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domingo, 22 de octubre de 2017

Un lugar a donde ir

Allí estaba yo, pasando las hojas de aquel catálogo de libros para hacer la petición mensual correspondiente, sin demasiado entusiasmo pero con demasiada urgencia, porque se acababa el plazo. Ya desesperada, mirando más que viendo, frené en seco al ver su nombre y, de nuevo, María Oruña me convenció de que recorriera paisajes con ella y conociera lo que se esconde en lo más profundo de algunos seres humanos. Y así fue como empecé a leer Un lugar a donde ir, segura de que disfrutaría con este libro tanto como con el anterior, Puerto escondido.
   Son los protagonistas de la anterior novela quienes, de nuevo, tienen que enfrentarse a un increíble misterio en la localidad de Suances. Cuando ya todos pensaban que habían vuelto a la normalidad tras los asesinatos que lo pusieron todo patas arriba hacía ya unos cuantos meses, el cadáver de una joven que parece haber viajado en el tiempo aparece en La Mota de Trespalacios, una particular construcción medieval. Todo lo que lo rodea vuelve a alterar la comisaría donde trabaja la teniente Redondo, al igual que los asesinatos que le siguen y que traerán de cabeza a nuestros protagonistas. Mientras estos investigan los entresijos de estos crímenes, Oliver Gordon se enfrenta a su propio misterio, la desaparición de su hermano Guillermo.
   Me frotaba las manos con esta nueva historia, sobre todo, porque esperaba que detrás de ese argumento hubiera mucho más, como en su anterior novela. Porque deseaba encontrarme con esos personajes tan completos, daba igual su escala de protagonismo, cada uno con su propio pasado, sus propias cicatrices, dándoles así realismo y profundidad. También, con esa forma de escribir tan fluida que hace la lectura tan fácil, con diálogos ingeniosos y un lenguaje que encaja muy bien con cada personaje. Y por último, con esa perfecta combinación de saltos en el tiempo que, a la vez que explican hechos del presente, aumentan el misterio y la intriga. Todo esto, sin olvidar la increíble labor de investigación que se refleja en los detalles y datos de las distintas disciplinas que se mezclan en la trama y que van completando el rompecabezas. 

   Y en medio de todo esto, el paisaje. Un paisaje tan protagonista como los personajes de la novela, que parece entrelazado con la historia como si esta no hubiera podido transcurrir en otro lugar, y que yo misma había tenido la suerte de recorrer no hacía mucho. Reconocía lugares y recordaba rincones, pero no era solo esto lo que me me hacía caminar de nuevo por allí, era también la habilidad de María Oruña para crear una fotografía del entorno donde pasa todo. 
   Según iba leyendo me iba encontrando con referencias a la anterior novela, pequeños guiños a personas y hechos que habían cambiado la vida de los protagonistas; suficientes para que los que habíamos leído Puerto escondido supiéramos cómo habían evolucionado algunos acontecimientos, pero no tantos como para que los recién llegados se perdieran y necesitasen leerla para saber de qué se hablaba. Aunque, sinceramente, no creo que puedan resistir mucho tiempo sin salir corriendo a por ella.
   Y así es como, otra vez, esta escritora ha vuelto a sorprenderme, a hacerme disfrutar y a que cerrase el libro con satisfacción, esperando ya su próxima obra.

domingo, 8 de octubre de 2017

Un cadáver muy frío, de Ana Bolox

Me encanta divertirme con un libro y notar esa sensación de bienestar y esa media sonrisa que te deja en la cara después de cada capítulo. Me gusta coger cariño a los personajes y echarlos de menos al acabar la lectura. Disfruto cuando la historia me deja con ganas de más y con la intriga suficiente por ver qué pasará después. Y todo esto es lo que he encontrado en Un cadáver muy frío, de Ana Bolox, primera entrega de Las cosas y casos de las señora Starling.
   La historia empieza de una forma bastante surrealista: según la señora Lacey, su vecino, el señor Snow, ha sido raptado por una boa y arrastrado a través de las cañerías del edificio. Ante una situación tan "dramática", y siguiendo los consejos de una amiga, nada mejor que pedir ayuda a la señora Starling que, al parecer, tiene una gran experiencia a sus espaldas en "absurdeces" parecidas. Y así, lo que empieza con una historia sin pies ni cabeza, se va complicando y va descubriendo una trama cada vez más peligrosa.
   El torbellino Anna Starling, esposa del embajador británico en Estados Unidos, y el sufrido Arthur Crawford, inspector de policía arrastrado por la primera a lo largo de todo el caso, forman la típica pareja "ni contigo ni sin ti" que te engancha desde la primera página hasta la última. Sus conversaciones son mordaces, divertidas e inteligentes; la atracción entre ellos, evidente; los momentos de peligro, excitantes y de mucha tensión; y la trama, de peso y llena de intriga.
   El resto de personajes que apoyan a los protagonistas no son un simple complemento o un apoyo necesario para que la historia avance; no, también tienen "su corazoncito", algunos más negro que el petróleo, pero todos creíbles y nada planos. Cada uno de ellos cumple con su cometido a la perfección y se van mostrando, poco a poco, a lo largo de la novela. ¿El mejor? Para mí, sin duda, ese marido resignado con las excentricidades de su mujer, Anne, y que parece estar en una "Babia" constante. ¿Lo estará realmente?
   La historia tiene muchos toques de las comedias del Hollywood de los años 50, bien hechas, bien contadas, sin fisuras y con ese encanto de lo que parece ligero pero no lo es. El caso que se investiga parece salido de una novela de Agatha Christie, donde lo más peligro es resvalarse con el borde la moqueta y los crímenes surgen en un ambiente en el que parece impensable que eso ocurra. En este caso, es el "peligroso" mundo de las maquetas de barcos antiguos el que esconde el misterio y está lleno de conjuras por el poder. Sí sí, sonreid, que ya veréis todo lo que puede dar de sí.
   Y no quiero contaros más, porque la gracia está en ir descubriendo cómo van presentándose las sorpresas, en cómo evoluciona la relación amor-odio de los protagonistas o cómo van transformándose algunos personajes. 
   Desgraciadamente, tengo un "pero", y para mí, muy grande: la edición. Me da mucha rabia, y a la vez, mucha pena, encontrar tanta errata en un libro bien escrito, de lenguaje ágil y rico: palabras mal escritas, preposiciones que faltan y otras que sobran, falta de acentos, etc. Puede que lo mío sea deformación profesional, pero es muy molesto encontrar errores continuamente porque creo que es estropear una buenísima novela, como es esta, a la que evidentemente le hubiera venido bien un par de repasos más de corrección. 
A pesar de todo, la recomiendo, y mucho. Porque nada mejor que una buena sonrisa de vez en cuando acompañada de un jugoso asesinato. 

