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domingo, 26 de junio de 2016

Panes que dejan un excelente sabor de boca

Así ha sido este Pan de limón con semillas de amapola: un buen "manjar". Lo disfruté a pequeños pellizcos, saboreándolo poco a poco en los ratitos que podía robar para leerlo; mordiscos que me dejaban siempre con ganas de más.
   Es curiosa la huella que dejan algunos libros. Después de mucho tiempo desde su lectura, quizás no recordemos algunos pasajes, pero no olvidamos la sensación final. Esa sensación será la que os cuente en esta ocasión, porque con tantos altibajos en la marcha del blog, con tantas interrupciones lectoras, ni siquiera mis notas me ayudan a escribir una reseña como Dios manda, es decir, con un cierto análisis objetivo. No, lo siento, todo serán sensaciones, subjetividades, recuerdos e impresiones.

Desmenuce
   
   Como ha ocurrido a lo largo de la Historia, el pan se convierte para estas hermanas en su alimento básico; será lo que las una tras una larga separación y lo que las acerque también a otras personas y a otras posibles vidas.
   Aunque el principio ya te cuenta el final, hasta llegar a ese desenlace pude disfrutar de todo un proceso de cambio, de las situaciones presentes y pasadas que me daban la pauta para entender la relación de Anna y Marina (aunque debo confesar que me pille un buen mosqueo al empezar la novela sabiendo ya parte del desenlace). Pero también nos acerca al resto de personajes que, en torno a la panadería que misteriosamente han heredado, van surgiendo poco a poco y aportando su grano de arena a la nueva vida de las dos hermanas.
   Cada capítulo empieza con una receta que contiene más que simples ingredientes y una elaboración determinada; encierran también las pautas del día a día para afrontar las circunstancias que se nos vienen en cima.
   Confieso, que algunos de los pasajes me resultaban previsibles o muy manidos; otros, muy familiares, vistos en más de una peli de sobremesa (de hecho, alguno que otro me recordó a Chocolat), pero la forma de escribir de Cristina Campos le daba el toque de naturalidad necesario, con un lenguaje cercano y actual, pero muy literario a la vez, además de ciertos guiños a una cultura televisiva común.


   
   Recuerdo disfrutar en general con los personajes, algunos arquetipos, otros más reales; encariñarme con algunos de ellos, entenderles, compartir sus reacciones. Recuerdo que me fue fácil meterme hasta las trancas en la historia, querer resolver el misterio de esa herencia (aunque esto solo fuera una excusa para contar todo lo demás), emocionarme o cabrearme con algunas de las decisiones tomadas. Recuerdo soltar alguna que otra lagrimita, pero alegrarme cuando la autora no se regodeaba en lo sensiblero; torcer el gesto, sin embargo, cuando detallaba lo sórdido para definir a un personaje. Recuerdo dejar escapar alguna que otra sonrisa, adivinar alguna que otra reacción, algún que otro secreto de familia.

    Cierre
   Pero lo más importante es que recuerdo haber cerrado el libro con satisfacción, con la sensación de haber disfrutado de la historia, con un suspiro final de "¡qué bonito!" y con las ganas de recomerdarlo a quienes quieran disfrutar de una buena lectura veraniega.

