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jueves, 2 de octubre de 2014

Rónin. Francisco Narla

Dámaso estaba dispuesto a todo por Constanza, incluso atravesar los mares hasta el fin del Imperio del entonces rey Felipe III. Constanza lo amaba tanto que estaba dispuesta a esperarlo hasta el fin de los días. Pero Hortuño de Andrade no estaba dispuesto a que esto ocurriera, de ninguna de las maneras, por ello le envió a él al Japón y a ella... Bueno, para eso es mejor leer la novela.
Todos los mimbres de esta historia son capaces de atrapar el interés del más pintado: espadachines, samuráis, barcos, corrupción, luchas de poder, amor.
La veracidad le viene dada por los datos históricos y por sus personajes reales; la magia, por las aventuras de sus personajes y por los avatares a los que se enfrentan.
   Sin embargo, no ha sido oro todo lo que he visto relucir en esta historia. También he encontrado sombras. El lenguaje me ha parecido, a veces, demasiado denso, girando en torno a una idea, como dice cierto lenguaje popular "mascón". Creo que, en su afán de adaptarse al siglo de los acontecimientos, ha incluido demasiadas palabras apenas usadas hoy en día, además los términos japoneses no siempre quedan explicados por el contexto. El uso de varios términos para un mismo personaje me ha confundido más de una vez. Sus giros y vueltas sobre una misma idea me causaban nerviosismo cuando lo que esperaba era avanzar en la historia.
   En ocasiones, el arrojo de algunos personajes me ha parecido poco creíble, al igual que algunos giros de la historia para justificar lo que ocurría. Ojalá pudiera dar ejemplos de lo que digo, pero tendría que desvelar parte de la trama y una de las cosas que más me han gustado del libro ha sido la sorpresa que se escondía página tras página, como ya digo, a veces poco creíble, pero siempre entretenida y emocionante.

   La comparación de dos culturas radicalmente opuestas, las reacciones de dos personas aparentemente diferentes no implica que los valores éticos de algunos hombres no sean iguales, vengan de donde vengan. Me ha gustado la relación entre el aspecto de los personajes y su carácter, y también la diferencia del lenguaje y del estilo de narrar los hechos de cada mundo, Japón: pausado, reflexivo, contemplativo; España: ruidoso, impulsivo, atropellado.
   Unas buenas descripciones del entorno me han llevado hasta Osaka, pasando por Manila, con su clima, sus paisajes, sus deficiencias. A través de olores y sonidos, he viajado en barco por mares encrespados y he visto combates contra buques piratas. He viajado de Madrid a Sevilla y aquí, he recorrido sus calles, sus barrios y, sobre todo, sus tabernas, además de sus cárceles.

   Puedo decir que, a pesar de ciertos pesares, he hecho un gran recorrido histórico y he vivido una interesante aventura.
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