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domingo, 13 de abril de 2014

Y tú, ¿de quien eres? De Robert Poste

Pocas veces ha sido tan importante ser "el hijo de" como en esta novela, hasta tal punto que la protagonista pierde su nombre a cambio del de "hija de Robert Poste" ante buena parte de su familia.
   La hija de este buen señor es en realidad Flora, una joven alegre y resuelta que ve cómo cambia su vida al perder a sus padres por culpa de una enfermedad. Entonces, su vida acomodada resulta que no lo es tanto y tiene que ser acogida por una amiga suya que, aunque amable y cariñosa, insiste todo el tiempo en que Flora busque un trabajo que le permita ser independiente ya que su asignación económica no da para mucho. Pero nuestra heroína no está dispuesta a trabajar, prefiere "acomodarse" en casa de algún pariente relativamente agradable que le facilite seguir con su entretenida vida. Después de descartar un desván compartido con un loro y una mansión siniestra "a siete millas de la aldea más cercana con (...) pantanos y ciénagas que rodeaban la casa" (hay familiares con muy mala baba), decide lanzarse a la aventura de una granja perdida en la Inglaterra más profunda, en dónde le espera el misterio de unos "derechos" arrebatados a su padre hace años y un "oscuro" secreto ocurrido en una leñera. Flora Poste se encontrará con sus peores temores, con el ambiente más rural que podría imaginar y con los parientes más "silvestres" que podría conocer. Sin embargo, ella es una chica decidida que se crece ante la adversidad, así que se pone manos a la obra e idea un plan para poner en orden una vieja granja, unos familiares con "mucho pelo de dehesa" y su propia vida.
   Al leer sobre la vida de la autora, Stella Gibbons, tuve la sensación de que compartía muchas cualidades con la protagonista: decisión, resolución y, sobre todo, inteligencia para tratar con los demás. De una forma un tanto ingenua, la autora nos presenta a una joven muy decidida, que se crece ante los problemas, que tiene un gran tesón y constancia y, sobre todo, la inteligencia suficiente para lidiar con la "caterva" de parientes que tiene alrededor. Y digo "ingenua" por la forma tan conveniente en que lo resuelve todo y lo bien que le salen los planes a nuestra heroína. No digo yo que nuestra Flora no sea una mujer de una vez, capaz de reorganizar lo que se le ponga por delante, pero hay que reconocer que la suerte la acompaña, y mucho. Pero eso no es lo que importa; es tan solo una excusa para divertirnos e ironizar sobre determinados tipos de personas y de formas de vida.
   Por otro lado, es genial la manera en que la escritora presenta su novela ante su "supuesto y admirado" amigo y novelista, llena de burla e ironía:
"-después de malgastar diez años de mi vida como periodista, aprendiendo a decir exactamente lo que quería decir en frases cortas-, descubrí que debía aprender, si pretendía acercarme a la literatura y recibir críticas favorables, a escribir como si no estuviera muy segura de lo que quería escribir pero estuviera encantada de decir exactamente lo mismo en frases tan largas como me fuera posible".
   
   Una ironía que se mantiene durante toda la novela y en dónde radica el "meollo" de su sentido del humor. Para los que leemos esta novela en español, el humor basado en los nombres inventados por la escritora, los juegos de palabras y los guiños a la moda literaria de aquellos momentos (todo ello explicado magistralmente en la nota del traductor) pierden fuerza, pero no lo hace la ironía de sus diálogos o la descripción de algunos de los personajes o los paisajes y situaciones que describe, a propósito, de una forma tan pedante y rebuscada que tiene que marcarlos con doble asterisco (a veces con triple) para que no nos de un patatús al encontrarnos con uno de ellos. Fuera de esta "burla", el lenguaje es bastante natural y fácil de seguir y se adapta como un guante a cada personaje, reflejando perfectamente su forma de ser.