domingo, 17 de abril de 2016

Flores como bálsamo

Bálsamo, según la RAE, significa: consuelo, alivio, entre otras definiciones como: sustancia comúnmente aromática. Como consecuencia, Flores para la señora Harris, de Paul Gallico, ha sido para mí un bálsamo aromático en toda regla.
   Es cierto que casi cualquier libro puede ser un bálsamo, pero este en concreto llegó en el momento justo de curar anteriores lecturas, entre aburridas y decepcionantes, que me tenían tristona y desencantada. Como no esperaba nada, encontré casi todo, al menos, de lo que necesitaba en ese momento: entretenimiento, sonrisas, ternura por una historia cándida y alguna mueca de enfado; una buena mezcla para la recuperación.
   La señora Harris me cayó simpática nada más empezar la lectura. Su concepto sobre su propio trabajo como una tarea de importancia nacional era divertidísima; y su tesón y lucha por conseguir ese traje de ensueño comprado en la casa Dior de París, el típico argumento encantador de una antigua comedia de los años cincuenta. Su comportamiento maternal pero firme con todos a los que conoce, casi de antigua maestra de escuela, me despertaba ternura, la ternura de esas antiguas películas que veía de pequeña los sábados después de comer, sentada en el sofá del cuarto de estar, entre mi madre y mi abuela, mientras mi padre dormitaba en el sillón y mis hermanos jugaban o dormitaban también.
   La señora Harris, armada de escoba y plumero, lucha contra las adversidades como una auténtica enfermera diplomada lo haría contra una epidemia, y consigue reunir el dinero suficiente para ese gran sueño suyo de poseer el vestido de Dior más maravilloso del mundo. Sus pasos para lograrlo y su estancia en París mientras se hace realidad su sueño es lo que da cuerpo a esta novela, que se llena de personajes agradables, no demasiado profundos, pero lo suficientemente bien formados como para hacernos disfrutar de la historia.
   Como en esas comedias de las que antes hablaba, la ingenuidad del argumento no impide que se pueda disfrutar de magníficos momentos de humor, ese genial humor que no necesita de situaciones cómicas para hacernos reír, sino de una simple conversación de lo más cotidiana entre dos "señoras de la limpieza londinense" que, al parecer, y según el autor, era una especie tan particular y básica en los cimientos del Imperio Británico como las nanys o los mayordomos. La brillantez de muchos de sus diálogos, especialmente al principio del libro, han sido "la joya de la corona" de esta historia.
   No sé si la visión de este escritor norteamericano sobre el carácter británico era el "oficial" entre sus compatriotas, y tan solo buscaba resaltar esos tics que todos reconocerían y les harían reír, pero a mí me ha hecho disfrutar de lo lindo al elegir, de forma muy divertida, los típicos prejuicios ingleses hacia sus vecinos franceses, para desmontarlos más tarde y llegar a la conclusión de que no son tan distintos.
   Salvo algunos puntitos machistas propios, supongo, de la época en la que fue escrita (1958) y los momentos emotivos y de ensaltación de la bondad y la naturalidad que protagoniza nuestra increíble señora Harris, la novela me ha hecho disfrutar sin dobleces, sin excusas, sin análisis sesudos, de una historia simpática y sin pretensiones, simplemente centrada en proporcionar la sencilla necesidad humana de sonreír sin más, de pasarlo bien. Posiblemente también, de conseguir un buen guión para una película posterior, como así ocurrió.
   Aunque se pueden ver ciertos arquetipos comunes, ciertos guiños universales, la trama se centra en mostrarnos el poder de unas convicciones fuertes, la seguridad de una conciencia tranquila y el orgullo de saber que se hace lo correcto.
   Imagino que expertos analistas sacarían la moralina de esta historia y la puntuarían de acuerdo a su originalidad o a su valor literario. Pero yo solo quería hablaros de su valor terapéutico para una lectora que necesitaba pasarlo bien de nuevo con un libro. Espero haberlo conseguido.