domingo, 24 de septiembre de 2017

Entre detectives y legionarios romanos

Estas últimas semanas he tenido entre manos unas lecturas bien distintas. Empecé con unos asesinatos en el Londres victoriano y terminé a orillas del Rin, en plena guerra entre germanos y romanos. De una historia de detectives que tenía a Charles Dickens como uno de sus protagonistas, a una novela histórica sobre una de las mayores derrotas sufridas por el imperio romano. ¿Por qué las he unido aquí? Por las cosas en común que han tenido para mí y, honestamente, porque no sabía si darían para una entrada propia.
   Su primer punto en común está en la manera en que las conseguí: sin pensar. Me explico. La primera de ellas El detective y Charles Dickens, de William J. Palmer, estaba en una de las estanterías de una tienda de libros de segunda mano que me topé por casualidad viniendo del trabajo. Era una de esas tardes calurosísimas en las que se derretían las piedras y la semioscuridad de la librería me hizo creer que allí encontraría el aliento que empezaba a faltarme. ¿Qué mejor que recuperarlo entre libros? Pero nada más lejos, la atmósfera dentro era más sofocante que fuera (donde, al menos, corría el aire) y una jovencísima dependienta me perseguía sin descanso ofreciéndome las "increíbles" ofertas de las que podía disfrutar. Mi agobio llegó a tal punto que, cuando vi "Dickens" y "detective" en una misma frase, no lo pensé más y lo compré, para escapar lo antes posible del bochorno. Ya leería la sinopsis más tarde.   
   La segunda novela andaba camuflándose entre las páginas de la revista de Círculo de lectores, a la que yo llevaba ojeando unos días sin encontrar nada que me convenciese. Los wasap de mi agente habían saltado sin descanso los últimos días recordándome que llegaba la fecha del pedido y que yo estaba todavía en Babia; que me decidía o me encascetaba la sugerencia del mes, que no me apetecía nada. En la misma situación de agobio que en el caso anterior, empecé a hojear la revista, hasta que mis ojos se atascaron en Valerio Massimo Manfredi y en Teotoburgo. ¡Anda! --pensé--. Una de romanos. Pues esta misma.
   
El segundo punto en común fue el entusiasmo con que las empecé a leer. En la El detective..., Palmer conseguía crear esa atmósfera tan londinense de calles húmedas, lúgubres y envueltas en niebla, donde parece que no queda más remedio que cometer un asesinato. Los personajes de Dickens y del inspector Feald, que investiga el asesinato de un conocido hombre del teatro, eran bastante convincentes, lo mismo que el del narrador de la historia, Willkie Collins, amigo personal de Dickens y autor de este supuesto manuscrito, autobiogrgáfico e inédito, que desvela las aventuras detectivescas del famoso escritor. El misterio estaba servido y la intriga también.
   La segunda novela me presentaba la historia de dos hermanos, Armin y Wulf, príncipes de la tribu de los queruscos, que son hechos prisioneros por una legión romana y llevados como rehenes a Roma para ser educados y "civilizados" a la manera del Imperio (entonces dirigido por Augusto). La descripción de costumbres de una y otra cultura, las intrigas políticas de la Urbe, el choque de mundos con el que se encuentran los dos muchachos y la habilidad de Manfredi para hacer que la Historia se convierta en un estupendo argumento novelesco me prometían una gran lectura.
   Ya estamos en el tercer punto en común: esa parte media del libro, el meollo de la historia, esa franja tan peligrosa que puede hacer que abandones un libro, ese punto crítico que, si no superas con facilidad, te pone en la disyuntiva de mandarlo todo a paseo. Y aquí, por desgracia, también coincidieron. Me encontré con una caída en picado del argumento, unas situaciones que no terminaba de entender entre los protagonistas, unas reflexiones y unas escenas que rompían completamente con el inicio de la novela, como si los dos autores se hubieran cansado de escribir, como si se les hubieran acabado las pilas en pleno proceso creador y estuvieran tratando de cruzar el foso como fuera, a ver si en la otra orilla encontraban el camino de subida.
   Mientras Palmer se recreaba, sin ton ni son, es escenas sórdidas sobre los vicios y pecados de la sociedad victoriana de aquel entonces, Manfredi metía a sus protagonistas en un acertijo sin sentido que debían resolver lo antes posible, porque se suponía que podía cambiar el curso de la Historia, pero que lo único para lo que sirvió fue para dejarme confundida y sin ser capaz de "pillarle" las intenciones al maestro. En los dos libros, sus autores habían bajado la cuesta pedaleando a toda pastilla en una bici de carreras y ahora tenían que subir la montaña sin aliento y en triciclo. Y yo empezaba a cansarme también y a desear que terminaran pronto. ¿Hay algo más triste?
 Y, por fin, el último y definitivo punto en común: el giro; ese momento en el que las cosas cambian como por un golpe de viento y la historia empieza a coger carrerilla y a engancharte de nuevo. En el primer caso, Dickens y su amigo Willkie se ven metidos de lleno en la vorágine de la investigación, como héroes y actores principales, como mano derecha del comisario Field, para conseguir las pruebas que permitan atrapar al asesino y rescatar a la "prota" (candorosa y muy femenina ella) de un destino horrible; además, lo hace entremezclando muy bien la ficción con los hechos reales de la vida del escritor. En el segundo caso, Manfredi vuelve a surgir de sus cenizas para recrear los hechos históricos con una mezcla de leyenda y realidad, metiéndose en la piel de los protagonistas para darles vida de nuevo y contándonos, de una forma frenética y emocionante, el enfrentamiento que hizo desistir a Roma de convertir Germania en una nueva provincia del imperio.
   Al terminar cada uno de ellos, me quedé con la sensación de despiste que dejan esas vivencias anodinas que no sabes cómo calificar. ¿Fueron malas lecturas? No, pero tampoco fueron buenas. ¿Me dejaron mal sabor de boca? Pues tampoco, pero no es que las paladeara más allá de la última página. ¿Las debería haber dejado en el olvido? En absoluto, pero no me sentía capaz de dedicarles una entrada particular a cada una. Así que, lo mejor era que se hicieran compañía.