   Y no podemos olvidar que, como parte indispensable de la novela, no solo está la protagonista Flora Poste o su corte de primos, los Starkadder, sino que hay otros elementos importantísimos en el desarrollo de los acontecimientos y que no se deberán perder de vista: la parravirgen y El sentido común de índole superior, obra del Abbé Fausse-Maigre, que influyen en los protagonistas de una manera poco común.
   Cuando elegí esta novela para participar en el reto de Seri, Finales felices, fue un poco por azar, guiada por las reseñas que me había ido encontrando en varios blogs. Y creo que acerté de pleno. No solo el final es feliz, todo el desarrollo de la novela es feliz. Han sido muchas las sorpresas que me he encontrado y también alguna duda sobre las fechas: si la novela se publicó en 1932, ¿cómo es posible que se hable de las guerras anglonicaragüenses de 1946 (página 250)? Si algún alma caritativa sabe la respuesta que me lo diga, por favor.
   Solo me queda agradecer a Seri que organizara este reto que me ha permitido releer una novela que ya tenía olvidada y volver a disfrutarla tanto como la primera vez.

domingo, 16 de marzo de 2014

Nueva petición: Fernando Méndez

Hay cosas que te persiguen con insistencia y no sabes porqué. Puede ser una simple coincidencia, pero cuando es mucha esa coincidencia, ya empiezo a sospechar.
   Hace muy pocos días, leía una reseña en un blog amigo sobre esta novela que os presento hoy. Lo que se contaba sobre ella atrajo mi atención porque hablaba de humor, de enredos, de fenómenos increíbles, de cosas en fin, que provocan, al menos, unas cuantas sonrisas. Me pareció bastante original la trama. Tiempo después, volví a toparme con ella en otro blog, también con buenas críticas y dejando un buen sabor de boca. Y de repente, en mi correo apareció un mensaje del autor presentándome, amablemente, su novela.
   Así que ahora sí estoy convencida de que no se puede luchar contra los elementos, las coincidencias o los "hados" (según decían los antiguos romanos). Señoras y señores aquí un novelista interesante; novelista aquí unos señores lectores. Váyanse conociendo.
   Lee este libro y sé feliz
   Fernando Méndez (1964), periodista y escritor español nacido en Buenos Aires. Es uno de los periodistas de investigación más premiados de España. Recibió, entre otros, el Premio Nacional Reina Sofía de Periodismo y el Premio Xunta de Galicia sobre Drogodependencias. En sus veinticinco años de experiencia profesional trabajó en los diarios Faro de Vigo y La Región, en las áreas de judicial, sanidad y sociedad. Colaborador de prensa, radio y TV, fue jefe de prensa y director de comunicación en diferentes instituciones de Galicia. Es máster en Drogodependencias y miembro de FAPE (Federación de Asociaciones de Periodistas de España). 
http://www.fernandomendez.es/
   Cuatro esquinitas tiene mi cama es su primera novela en castellano, con la que inicia la innovadora senda del humor espiritual. Una obra para sonreír e ilusionarse.
http://www.sumadeletras.com/es/libro/cuatro-esquinitas-tiene-mi-cama/

   Lo que parece ser una día normal de trabajo en el cementerio se convierte para Lourdes —florista, separada y con una hija adolescente— en el comienzo de su nueva vida. Mientras se afana en colocar una corona de flores en una de las lápidas recibe la visita de Armand, un hombre que aparte de estar como un tren dice ser un ángel. Su misión: ofrecer a Lourdes la posibilidad de resarcirse de la mala gestión de sus vidas anteriores —principalmente de aquella en la que fue Cleopatra— y recuperar las cuatro esquinitas de su existencia, en especial, el amor de su hija. Comienza así un viaje astral de dos mil años que los llevará a Nueva York, al siglo I a.C., a Colonia, a la Ruta de la Seda, a Pompeya y a Egipto. Solo disponen de cuarenta y ocho horas para conseguirlo.
   Armándose del humor como herramienta indispensable para darle la vuelta al orden de las cosas, Fernando Méndez construye una historia repleta de fantasía y de realidad, un viaje espiritual que nos revela, entre carcajadas, lo que verdaderamente importa en la vida. Tierna, hilarante, conmovedora y reflexiva, Cuatro esquinitas tiene mi cama nos descubre un territorio desconocido por muchos; el mejor espacio para ser feliz: la «fantástica realidad».

domingo, 2 de febrero de 2014

Lo que me he reído...