jueves, 28 de agosto de 2014

Ellas fueron su suerte, pero no la mía

Pocas veces me ha costado tanto esfuerzo describir un libro, las sensaciones que he tenido, mi opinión. Decir si me gusta o no es muy fácil, explicar el por qué, ya no lo es tanto. Me cuesta trabajo explicar la sensación de irrealidad que me ha producido su lectura, no porque su argumento sea de ciencia-ficción, sino porque no he sido capaz de creerme nada de lo que su protagonista me contaba. Lo siento, mea culpa.
   Juan, completamente hundido tras la muerte de su esposa, escucha un programa de radio que le cambia la vida, eso y una pastillita milagrosa que le receta su psicóloga y que le deja más feliz que unas castañuelas. Después de siete meses de llanto y depresión continuos, la pastillita en cuestión le da un ánimo inesperado que le ayuda a participar en un programa de radio nocturno a partir del cual inicia una serie de contactos con mujeres maduras (y no tanto) que le cambian la vida completamente.
   Y aquí es donde empieza una vida de adolescente "desmelenado" que me resulta increíble en un sesentón viudo que se ha pasado la vida al lado de su mujer a la que, por cierto, no olvida en toda la novela, excepto cuando se va de ligoteo con unas y con otras.
   La cantidad de mujeres de todo tipo y condición que pasan por su vida y que se quedan encantadas con él me resulta muy poco creíble. Imagino que debe de ser un tipo guapetón e interesante porque no deja títere con cabeza, aunque haya alguna que solo busque su dinero, pero son las menos.
   Todo esto puede ser fruto de mi ignorancia, simple y llanamente, y que haya por ahí más de uno que piense que no tengo ni idea de como va el mundo. Es cierto. Pero es que ninguno de los casos que he conocido se parece, ni de lejos, al "trajín" amoroso de nuestro incansable Juan, jaleado además por sus hijos varones (que ya hubiéramos visto si se tratase de su madre). Ni por un momento discuto el derecho de Juan a rehacer su vida y a disfrutarla al máximo, faltaría más, solamente me ha parecido más el sueño de un sesentón liberado que la realidad de un recién enviudado.
   Aparte del argumento, la historia está bien escrita, bien hilvanada, con un lenguaje sencillo y cercano, donde destaca sobre todos el personaje protagonista, Juan, mientras que los demás quedan esbozados y algo planos a su lado.
   Elegí Ellas son mi suerte, de J. M. Cervera, como parte del reto "Serendipia recomienda" porque representaba nuevas oportunidades a cualquier edad y porque me fiaba muchísimo de quien lo recomendaba, pero evidentemente no era una lectura para mí, quizás me queda demasiado lejos esta situación, quizás mis expectativas iban por otros rumbos. Sea como sea, yo he cumplido mi reto y he conocido un mundo diferente. ¿Conocíais esta obra? ¿Cual ha sido vuestra impresión?

domingo, 4 de mayo de 2014

Un reto y un bonsái

Cuando me sumé al reto de Serendipia recomienda, elegí este título como una de las lecturas porque venía descrito como un libro divertido, que hacía reír y hacía pensar. Yo venía de maravillarme con Mil soles espléndidos, pero había sentido tanto y tan fuerte con esta novela que necesitaba un respiro, alguna válvula de escape. Y así fue como me encontré frente a Un bonsái entre tú y yo, de F. J. Rohs.
   La historia está narrada con toques de humor y nos presenta a un padre de dos hijos casi adolescentes que decide pasar las vacaciones en un pueblecito (Dreamville, nada menos) tranquilo y sencillo, para alejarse de todo el estrés y la pesada carga que supone la gran ciudad. Aquí conoce a Collete, también con hijos, que se convierte en su mejor amiga y que le hará pasar un verano inolvidable junto al entrañable profesor que les enseñará las técnicas del cuidado de los bonsáis.
   Con un lenguaje ágil, de expresiones muy cercanas, a veces un poco atropellado, como si el protagonista estuviera hablando con sus colegas, iremos conociendo los "entresijos" de la mente de Kevin y sus "sesudas" reflexiones filosóficas dirigidas a "sesudos investigadores de la Universidad de Milwaukee y Oklahoma".
   En general, la historia es bastante típica. La hemos visto miles de veces en esas pelis para la televisión que nos tragamos los domingos después de comer con la idea de dar una cabezadita. Pero su lenguaje ligero y la forma divertida de contarlo hacen que, como ocurre a veces en esas pelis domingueras, nos enganchemos y no podamos dejar el libro. El argumento, las escenas, algunos diálogos, los hemos visto miles de veces en comedias románticas y familiares. Sin embargo, no me ha producido ningún rechazo, al contrario, me ha resultado muy entretenida y agradable. Todo tiene cierto aire de película hollywudiense: la descripción del entorno, los nombres de los protagonistas. Crees estar en una comedia de Meg Ryan y, de repente, te saltan a la cara referencias tales como el pirata Garrapata, el chorizo en la cesta del pinic o Benji y Oliver. Los ojos se me pusieron como platos.
   Es verdad que está llena de tópicos: la Harley, la sabia y eficaz profesora de los niños y, especialmente, el sabio maestro de los bonsáis. Pero la narración es tan agradable y simpática que no me ha importado en absoluto presuponer la historia. Quizás fuera mi estado de ánimo, predispuesto al algodón de azúcar, o mi necesidad de simple diversión, o las dos cosas, pero el caso es que me he divertido, me he relajado y he pasado un rato agradable. Y esa es también una de las finalidades de un libro, ¿o no?
   El espíritu necesita, a veces, sonreír, relajarse y pasar un buen rato, sin más pretensiones. Si os encontráis en este caso, este libro podría ser una buena opción. 