domingo, 5 de febrero de 2017

Anne Perry no defrauda

Así, es. Hasta ahora, esta escritora nunca me ha defraudado. Es una de mis mejores píldoras de desintoxicación después de un libro maravilloso. Porque cuando termino un libro que me ha robado el corazón, me resulta muy difícil elegir otro; tengo la cabeza y el espíritu llenos de su historia y sus personajes, y necesito buscar algo que me desenganche, pero que esté a la altura. Entonces llega Anne Perry y me rescata de ese vacío, me presenta un buen crimen, se lo encarga a uno de sus detectives estrella y me seduce mientras doy el salto a la siguiente lectura.
   Por eso, cuando paseaba entre las estanterías de la librería, los ojos se me escaparon derechitos hacía la última novela de esta autora, Un misterio en Toledo, que aparecía deslumbrante en la cima de la montaña de "novedades". Desde allí me provocaba constantemente, daba igual el sitio en el que me colocase, ¡cómo si yo fuera una mujer difícil que se fuera a resistir! En absoluto. Me lancé como una flecha a por él, leí el resumen de la contraportada y me lo llevé bajo el brazo directamente a caja, para que no hubiera otras posibles tentaciones.
   Y así es como conseguí engancharme de nuevo, gracias a una historia de intriga de la buena, que mezcla cuestiones de fe, de intereses políticos y de venganzas personales. Además, parte de la historia transcurría en Toledo y algunos de los personajes eran españoles, lo que despertó mi curiosidad sobre la forma en que los trataría la autora: ¿con los tópicos habituales?, ¿como un simple instrumento? o ¿bien "armados" como acostumbra? Aunque tengo que decir que la historia ha sido más flojilla que otras veces, sus "virtudes" continúan siendo las mismas que me atraparon hace años: una excelente recreación de los lugares y de las situaciones; unos personajes muy reales y muy creíbles, y un argumento interesante y bien construido, que consiguió atraparme de principio a fin.
   En esta ocasión, la situación social y política tienen mucho que ver en la historia: el siglo XIX estaba acabando y la mayor parte de Europa hacía frente a una grave crisis política y económica: amenazas terroristas, luchas sociales, y el temor de que la guerra entre España y Estados Unidos por el dominio de Cuba arrastrara también a Inglaterra. Con este ambiente, llega a Londres desde Toledo, Sofía Delacruz, para predicar una nueva filosofía religiosa que ponía los pelos de punta al más pintado y levantaba ampollas entre ateos y creyentes, daba igual su credo. Thomas Pitt y su equipo deberán protegerla de las amenazas continuas que recibe, por eso, cuando desaparece, Pitt y su esposa Charlotte (que no se pierde una) se entregan en cuerpo y alma a resolver el caso, cada uno en su terreno.
Instituto Provincial de Toledo. Foto tomada de ABC.Toledo
   Lo de menos aquí es el argumento que, como decía, ha sido más débil que en sus novelas anteriores, con algunos puntos no muy creíbles y algunos personajes un tanto planos para lo que me tiene acostumbrada. Sin embargo, su capacidad de recrear ambientes es la misma: desde los sórdidos tugurios del crimen, donde el Támesis es imprescindible para marcar esa sensación de suciedad y frío que rodea al mal, hasta las bibliotecas y saloncitos de té de las maravillosas casas de la aristocracia victoriana en donde reciben a nuestro detective, unas elegantes y cálidas, otras frías e hipócritas, pero todas grandiosas. En esta novela, se une además la ciudad de Toledo, con sus calles estrechas y misteriosas, sus conventos y hasta una pequeña "colonia" de ingleses perfectamente integrados en su vida social. Y mientras descifraba los hechos y escudriñaba a los posibles sospechosos, disfrutaba de una historia bien documentada en sus referencias sobre lo que supuso entonces la guerra de Cuba y la situación de revueltas sociales y políticas que sufría España.
   Ahora, al cerrar el libro y la historia, Thomas y Charlotte Pitt me han dejado el espíritu dispuesto para la próxima lectura. Ellos tampoco me defraudan.

