Dámaso estaba dispuesto a todo por
Constanza, incluso atravesar los mares hasta el fin del Imperio del
entonces rey Felipe III. Constanza lo amaba tanto que estaba
dispuesta a esperarlo hasta el fin de los días. Pero Hortuño de
Andrade no estaba dispuesto a que esto ocurriera, de ninguna de las
maneras, por ello le envió a él al Japón y a ella... Bueno, para
eso es mejor leer la novela.
Todos los mimbres de esta historia son
capaces de atrapar el interés del más pintado: espadachines,
samuráis, barcos, corrupción, luchas de poder, amor.
La veracidad le viene dada por los
datos históricos y por sus personajes reales; la magia, por las
aventuras de sus personajes y por los avatares a los que se
enfrentan.
Sin embargo, no ha sido oro todo lo que
he visto relucir en esta historia. También he encontrado sombras. El
lenguaje me ha parecido, a veces, demasiado denso, girando en torno a
una idea, como dice cierto lenguaje popular "mascón". Creo
que, en su afán de adaptarse al siglo de los acontecimientos, ha
incluido demasiadas palabras apenas usadas hoy en día, además los
términos japoneses no siempre quedan explicados por el contexto. El
uso de varios términos para un mismo personaje me ha confundido más
de una vez. Sus giros y vueltas sobre una misma idea me causaban
nerviosismo cuando lo que esperaba era avanzar en la historia.
En ocasiones, el arrojo de algunos
personajes me ha parecido poco creíble, al igual que algunos giros
de la historia para justificar lo que ocurría. Ojalá pudiera dar
ejemplos de lo que digo, pero tendría que desvelar parte de la trama
y una de las cosas que más me han gustado del libro ha sido la
sorpresa que se escondía página tras página, como ya digo, a veces
poco creíble, pero siempre entretenida y emocionante.
La comparación de dos culturas
radicalmente opuestas, las reacciones de dos personas aparentemente
diferentes no implica que los valores éticos de algunos hombres no
sean iguales, vengan de donde vengan. Me ha gustado la relación
entre el aspecto de los personajes y su carácter, y también la
diferencia del lenguaje y del estilo de narrar los hechos de cada
mundo, Japón: pausado, reflexivo, contemplativo; España: ruidoso,
impulsivo, atropellado.
Unas buenas descripciones del entorno
me han llevado hasta Osaka, pasando por Manila, con su clima, sus
paisajes, sus deficiencias. A través de olores y sonidos, he viajado
en barco por mares encrespados y he visto combates contra
buques piratas. He viajado de Madrid a Sevilla y aquí, he recorrido
sus calles, sus barrios y, sobre todo, sus tabernas, además de sus
cárceles.
Puedo decir que, a pesar de ciertos
pesares, he hecho un gran recorrido histórico y he vivido una
interesante aventura.