domingo, 3 de noviembre de 2013

La perfecta terapia de escribir listas

Olivia o la lista de los sueños posibles, de Paola Calvetti, llegó a mis ojos a través de uno de esos miles de listados que aparecen en revistas y otras publicaciones y sobre los que solía volar de pasada porque siempre me encontraba los mismos títulos. Quizás por eso, cuando mis ojos se chocaron con una autora italiana y con una protagonista que se dedicaba a escribir listas para organizar su vida, no pude resistirme a conseguirla.
   Quienes me conocen bien saben de mi adicción a este mecanismo de control (¡No te rías Laura!). Hago listas para todo: para la compra, para las tareas de casa, para los regalos de cumpleaños, para organizar la maleta, para recordar mis deberes, para organizar mi cabeza, para no volverme loca, para hacer régimen. Esos mismos que me conocen bien saben que no hago caso de ninguna de ellas o que las rehago y reescribo infinidad de veces, porque cada nueva vez me surgen nuevas ideas "imprescindibles" que no había incluido las veces anteriores. En fin, un desastre absoluto. Y sin embargo, no puedo vivir sin ellas.
   Esta conexión que sentí con la protagonista de la novela hizo que me pusiera manos a la lectura tan pronto como conseguí el libro y que dejara un poco abandonado el que tenía entre manos en ese momento. Según leía una página tras otra, comprobaba cómo esa conexión crecía por momentos, no solo por las listas, sino por otros rasgos de Olivia que me resultaban muy, muy familiares. Aunque la novela me ha defraudado un poco porque me ha resultado un tanto ligera, pocas veces me he visto retratada de esta manera en un personaje ficticio, porque es ficticio, ¿no? Estoy segura de no conocer a la autora. Ha sido una sensación extraña verme retratada en algunas escenas de la novela, con mis neuras, mis miedos, y algunas de mis experiencias vividas. 
" (...) me doy cuenta de que, (...), no se trata tan solo de una cuestión de trabajo, sino más bien de mi 'puesto en el mundo' ".
 "Me estoy convirtiendo en una vintage".
   Sin embargo, la sensación que he tenido a lo largo de todo el libro ha sido que había que haber vivido algo parecido para sentirse conectado con la protagonista. En general, la historia me ha resultado ligera.
   