Mi madre tiene una curiosa forma de reír, parece que se está ahogando. Sabes que respira porque, a pesar de su carcajada asfixiada, tiene la boca abierta y oyes un leve "jijijiji" acompañado de lágrimas en los ojos. Esta risa, que parece necesitar el boca a boca, es muy contagiosa, tanto que, cuando te pilla cerca, tú también terminas cogiendo el aire a bocanadas y secándote las lágrimas. 
   Entenderéis que, después de preguntarle: -- "Jajajaja, qué lees, jajajaja". -- Y de que me dijera: -- "Jijijijiji una novela de asesinatos, jijiiji". --  Yo no pudiera hacer otra cosa que decirle: -- "Jajajaja, ¿me la prestas cuando la termines? Jajajaja". -- A lo que ella me contestó: -- "Jijijiji, pues claro jijijiji, mujer, jijiji". -- En fin, todo un diálogo para besugos. 
   Y así cayó en mis manos esta "supuesta" novela negra de Marco Malvaldi. En realidad, son tres pequeñas novelas de crímenes ocurridos en un pequeño pueblo de la costa de Italia, cerca de Pisa, La brisca de cinco, El juego de las tres cartas y El rey de los juegos.
   A diferencia de otras novelas del género, aquí no hay detectives atormentados por una vida solitaria, ni viejecitas encantadoras y metomentodos, ni siquiera hombrecillos de bigote remilgado y muy, muy inteligentes. Ni hablar, aquí hay un bar, cuatro octogenarios casi jubilados que son la gaceta extraoficial del pueblo, todo el día dentro del bar, y un hombre de poco aguante, mucha ironía y harto de los "amantes de la petanca" (como él mismo los llama), dueño de ese bar.
   Aquí se "cuecen" los mejores chismorreos de Pineta, pueblo costero venido a más por el turismo, sobre todo extranjero, debidamente cocinados y servidos por los cuatro ancianos que juegan a las cartas en la mesa que está debajo del olmo, porque no están dispuestos a sentarse en otro sitio, aunque sea cuestión de vida o muerte. Su dominio de las telecomunicaciones ("tele" de telepatía) es tal que se enteran de todo, incluso antes que el propio comisario que investiga los crímenes, lo que comunican convenientemente a todo el que se ponga a tiro, sobre todo al sufridor dueño del bar, Máximo, que se pasa las tres novelas, con ganas de ahogar a los ancianillos, mientras idea mil maneras para hacerles la vida imposible cada vez que invaden su bar. Será Massimo quien resuelva realmente estos crímenes, pero siempre con la intervención de los "adoradores del Gerovital" (otro apelativo cariñoso) que siempre tienen ideas nuevas que añadir.
   Lo mejor de estas tres novelas ha sido la genial descripción del ambiente de Pineta y, también, el retrato de sus protagonistas y su sentido del humor; ese carácter italiano tan socarrón, mezclado con el afán de protagonismo que les hace tan particulares. Yo, que conozco un poco Italia, he recordado muchas cosas de las que he vivido allí: la mirada asesina cuando pedía un café con hielo, o la de burla cuando lo que pedía era un capuccino después de comer; la caballerosidad de los hombres italianos ante una jovencita bien dotada, que les hace doblar el espinazo hasta la ruptura, y su propio ritmo en las tardes de verano, en donde nada funciona como debe, al menos, claro está, en zonas pequeñas como Pineta.
Foto tomada de "paolettibibite.it"
   Lo de menos son los crímenes, aunque el autor consigue engancharnos lo suficiente como para estar pendientes de lo que pasa con las investigaciones y querer saber quién es el asesino. Lo mejor sigue siendo el "equipo" del BArLume, con las deducciones de los cuatro ancianos, el sentido del humor irónico y malhumorado de Massimo y la santa paciencia de Tiziana, la camarera, que tiene que lidiar con unos y con otros.
   Han sido buenos momentos de risas y de misterio. Historias bien narradas, bien escritas (aunque la traducción podía haber sido mejor, en mi humilde opinión) y muy, muy divertidas, que utilizan el misterio y los crímenes para hacer un retrato social y político de la Italia actual, dando un buen repaso tanto al gobierno y a los partidos, como a las universidades o al propio Vaticano. En resumen, que la falta de aire de mi madre estaba totalmente justificada. 