domingo, 3 de julio de 2016

Gracias otra vez, Kate

Siempre que cierro un libro de esta escritora se me escapa un suspiro de satisfacción, de haber disfrutado cada página, cada imagen, cada giro de la historia. Para mí, leer a Kate Morton siempre me asombra y me maravilla. A veces, cuando empiezo a leer, recuerdo de inmediato por qué me entusiasman sus libros: una frase redonda, una escena impresionante... Otras veces, parece que he olvidado esa habilidad suya para transmitir imágenes y sentimientos y, de repente, descubro una frase que despierta como un latigazo esas sensaciones que me regalan sus novelas.
   Kate Morton parece que no podrá superar su última novela, hasta que escribe la siguiente. Esta, que acabo de despedir con nostalgia, me ha parecido tan redonda o más que sus hermanas, tan sorprendente y emocionante como ellas, incluso más, porque ya sabía cómo era su estilo, cuánto podían esconder sus historias, y aún así, me he descubierto con la boca abierta en más de una ocasión. Pero, vayamos por partes.
   El último adiós es mucho más que un misterio sin resolver. La historia de cómo Sadie se mete de cabeza en la resolución de un misterio ocurrido hace casi setenta años, para dar salida a sus angustias personales y a sus problemas profesionales, solo es la excusa para hablarnos de las actitudes y sentimientos de todos los personajes que desfilan por el libro. Esta detective de Scotland Yard ve peligrar su carrera por su comportamiento en su último caso, y se ve forzada a unas "vacaciones" en la casa de su abuelo en Cornualles. Su encontronazo con la casa abandonada de la familia Edevane, a la que rodea un trágico misterio, le sirve de distracción y empieza su propia investigación sobre el asunto, usándolo como válvula de escape de todos sus problemas. Con ella, nosotros iremos conociendo a todos los protagonistas de ese misterio y también a los fantasmas de Sadie.
   El argumento no tiene ni un solo momento flojo o de bajo interés en todo el libro. La duda, las sospechas sobre lo que pasó o sobre quién lo hizo planean continuamente, con insinuaciones, con sugerencias, con hechos que no concluyen del todo. Siempre se quedan flecos sueltos que te mantienen atada a la trama, pequeñas señales que tú crees pistas para descubrir lo que pasó, pero que, de repente, dan un giro sorprendente que tira por tierra cualquier teoría que hayas formado y que parece ofrecerte otra nueva.
   Mientras tanto, los personajes van perfilándose poco a poco, vas conociéndolos y mostrando cómo son realmente. A cada uno de ellos le da su propio momento de reflexión, de visión de los hechos; nos acerca a sus pensamientos y sentimientos, sin desvelar, sin embargo, absolutamente nada de ese misterio que cose toda la historia. Qué habilidad la de esta escritora para transmitirnos los sentimientos de los protagonistas: su angustia, su felicidad, sus dudas, su paz; para describir los ambientes en los que se mueven. Con frases cortas, sencillas, pero cargadas de imágenes y emociones, hace que me resulte tan fácil y cómodo leer que siento como si me deslizara por el libro.
   Y en medio de todo esto, pequeñas pinceladas costumbristas para dar mayor realidad a todo, para anclarlo en el espacio y en el tiempo: los matrimonios por conveniencia, la ruptura de normas sociales por amor, los horrores de la guerras y el peso de las posguerras... Y una envidia muy poco sana por un sistema de hemerotecas y archivos eficaz y bien organizado, que siempre hace que rastrille el suelo con los dientes y que ruja mi yo interior. Aunque también ha rugido por algunos errores de corrección que creo que no deberían existir en una edición como esta: "dibujo A tinta", "barca A remos", "informar QUE"... pero con esto ya estoy acostumbrándome a convivir, desgraciadamente.
   Volviendo a la historia, esa que me engaña con pistas que parecen ser lo que no son, con rotundas afirmaciones que luego tienen otro prisma detrás que lo cambia todo, me entusiasma de tal forma que casi no percibo esos pequeños toques algo increíbles que aparecen a veces en ella. Son unos "toques" un tanto surrealistas que, intuyo, ella misma ha visto forzados. Es como si se diera cuenta de lo "peregrino" de la escena que acaba de crear y quisiera rectificarlo explicándolo por boca de algún personaje, al que se le presentan las mismas dudas que estaban rondando por mi cabeza. 
   Y entonces llega el final, increíble, sorprendente y casi traspasando la línea hacia un culebrón de sobremesa, y estoy segura de que, en otras formas de escribir menos geniales, me habrían arrancado un "pero venga...". Sin embargo, en las manos de Kate Morton me han parecido más un homenaje a esos tiernos finales felices de las cándidas y maravillosas películas de los años cincuenta, en las que todo encontraba su sitio, lo que me ha arrancado alguna que otra lagrimita y una simpatía enorme por sus protagonistas.
   Por eso, no me cansaré de agradecerle a esta escritora unos libros estilo "Mary Poppins": practicamente perfectos en todo.

