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domingo, 3 de noviembre de 2019

El cumpleaños secreto. Un excelente guion

Me ha ocurrido una cosa muy curiosa: había olvidado por completo haber leído esta novela. ¿Os ha pasado alguna vez? A mí no. No así. Si en alguna ocasión empezaba una lectura que ya había pasado por mis manos, a las tres o cuatro páginas, la recordaba y la localizaba. Sin embargo, esta vez no ha sido así. No he sabido que ya la había leído hasta que me he encontrado con la reseña que escribí hace seis años para este blog: Kate Morton y la ternura. ¡Qué curioso lo que hace el paso del tiempo! Tras leerla, mis impresiones no se parecen en nada. Podéis comprobarlo vosotros mismos  si os apetece.
  En esta ocasión, ha vuelto a mí esa sensación que tengo hace tiempo de que muchas novelas actuales parecen más un guion de cine que una auténtica novela. Escenas y personajes metidos en un argumento, más o menos interesante, misterioso o vertiginoso, perfectamente descritas para ser llevadas a la pantalla. No es que sea malo, simplemente es diferente.
   En el caso de El cumpleaños secreto he tenido esa misma sensación, como si Kate Morton me estuviera contando el guion que había preparado para la Paramount o la Metro: un drama en blanco y negro que, perfectamente, podría haber estado interpretado por Jane Terney o Hedy Lamarr. Y no solo por transcurrir uno de sus hilos temporales durante la Segunda Guerra Mundial, sino por la intensidad de la historia, el bagaje de los personajes y la forma en que se cruzan sus vidas; por el peso de los recuerdos y del pasado.
   Kate Morton siempre consigue que siga leyendo, aunque a veces tuerza el gesto por algún truco utilizado para engancharme. A veces, me agota su forma de alargar una escena para crear tensión, de dar vueltas entorno a algo que va a suceder pero que no termina de cuajar, a ese "rumiar" un pensamiento, a ese insinuar sin concluir. Sin embargo, todo se me olvida con su forma de dar vida a los protagonistas, de hacerlos tan creíbles, de hacer que les coja cariño o antipatía. Y, sobre todo, esos secretos familiares que, de repente, alguien descubre y que abren la caja de los truenos y ponen patas arriba las vidas de los implicados, todo bien combinado en dos hilos temporales (o los que hagan falta) para reconstruirnos determinada época, determinadas costumbres y determinadas formas de pensar y sentir.
   
Imagen tomada de Wikipedia
   Así es como la autora me ha contado la historia de Dorothy, Vivian y Lauren. De como esta última necesita descubrir la verdad de un crimen que presenció en su adolescencia y que, ahora, con la enfermedad de su madre, adquiere un protagonismo que ella había tratado de esconder a lo largo de los años. La descripción de los escenarios creados por la guerra, de las situaciones a las que se veían empujadas muchas personas, también de su forma de evadirse de todo, se presentaban ante mí con ese halo casi mágico del cine de los años 50. La equilibrada alternancia de los dos hilos temporales me aligeraba ese "remolonear" ante algunos acontecimientos; hechos que iban explicándose unos a otros mientras saltaban del año 1941 al 2011, y que me permitían ir conociendo, al mismo tiempo, a los protagonistas de ambas épocas. 
   Siempre me ha gustado la forma de escribir de la autora, que me hace tan fácil leer sus novelas. Esa manera tan cálida y sencilla de describir, de crear imágenes, de contar. Esos finales que parecen cerrar un círculo y que dejan buen sabor de boca. A pesar de que he vuelto a encontrarme con una de esas novelas "cinematográficas" de las que hablaba al principio, en esta ocasión, la he recibido con cariño y le he agradecido que me recordase aquellas películas en blanco y negro tan elegantes y cuidadas que veía cuando era niña.