domingo, 24 de noviembre de 2013

Los muertos no se tocan. Humor negro de película

Yo conocía a Rafael Azcona como guionista de cine, nada más, no sabía nada de su etapa de escritor en la mítica revista La Codorniz, ni de sus novelas de humor en las que dio vida al "repelente niño Vicente", al que tanto nombraba mi abuela cuando se encontraba con algún niño sabiondo y redicho. Así que, cuando me encontré con este libro suyo sobre uno de sus guiones de cine, me dije que ya era hora de cambiar de tercio y leer algo divertido y ligero.
   Como guionista, este escritor fue el responsable de algunas de las mejores películas del cine español, como El pisito o El Verdugo, caracterizadas por su maravilloso humor negro, utilizado para hacer crítica social en un momento en el que no se podía, demostrando mucha inteligencia y habilidad para decir lo que no se podía decir. Así que pensé que esto sería lo que me encontrase en esta pequeña novela de bolsillo. Y así ha sido, efectivamente.
   Aunque escrita a partir del 58 como parte de la trilogía Estrafalario, no se publicó hasta los años noventa, recreando la España de esos años de posguerra, con sus prejuicios, sus obsoletas costumbres sociales y, en este caso, los defectos provincianos de una pequeña ciudad donde las apariencias son siempre más importantes que los hechos. A través del humor, Rafael Azcona nos retrata los defectos y pecados de los personajes de la novela y critica sus prejuicios y su moral hipócrita y puritana.
   Todo empieza con los últimos momentos de vida del ilustre Don Fabián Bígaro Perlé (tela el nombrecito), Jefe de Administración Municipal (lo que hará que su hijo se pase el velatorio pendiente de la posible visita del excelentísimo señor alcalde, que tanto honor les haría a todos), que no se moría ni a la de tres y que tenía a su condolida familia un poco harta ya de tanta indecisión, en lo que pensaban que era, además, una falta de formalidad, ya que les podía estropear la comunión de la niña. Pero Don Fabián consideraba una ordinariez morirse en primavera, cuando todo florece y renace; lo suyo era morirse en otoño o en invierno. A partir de aquí, todo es una cadena de despropósitos desde que, por fin, el bisabuelo nonagenario abandona este mundo y su familia se dispone a organizar el funeral con todos los signos que merece su honaribilísima familia. 

   Desde este momento, vemos desfilar por la casa toda una serie de personajes a cual más esperpéntico, que protagonizan las escenas más surrealistas que podamos imaginar, empezando por don Idelfonso de la Barca, amigo del difunto, que en su silla de ruedas se recorre toda la casa buscando cómo meter mano a la criada y cómo ponerse hasta las cejas de comida durante la noche del velatorio; o el mendigo Menéndez Pelayo, ahí es nada, que aprovecha estas ocasiones para dormir a cubierto y comer algo caliente, fingiendo ser el mendigo preferido del difunto en cuestión; o el industrial de los altos hornos de Bilbao, Don Iñaqui María, que sin olerlo ni catarlo, y sin tener ninguna relación con la familia, se ve prisionero en la casa sin que haya forma de escapar. Y así nos vamos encontrando con toda una serie de despropósitos que, entre risa y risa, nos presenta los defectos de una época, y nos hace un excelente retrato de sus ambientes y personajes que, a veces parecen irreales. Y para muestra un botón:
   "(...) cuando le dije a la señora que el señor me palpaba (...), me denunció a la policía por hurto de ganado.
   --¿Qué ganado?
--   El gato. Se ve que el pobrecillo me había tomado cariño y cuando me vio haciendo la maleta se metió dentro".
   ¿No os parece una escena genial?
   Pero como todo no puede ser perfecto en este mundo, este libro también tiene un pequeño fallo, a mi entender, claro está, y es el abuso de las escenas de sexo, que a veces resultan un poco vulgares y que parecen buscar la risa facilona. Sin embargo, el espíritu de esta novela no es otro que divertirnos y eso lo consigue, al menos en mi caso, al mismo tiempo que aprovecha para hacernos el retrato social de una época. 
   En fin, que si tenéis un ratito entre ida y venida, entre autobús y metro, entre una cosa y otra, y queréis "echaros unas risas", este pequeño libro ligero y ameno puede ser una buena posibilidad. Ya me contaréis.
   Este guion fue llevado al cine en 2011.