domingo, 28 de febrero de 2016

Lo que encierra el más allá

Espronceda, y no digamos Becquer, estarían muy orgullosos de esta novelista que, estoy segura, ha recogido el testigo del más puro Romanticismo español del siglo XIX: ruinas góticas, amores imposibles más allá de la muerte, tormentas espeluznantes, espíritus.
   Victoria Álvarez creó en Hojas de dedalera todo un mundo propio, entre cementerios, abadías olvidadas, sórdidas calles londinenses y grandes mansiones; un ambiente romántico (ahora denominado gótico) que nos envuelve desde que empezamos a leer. No sé si ella habrá sido consciente de cómo ha recuperado lo que sus antecesores literarios hicieron hace un par de siglos, pero yo he visto miles de pequeños detalles de los que estudiaba en mis libros de literatura del insti, pequeñas pellizcos que me han llenado de nostalgia y me han hecho disfrutar de lo lindo.
   No hace mucho os contaba mis impresiones de la última entrega de la trilogía de Victoria, Dreaming Spires. Bien, pues su "regusto" me hizo lanzarme de cabeza a por esta novela, la primera creo, para conocer sus orígenes, para ver desde dónde partía. Y ahora entiendo su evolución.
   Puede que el argumento y los hechos hayan sido catalogados como "novela gótica juvenil" en más de un sitio por donde he pasado, pero os aseguro que la madurez con que afronta la historia y cómo construye a los personajes es muy adulta. Quizás haya algunos acontecimientos un poco traídos por las pelos, para hilvanar mejor la trama, pero la profundidad de los personajes está más que lograda, no importa si son los protagonistas o los secundarios, ninguno de ellos me ha parecido plano o forzado, o "de relleno"; cada uno cumplía perfectamente su papel.
   El argumento lo podéis encontrar fácilmente y, además, creo que cada lector debe ir descubriendo las cosas poco a poco, al menos yo prefiero no saber demasiado de lo se cuece en el libro que tengo entre manos, y por eso leo muy por encima las sinopsis y me dejo guiar por los títulos y las portadas (sí, así de superficial soy yo, y no me va mal del todo), salvo cuando alguna de vuestras reseñas me convence totalmente. Solo os diré que la pequeña Annabel nos seduce desde el principio, jugando entre las tumbas del cementerio en el que crece y hablando con los espíritus que también viven en él. Seguirá haciéndolo de mayor, con su seguridad y su carácter luchador y decidido, mientras vemos cómo se enfrenta a secretos que tumbarían al más pintado, cómo planta cara a todo tipo de vivos y muertos y cómo encuentra al amor de su vida, por el que es capaz de todo. No os digo nada de Víctor.

   Porque, sí, esto es una historia de amor, entre espíritus, cementerios y ruinas medievales, pero una historia de amor que traspasa el más allá, y que la autora nos cuenta con un lenguaje muy sencillo, muy cercano, pero muy rico, y bastante bien utilizado para conseguir el efecto deseado en cada momento: misterio, amor, terror, sentimientos; un lenguaje lleno de imágenes que crean un ambiente increíblemente bien conseguido para que una trama apasionante te atrape desde el principio y no te suelte hasta los agradecimientos.
   Sí, lo habéis adivinado: he disfrutado como una loca con esta novela. Porque soy una Romántica irremediable y disfruto con las historias de amor que parecen imposibles, porque me encantan los ambientes misteriosos que lo envuelven todo de niebla o de llovizna y porque adoro la época victoriana. Es cierto que, en mi opinión, había cosas aún por pulir: alguna escena poco desarrollada, algún personaje no muy perfilado, algún elemento tópico muchas veces visto, pero las grandes cosas se van forjando y perfeccionando con el tiempo, y estoy segura de que esta joven escritora tiene mucho mucho que decir, y lo iremos viendo paso a paso, no me cabe duda.

domingo, 21 de febrero de 2016

De misterios con Cervantes

El protagonista del libro que acabo de terminar se define como un loco de los tangos, del ron cubano y de Cervantes, aunque no sé si por este orden. Como he disfrutado tanto con su historia y algún que otro "pero", he decido rendirle un merecido homenaje creando el ambiente adecuado mientras me pongo a redactar la entrada.
   Lo primero sería empezar con un buen tango, banda sonora de la novela, pero no poseo tangos en mi discoteca ¿Cómo solucionarlo? Hecho mano de Chavela Vargas, lo más parecido que encuentro a la melancolía "tangera". El ron va a ser más difícil de sustituir; no tengo nada remotamente parecido, y acompañar a Chavela con Coca-Cola, mi primera opción, me parece una falta de respeto, así que he terminado dando sorbitos a una copa de Pedro Ximénez. En cuanto a Cervantes, nada mejor que "picotear" a lo largo del Quijote diversos pasajes, tan solo para disfrutar de la genialidad del maestro. Y con esta preparación light, empiezo a escribir.
   Cuando me topé con El escudero de Cervantes y el caso del poema cifrado me pareció un título propio de Agatha Christie, suficiente para que llamara mi atención. El argumento de la solapilla sobre un profesor de instituto envuelto en una intriga que le obliga a buscar un antiguo manuscrito inédito de don Miguel hizo el resto.
   Nuestro protagonista se llama Miguel Saavedra y, evidentemente, es un experto en su tocayo. Su tranquila vida como profesor se pone del revés al conocer a una estudiante estadounidense que "parece" querer saberlo todo sobre Cervantes (y sobre el profesor), y también, cuando su exmujer le entrega un misterioso soneto destinado al escritor, encontrado por casualidad entre los papeles de la biblioteca personal de una importante familia.
   A partir de aquí todo son misterios, intrigas, verdades a medias, investigaciones, corazones rotos, fantasmas personales y familiares, aventuras, todos los ingredientes necesarios y muy bien mezclados para que el autor, Manuel Berriatúa, haya creado una entretenidísima novela de misterio, con la que he disfrutado de lo lindo.
   Los personajes no son demasiado profundos o "tridimensionales" (palabrita que he leído por ahí más de una vez y que me gusta lo "profesional" que queda), pero resultan simpáticos y cercanos. El lenguaje del hilo temporal actual es algo rimbombante y artificial, pero terminó gustándome eso de poder leer un vocabulario culto pero asequible, con el que rescatar la riqueza de nuestro idioma. Por otro lado, esa manía de algunos autores de trufar una historia con su opinión sobre diferentes temas es algo que me cansa bastante, pero aquí se hace de una forma sutil, sin demasiada insistencia. El misterio familiar de nuestro Miguel del presente no me encajaba demasiado en la trama, pero tampoco me disgustó esta especie de "novela intercalada" a modo de homenaje al Quijote. Y, finalmente, los dos hilos temporales, muy bien enlazados y en perfecto equilibrio, me han permitido pasear por Sevilla en dos siglos diferentes, recorrer calles de Madrid que tengo un poco abandonadas y regresar a uno de mis primeros viajes de la infancia.
   Solo puedo deciros que, salvo algún que otro frunce de ceño y de labios, las hojas volaban ante mis ojos, la intriga me tenía totalmente enganchada y la forma de contar de Manuel no me dejaba escapar de sus páginas. La vida del escudero Andrés, del profesor Miguel y de los amigos y enemigos que les rodean, junto con algunos diálogos bastante divertidos me han hecho disfrutar muchísimo, algo que siempre le agradezco a un libro.
   