domingo, 3 de julio de 2016

Gracias otra vez, Kate

Siempre que cierro un libro de esta escritora se me escapa un suspiro de satisfacción, de haber disfrutado cada página, cada imagen, cada giro de la historia. Para mí, leer a Kate Morton siempre me asombra y me maravilla. A veces, cuando empiezo a leer, recuerdo de inmediato por qué me entusiasman sus libros: una frase redonda, una escena impresionante... Otras veces, parece que he olvidado esa habilidad suya para transmitir imágenes y sentimientos y, de repente, descubro una frase que despierta como un latigazo esas sensaciones que me regalan sus novelas.
   Kate Morton parece que no podrá superar su última novela, hasta que escribe la siguiente. Esta, que acabo de despedir con nostalgia, me ha parecido tan redonda o más que sus hermanas, tan sorprendente y emocionante como ellas, incluso más, porque ya sabía cómo era su estilo, cuánto podían esconder sus historias, y aún así, me he descubierto con la boca abierta en más de una ocasión. Pero, vayamos por partes.
   El último adiós es mucho más que un misterio sin resolver. La historia de cómo Sadie se mete de cabeza en la resolución de un misterio ocurrido hace casi setenta años, para dar salida a sus angustias personales y a sus problemas profesionales, solo es la excusa para hablarnos de las actitudes y sentimientos de todos los personajes que desfilan por el libro. Esta detective de Scotland Yard ve peligrar su carrera por su comportamiento en su último caso, y se ve forzada a unas "vacaciones" en la casa de su abuelo en Cornualles. Su encontronazo con la casa abandonada de la familia Edevane, a la que rodea un trágico misterio, le sirve de distracción y empieza su propia investigación sobre el asunto, usándolo como válvula de escape de todos sus problemas. Con ella, nosotros iremos conociendo a todos los protagonistas de ese misterio y también a los fantasmas de Sadie.
   El argumento no tiene ni un solo momento flojo o de bajo interés en todo el libro. La duda, las sospechas sobre lo que pasó o sobre quién lo hizo planean continuamente, con insinuaciones, con sugerencias, con hechos que no concluyen del todo. Siempre se quedan flecos sueltos que te mantienen atada a la trama, pequeñas señales que tú crees pistas para descubrir lo que pasó, pero que, de repente, dan un giro sorprendente que tira por tierra cualquier teoría que hayas formado y que parece ofrecerte otra nueva.
   Mientras tanto, los personajes van perfilándose poco a poco, vas conociéndolos y mostrando cómo son realmente. A cada uno de ellos le da su propio momento de reflexión, de visión de los hechos; nos acerca a sus pensamientos y sentimientos, sin desvelar, sin embargo, absolutamente nada de ese misterio que cose toda la historia. Qué habilidad la de esta escritora para transmitirnos los sentimientos de los protagonistas: su angustia, su felicidad, sus dudas, su paz; para describir los ambientes en los que se mueven. Con frases cortas, sencillas, pero cargadas de imágenes y emociones, hace que me resulte tan fácil y cómodo leer que siento como si me deslizara por el libro.
   Y en medio de todo esto, pequeñas pinceladas costumbristas para dar mayor realidad a todo, para anclarlo en el espacio y en el tiempo: los matrimonios por conveniencia, la ruptura de normas sociales por amor, los horrores de la guerras y el peso de las posguerras... Y una envidia muy poco sana por un sistema de hemerotecas y archivos eficaz y bien organizado, que siempre hace que rastrille el suelo con los dientes y que ruja mi yo interior. Aunque también ha rugido por algunos errores de corrección que creo que no deberían existir en una edición como esta: "dibujo A tinta", "barca A remos", "informar QUE"... pero con esto ya estoy acostumbrándome a convivir, desgraciadamente.
   Volviendo a la historia, esa que me engaña con pistas que parecen ser lo que no son, con rotundas afirmaciones que luego tienen otro prisma detrás que lo cambia todo, me entusiasma de tal forma que casi no percibo esos pequeños toques algo increíbles que aparecen a veces en ella. Son unos "toques" un tanto surrealistas que, intuyo, ella misma ha visto forzados. Es como si se diera cuenta de lo "peregrino" de la escena que acaba de crear y quisiera rectificarlo explicándolo por boca de algún personaje, al que se le presentan las mismas dudas que estaban rondando por mi cabeza. 
   Y entonces llega el final, increíble, sorprendente y casi traspasando la línea hacia un culebrón de sobremesa, y estoy segura de que, en otras formas de escribir menos geniales, me habrían arrancado un "pero venga...". Sin embargo, en las manos de Kate Morton me han parecido más un homenaje a esos tiernos finales felices de las cándidas y maravillosas películas de los años cincuenta, en las que todo encontraba su sitio, lo que me ha arrancado alguna que otra lagrimita y una simpatía enorme por sus protagonistas.
   Por eso, no me cansaré de agradecerle a esta escritora unos libros estilo "Mary Poppins": practicamente perfectos en todo.

domingo, 28 de julio de 2013

Kate Morton y la ternura

El cumpleaños secreto. Kate Morton

Esta escritora ya me encandiló con El jardín olvidado. Después, con La casa de Riverton empecé a cogerle el "truqui": un misterio oculto durante años, varias generaciones implicadas, varias épocas mezcladas en el relato, etc. Pero en esta novela va mucho más allá; además de seguir los trazos de sus novelas anteriores, trata de presentarnos los sentimientos de los protagonistas, la trama es solo la excusa.
   Como en sus otras novelas, la escritora australiana nos presenta un ir y venir constante entre el presente y el pasado, pero de forma sencilla, cerrando cada pequeña historia de manera que podamos seguirlas todas sin confundirlas entre sí y también, mantener así nuestro interés.
   Aquí nada es lo que parece, ni las situaciones, ni los personajes, ni los recuerdos. Todo se mezcla de manera que nos lleve, poco a poco, a la verdadera historia que quiere contar la escritora: la vida entrelazada de Doll, Jimmy y Vivien. Todo lo demás son excusas para tenernos enganchados, excusas muy bien montadas, por cierto.
   Otra de las cosas que me gustan de Kate Morton (como de otras escritoras de tradición británica) es la gran facilidad que tiene para retratarnos los ambientes familiares, a través de pequeños rituales domésticos como la preparación del té, una reunión familiar en la cocina o el recibimiento de los invitados.

   Pero esta novela me ha mostrado otra faceta de la autora que no había encontrado hasta ahora: la ternura. Aquí no se trata solamente de un antiguo secreto familiar que descubrir, o de un sórdido pasado que conviene ocultar. Lo realmente importante es el amor de una hija hacia su madre, en los últimos momentos de su vida, su deseo de verla descansar en paz y su interés por descubrir como fue su madre realmente.
   Es curioso, nunca vemos a nuestros padres como otra cosa que no sea "nuestros padres", como si no hubieran sido jóvenes, o no hubieran tenido un pasado, o una vida que nada tenía que ver con nosotros. Aquí, sin embargo, la hija de una de las protagonistas, está dispuesta a descubrir el que parece el oscuro pasado de su madre, sin dejar en ningún momento de quererla, al contrario, dispuesta a asumir todo lo que descubra y a hacer que su madre se marche de este mundo libre de cargas.
   No es una novela sórdida, ni triste (a pesar de algunos acontecimientos), ni derrotista. Al contrario, nos muestra muchas de las virtudes de algunos seres humanos, incluso en los momentos más difíciles como puede ser una guerra mundial.

   He disfrutado mucho leyéndola, he sentido tensión e intriga, pero sobre todo me ha emocionado y mucho, y tengo que confesaros que, al final, se me escaparon unas lagrimitas. ¡Qué le voy a hacer!
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