jueves, 12 de septiembre de 2013

La felicidad es un té contigo

Este libro de Mamen Sánchez me llegó por casualidad. Estas cosas que pasan, bastante a menudo, cuando ya has planeado una cosa concreta y surge algo que todo lo desbarata. Yo tenía, más o menos, un plan de ataque y tenía, más o menos, ganas de empezarlo. Sin embargo, este libro estaba encima de la mesa, por casualidad, y mi hada madrina bloguera me lo prestaba, por casualidad. Así empecé a leer esta historia que se presentaba como "la novela más alegre del año" y provocadora de carcajadas, aunque no fue así en mí caso, la verdad. 
   Empecé a leer con un poco de prevención por distintos comentarios de aquí y de allí. Aunque intento no dejarme influir, a veces me es muy difícil despojarme de "habladurías". Y me encontré con una historia diferente: vidas dramáticas en muchos casos, aburridas y rutinarias en otros, revestidas de un toque cómico, incluso esperpéntico, que hace que nos traguemos la píldora más fácilmente. Una historia que te hace sonreír de ternura en muchas ocasiones, pero que las más de las veces nos muestra una realidad bastante cruda envuelta en formato de comedia bastante agridulce.
   Pero no me malinterpretéis, es una novela agradable, amable y con mucho encanto; una novela que se disfruta, yo al menos así lo he hecho. Está escrita con un ritmo muy rápido, un lenguaje muy popular, lleno de expresiones de la calle, de abundancia de punto y seguido, de pocos diálogos y de mucha acción, que la hacen muy fácil de leer, muy ligera y muy cercana. A los personajes se les termina queriendo y a las situaciones, tolerando. A veces, son demasiado increíbles, como la del inspector del policía con el supuesto cerrajero, o la del inglés algo estirado que termina cantando flamenco en un tablao, rodeado de una familia gitana en los cármenes de Graná.
   Pero vayamos por partes. La historia nos cuenta cómo un editor británico decide abrir una revista literaria en Madrid para apoyar la expansión de su editorial aquí en España; de cómo contrata a cinco mujeres (a la cual más particular) para que se encarguen de sacarla adelante y de cómo, tras un rotundo fracaso, envía a su hijo (típico señorito inglés acostumbrado a participar en regatas y deleitarse con "manjares" del tipo sandwich de salmón ahumado con queso a las finas hierbas) a que cierre la revista y despida a sus empleadas. Lo que ingenian estas para evitarlo, los personajes que se entremezclan en la historia, el resultado final y, sobre todo y especialmente, los mantelitos de ganchillo que colocan estas mujeres encima de la fotocopiadora rayan el esperpento.
   Y sin embargo, fueron precisamente estos "desentonos" los que me arrancaron la sonrisa, o la sorpresa o, incluso, la desesperación ante determinadas actitudes o acciones, haciendo que me metiera mucho más en la novela: hasta les hubiera echado una bronca si hubiera podido. Cuando acabé el libro, pensé sinceramente que no había leído otra cosa que una típica comedia de enredo usada para envolver una serie de vidas y situaciones dramáticas y, por desgracia, bastante comunes, pero que me había dejado un buen sabor de boca.
   Sé que es un libro muy leído y muy comentado en diferentes blogs, precisamente por eso, espero como agua de mayo vuestra opinión. 
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