Este libro fue el ganador del último Premio Círculo de Lectores de Novela, cuyo jurado son los propios lectores.

domingo, 13 de septiembre de 2015

Fotografiando con Mercedes

Me había cruzado demasiadas veces con Mercedes Pinto Maldonado como para pasar de largo por este libro. Había leído muchas reseñas sobre sus novelas, algunas de ellas de las que te pellizcan la curiosidad y corres a anotar el título en esa interminable lista de libros para leer. Sin embargo, solo habían sido eso, cruces y anotaciones.
   De repente, un día que deambulaba por una librería virtual vi como El fotógrafo de paisajes se me pegaba al dedo y no había forma de pasar a la siguiente pantalla. Como últimamente he visto cómo el Destino se encarga de organizarme la vida, decidí que era una de sus señales. Y como no estaba muy animada a luchar contra él, lo elegí. No es que el Destino haya estado especialmente inspirado en esta ocasión, pero sí tengo que reconocer que me ha traído una historia distinta y con un planteamiento muy original que me ha tenido, al menos, muy entretenida. 
   La historia empezó atrapándome con ganas. La forma de escribir de Mercedes me gustaba, era directa pero no vulgar, era natural sin dejar de ser literaria, y había dado a cada personaje la manera de expresarse que mejor le cuadraba. Describía muy bien los ambientes y los paisajes, casi con respeto, mientras que usaba una "dureza" poco común para los personajes. Estaba disfrutando con el misterio que envolvía al protagonista y ese don especial que le separaba del resto, le volvía enigmático y muy atractivo, y me hacían sonreír las maneras de su amigo, tan opuesto a él y tan "mundano". La cosa mejoraba por momentos, sobre todo cuando deciden investigar sobre la desaparición de una joven sordomuda y ciega y de su hijo. Aquello pintaba tan bien. Una historia de intriga, unas reflexiones muy sesudas sobre la posibilidad de tener un don increíble, unos personajes interesantes y... entonces... cuando estaba frotándome las manos sobre todo lo que me iba a ofrecer esa novela, empezó la pendiente hacia abajo.
Foto tomada de Dreamstime.com
   Comencé a encontrarme con ciertos hechos rocambolescos que más parecían de un culebrón de las tres de la tarde que de una novela seria, o con otros totalmente previsibles. Algunas cosas me chirriaban, no tenían demasiada lógica, eran forzadas y hasta la autora trataba de explicarlas por boca de los personajes, como si después de escritas, hubiera comprendido el error y quisiera enmendarlo.
   Empecé a sentir que la forma de pensar de la escritora se le escapaba en las reflexiones del protagonista y sobrepasaba la novela. Veía demasiado determinismo justificando los comportamientos de los personajes. Sin embargo, seguí, hasta el final.
   Y seguí porque Mercedes conseguía mantener la intriga y el interés; seguí porque me gustaba su lenguaje y cómo lo adaptaba a los diferentes personajes; seguí porque el protagonista cada vez era más complejo y, a veces, me daba miedo; y seguí porque la historia tenía un "nosequé" de adictivo que me hacía imposible quedarme sin saber el final.
   Así que, a pesar de esa bajada que desinflaba un poco mis expectativas, comprendí que había encontrado características suficientes como para repetir con esta autora, y supe que buscaría otro título suyo sin que pasara demasiado tiempo.

