otra, sin que nos acapare un personaje sobre otro. Pero no os engañéis pensando que hay un ritmo acompasado, o un tempo tranquilo, al contrario, la melodía está llena de subidas y bajadas, de redobles de tambor y de suaves violines. La magia de Isabel Allende está en el equilibrio de las fuerzas, en esa mezcla tan sudamericana de la realidad y el sueño, del mundo de los espíritus y del nuestro, cada uno a un lado de una línea muy fina que ella consigue traspasar de forma tan fácil y con tanta naturalidad.
Esa elegancia a la hora de tratar los temas más escabrosos, mostrando su crudeza sin recrearse en lo sórdido; esa vida y esa pasión que se escapa de cada frase y de cada escena; ese lenguaje que corre ágil, rico y cercano, lleno de imágenes y de giros propios; esos personajes tan completos; esa historia tan fuerte, tan enérgica de todos ellos; todo esto es lo que me ha hecho sentir y suspirar y revolverme en mi asiento, y llorar y reír y sentir de una forma muy especial cuando he tenido este libro entre mis manos. No sé si esto será siempre así, pero no tengo ninguna duda de que voy a averiguarlo.
No quiero contaros el argumento porque seguro que lo podéis encontrar en cualquier otro sitio, porque creo que es algo que cada uno debe descubrir poco a poco según lee y porque mi ignorancia sobre esta historia hizo que no dejara de sorprenderme ni un momento. Ojalá os pase lo mismo a vosotros.