domingo, 2 de agosto de 2015

Ya soy miembro de Dreaming Spires

Definitiva y totalmente. Después de esta segunda novela de Victoria Álvarez, no tenía escapatoria: había quedado atrapada en sus redes. ¿Era posible disfrutar tanto como en la primera ocasión que acompañé a los miembros de este periódico en sus investigaciones paranormales? Pasada la sorpresa del primer libro, ¿podría sorprenderme de la misma manera?
   Pues sí, era posible. Esta joven escritora ha hecho que vuelva a disfrutar con una ambientación increíble; con unos personajes que, aunque ya habíamos sido presentados, me han parecido más redondos, más formados, más "hechos"; con un argumento igual de interesante, entretenido y misterioso; y con un lenguaje y una manera de narrar cercanos, sencillos y muy efectivos.
   En esta ocasión, la mayoría del equipo del periódico Dreaming Spires cambia por completo de escenario y de leyendas y cruza el charco para descubrir qué está pasando en las aguas del río Mississippi, en una pequeña aldea de Nueva Orleans, con un barco hundido en 1862 que está aterrando a los vecinos del lugar.
   Con un principio similar a Tu nombre después de la lluvia, la escritora nos abre el apetito con los hechos que provocarán los acontecimientos de después. A partir de aquí, nuestros protagonistas ya no podrán librarse de la historia y, de forma casi vertiginosa, se verán envueltos en unos acontecimientos que les llevarán a un misterio tras otro, pero también a descubrir cosas sobre su pasado, secretos que andaban por ahí "pululando" en el ambiente de la anterior novela y que ahora quedan muy claritos.
   Porque, sí, hay que leer la anterior novela para poder disfrutar mejor de esta, o esa es mi opinión, lo que no tiene por qué asustaros, ya que se leen en un abrir y cerrar de ojos, puesto que las páginas vuelan entre los dedos de lo ligera y fácil que resulta la narración, porque el argumento es tan interesante y entretenido que llegas al final sin darte cuenta, al menos yo.
   Los mimbres de esta "segunda entrega" de la saga son los mismos que en el primer relato, pero más asentados, más maduros, más logrados: la gran labor de documentación, esta vez sobre las leyendas de magia negra, sobre el budú, sobre la vida de los esclavos en las plantaciones; la estupenda recreación de los ambientes y costumbres, mezclando países y culturas; los diálogos ingeniosos entre algunos personajes y la tensión sexual ¿resuelta? (¡Ah! Ya sabéis que yo no "espachurro" las historias); las "pistas" o datos que va desperdigando a lo largo de la novela sobre hechos que se desvelarán después, creando ese ambiente de misterio que planea todo el tiempo; los nuevos protagonistas, algunos apenas esbozados en la novela anterior y otros nacidos en esta, o el auténtico pasado de los más conocidos que nos aclara muchos aspectos de su personalidad.
   Y, al igual que los logros, los pequeños "traspiés" que sentí en el anterior libro también andan por esta historia, como algunas escenas un poco peliculeras o alguna actitud un tanto actual o algún pequeño tópico de este tipo de historias.
   Sin embargo, en ningún momento ha perdido frescura e incluso me he encontrado con nuevas pinceladas de misterio y con un final tan impactante que ya me ha enganchado para la siguiente entrega. Sin ninguna duda. Y aunque hace ya un tiempecito que me leí el libro, me recuerdo todavía leyendo con el mismo entusiasmo que la vez anterior, y recuerdo los geniales golpes de efecto que me dejaban pegada al asiento y mordiéndome las uñas porque veía llegar la estación en la que debía bajarme y no podría descubrir qué había pasado hasta mucho después. ¿Segundas partes nunca fueran buenas? ¡Para nada! En esta ocasión no puede ser más falso.

domingo, 17 de mayo de 2015

Tu nombre después de la lluvia

Sé que siempre llego tarde a estos descubrimientos. Sé que, cuando todo el mundo ya ha cambiado de tercio, yo estoy sorprendiéndome todavía con este. Sé que muchos de vosotros habéis hecho "correr ríos de tinta" sobre esta novela de Victoria Álvarez. En definitiva, sé que no voy a descubrir nada nuevo y que siempre estoy en la "cola del pelotón".
   Pero también sé que no podía dejar de hablaros de esta novela, de todo lo que he disfrutado, de cuánto me ha gustado, de la cantidad de imágenes de las que se ha llenado mi cabeza.
   Una muerte anunciada por un espíritu. Una excavación arqueológica en Egipto. Un conversación entre los muros de la universidad de Oxford. No puede haber mejor principio. Después, un misterio sobrenatural que descubrir en un antiguo castillo de Irlanda, un asesinato inexplicable en ese mismo castillo, unos personajes de lo más variado e interesante, y todo con un ritmo de infarto cuando corresponde y una narración tranquila cuando se necesita. Todo aderezado con maravillosas leyendas irlandesas.
   ¿No creéis que hay novelas que son pura imagen? ¿No tenéis la sensación, con ellas, de estar leyendo cine? ¿No os parece que esta es una de esas novelas?
   Yo he "visto" todo el tiempo fotogramas en blanco y negro de profundos acantilados y de castillos que se recortan en un cielo gris y plomizo; imágenes de antiguas bibliotecas atestadas de todo tipo de libros increíbles e iluminadas por lámparas de gas de luz amarillenta. Me he "visto" sentada a una mesa de madera vieja y oscura, rodeada de voces gaélicas y del choque de pintas de cerveza. He "contemplado" las habitaciones sobrias de los colleges de Oxford y he "mirado" desde la ventana de uno de ellas.
   Pero también he sentido. He sentido escalofríos, tensión, intriga, emoción, enfado y, sobre todo, diversión. Me he comido las uñas en más de una ocasión, he seguido las pistas que seguían los protagonistas, me he asustado con ellos, y he descubierto cosas con ellos.
   Y es que la forma de escribir de Victoria Álvarez me ha parecido tan cercana, tan plástica, tan clara y efectiva, que me resultaba imposible solamente leer la novela y no "verla". Creo que ha sido gracias a su forma tan inteligente de alternar un lenguaje propio de principios del siglo XX con un vocabulario sencillo, pero muy literario: "durante años parecía abrazarse a sus zapatos"...

   ¿Y sus personajes? ¿No os parecen una excelente recopilación de los mejores personajes de la historia del cine? Un antiguo profesor, atormentado, pero brillante, un Sherlock Holmes interesado por los espíritus. Un canalla encantador y mujeriego, aventurero y muy interesado por el dinero, pero capaz de hacer lo que sea por sus amigos. Un cerebrito responsable que resulta ser un romántico empedernido, una joven etérea y dulce, que parece salida de un poema de Bécquer. Y un amigo fiel, al más puro estilo Watson, vigilando siempre por el bienestar de su colega, aunque, en esta ocasión, clérigo y medium. Simplemente genial.
   Ellos solo podían encajar en una excelente ambientación de tabernas irlandesas, paisajes góticos, universidades con solera, cárceles espeluznantes, tribunales de justicia y castillos encantados, rodeados de jardines abandonados y junto a acantilados que se abren a un mar profundo y siempre enfadado.
   Es cierto que, en algunas ocasiones, he fruncido el ceño. Es verdad que, algunas veces, he levantado las cejas: ¿De verdad alguien mata por eso? ¿No es demasiado típico perder este objeto como lo ha perdido? ¡Este juicio me recuerda a Testigo de cargo! ¡No! ¿Ella?
   Quienes la hayáis leído, creo que me entenderéis, pero si no es así, contadme lo que pensáis. Los que no lo hayáis hecho, no me queda más que animaros a leerla; hacía tanto tiempo que no lo pasaba tan bien. He descubierto una excelente guión de cine. Ojalá, alguien lo descubra también.

domingo, 7 de diciembre de 2014

Un competidor para Anne Perry

No hacía falta que hojeara mi pequeña libreta de notas; tenía todas las sensaciones de este último libro en la punta de los dedos. El problema era trasladar lo bien que lo había pasado y cuánto había disfrutado a la pantalla del ordenador.
   Al más puro estilo Anne Perry, Carlos Poveda nos hace pasear por las calles de París, a principios del siglo XX, lo mismo en un edificio de un estupendo barrio con vistas a esa "nueva mole de hierros", resultado de la última exposición universal, que por los barrios más oscuros y bohemios de Montmartre. El gabinete del alquimista asesinado, el señor Bonancieux, envuelto en demasiados misterios, pone en contacto a personajes tan diferentes como Violeta, una aristócrata española, su ahijado Ulises, un joven negro y bohemio, y el detective Clouet, que no se fía ni de su sombra. 
   Maravillosamente escrito, con un lenguaje ligero, adecuado a cada personaje y momento, sencillo pero rico, me ha hecho disfrutar de los pensamientos de cada uno de los protagonistas, de las excelentes descripciones de ambientes y sentimientos, del misterio que rodea al asesinato, a la investigación y a los personajes.
   La verdad es que yo jugaba con ventaja; había sido una recomendación de mi "surtidora" oficial de lecturas, mi madre, que una vez más acertó de pleno, conociéndome como lo que es. Ella sabía que todo lo que rodeaba a la trama me iba a entusiasmar tanto como el propio argumento. Y es que no solo nos encontramos con una investigación de asesinato, sino también con diferentes mundos y clases sociales que conviven en la misma ciudad, a veces, sin cruzarse, otras, rozándose por culpa de las circunstancias: la vizcondesa Violeta y sus contactos en el gobierno de la República; el mundo bohemio de pintores y artistas que sobreviven como pueden mientras crean; las comisarias de policía de la época y sus "métodos" de presión; y la alquimia, el espiritismo, el vudú, algo que, en principio, podría hacernos chirriar los dientes y que, sin embargo, está perfectamente encajado en la historia y sobre lo que aprenderemos muchísimo de una forma natural y sencilla, sin grandes párrafos didácticos, sino dentro de las propias vivencias, deducciones y preguntas de los protagonistas.
   
   ¡Ah! Los protagonistas, ¡qué maravilla! Qué completos, que redondos, que reales. Desde el principio te encariñas con unos y detestas a otros; unas veces deseaba descubrir sus más ocultos misterios, que aparecen como pinceladas, y al mismo tiempo, temía encontrar algo que no me gustase, porque les había cogido cariño, les admiraba, me gustaba su forma de ser, su fuerza, o su misteriosa suerte y no quería verles cometiendo un asesinato. Verles moverse con esa soltura entre los personajes reales que aparecen en la novela, les daba todavía mayor realismo, mayor riqueza. Con ellos he aprendido sobre ciencias ocultas, sobre arte, sobre aquella Belle époque, lo sórdido de la política y las antiguas técnicas policiales, y sobre las vueltas que da la vida.
   Ir descubriendo pequeños detalles de la investigación al mismo tiempo que lo hacemos de los personajes me tuvo literalmente pegada al libro, hasta el punto de haber corrido el riesgo de terminar en la estación de Chamartín en vez de hacer trasbordo en Sol. Las pistas falsas, los que no son lo que parecen, los que te enamoran desde el primer capítulo, las calles oscuras, los cafés repletos de humo, las buhardillas llenas de cuadros a medio terminar, entre otras muchas cosas, crean una novela, a mi modo de ver, interesante, entretenida, a veces irónica, inquietante, misteriosa y siempre genial.
   Vuelvo la vista a mi pequeña libreta de notas que se ha quedado algo olvidada al lado del teclado. Pero todo me salía tan a borbotones que temía no poder explicar todo lo que había disfrutado si paraba. Espero hacerle más caso la próxima vez.

jueves, 13 de febrero de 2014

Peticiones. Pablo Solares Acebal

Aquí estoy de nuevo para responder a la petición de un escritor, Pablo Solares. Como ya comenté en la ocasión anterior, iré presentando los trabajos de los escritores que, amablemente, se ponen en contacto conmigo para que les eche una mano en esto de difundir su obra.
   En este caso se trata de Pablo Solares Acebal y su novela 6 de noviembre. Como él mismo me cuenta en su correo, se trata de una novela histórica, de misterio y con toques de terror psicológico. Incluso, me dice que está trabajando en el guion de la película que se rodaría este año.
   Para que la conozcáis mejor os dejo la sinopsis de la misma.

En 1935, Gloria Juárez huye con su marido a un pueblo llamado Requejado por problemas familiares. Allí nace su hija María. Un año más tarde, estalla la guerra civil, y su familia desaparece sin dejar rastro. Tras tres años amparada en su esperanza, recibe una inesperada visita que cambiará su vida.
Esta obra de misterio y realismo mágico trata de la complejidad psicológica que atraviesan los personajes en su microcosmos, y al hecho de que sus vidas (al igual que la historia) se repite. En esta novela, realidad y ficción deambulan juntas en un pequeño pueblo asturiano.

   Si esto ha despertado vuestra curiosidad, podréis encontrar más información en su página web:  www.pablosolaresacebal.com
   También os dejo este enlace de Amazon: 
   Un saludo a todos.
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