   Olivia se queda sin trabajo y, perdida, se refugia en una cafetería en donde se pasa prácticamente todo el día, con miedo a marcharse, intentando poner orden en su vida, con sus listas, con el recuerdo de su abuela, con la que habla de vez en cuando, y con su su polaroid, de la que colecciona todo tipo de fotos al instante. No se trata en ningún momento de un conjunto de lamentos y lloriqueos, ¡Ni hablar! La autora incluye muchos guiños al sarcasmo, por ejemplo, me han gustado los retratos que hace de las personas que van pasando por el bar mientras ella está allí, yo misma me los he encontrado miles de veces. Pero cuando intenta reflejar los pensamientos, sus pensamientos, lo hace de forma confusa y no consigue conectarnos con el personaje. A veces, cuesta entenderla, quizás sea su forma de reflejar la confusión mental de la protagonista ante una situación difícil, pero a mi modo de ver solo confunde al lector. 
   De forma paralela, aparece otro personaje, Diego, que nos cuenta su propia historia, también con sus quebraderos de cabeza, sus recuerdos más amargos, sus preocupaciones llevadas a cuestas desde la infancia, y su día de desesperación. Ellos están entrelazados, sin encontrarse hasta el final, como por arte del destino. 
   Los mimbres de la novela son buenos: dos personajes atravesando una situación difícil, sus sentimientos más íntimos, cierta conexión lejana entre ellos, pequeñas situaciones cotidianas que todos conocemos, etc., pero sin conseguir la profundidad necesaria para meterte totalmente en la historia.
   ¿Os recomiendo su lectura? Por qué no. Es una novela fácil de leer, entretenida en muchos de sus pasajes, con un punto de esperanza. En mi opinión, es buena para esos momentos perdidos, de viaje en el metro o en el tren, o mientras esperamos a que llegue ese amigo impuntual. ¿Alguno de vosotros la conocía?

jueves, 12 de septiembre de 2013

La felicidad es un té contigo

Este libro de Mamen Sánchez me llegó por casualidad. Estas cosas que pasan, bastante a menudo, cuando ya has planeado una cosa concreta y surge algo que todo lo desbarata. Yo tenía, más o menos, un plan de ataque y tenía, más o menos, ganas de empezarlo. Sin embargo, este libro estaba encima de la mesa, por casualidad, y mi hada madrina bloguera me lo prestaba, por casualidad. Así empecé a leer esta historia que se presentaba como "la novela más alegre del año" y provocadora de carcajadas, aunque no fue así en mí caso, la verdad. 
   Empecé a leer con un poco de prevención por distintos comentarios de aquí y de allí. Aunque intento no dejarme influir, a veces me es muy difícil despojarme de "habladurías". Y me encontré con una historia diferente: vidas dramáticas en muchos casos, aburridas y rutinarias en otros, revestidas de un toque cómico, incluso esperpéntico, que hace que nos traguemos la píldora más fácilmente. Una historia que te hace sonreír de ternura en muchas ocasiones, pero que las más de las veces nos muestra una realidad bastante cruda envuelta en formato de comedia bastante agridulce.
   Pero no me malinterpretéis, es una novela agradable, amable y con mucho encanto; una novela que se disfruta, yo al menos así lo he hecho. Está escrita con un ritmo muy rápido, un lenguaje muy popular, lleno de expresiones de la calle, de abundancia de punto y seguido, de pocos diálogos y de mucha acción, que la hacen muy fácil de leer, muy ligera y muy cercana. A los personajes se les termina queriendo y a las situaciones, tolerando. A veces, son demasiado increíbles, como la del inspector del policía con el supuesto cerrajero, o la del inglés algo estirado que termina cantando flamenco en un tablao, rodeado de una familia gitana en los cármenes de Graná.
   Pero vayamos por partes. La historia nos cuenta cómo un editor británico decide abrir una revista literaria en Madrid para apoyar la expansión de su editorial aquí en España; de cómo contrata a cinco mujeres (a la cual más particular) para que se encarguen de sacarla adelante y de cómo, tras un rotundo fracaso, envía a su hijo (típico señorito inglés acostumbrado a participar en regatas y deleitarse con "manjares" del tipo sandwich de salmón ahumado con queso a las finas hierbas) a que cierre la revista y despida a sus empleadas. Lo que ingenian estas para evitarlo, los personajes que se entremezclan en la historia, el resultado final y, sobre todo y especialmente, los mantelitos de ganchillo que colocan estas mujeres encima de la fotocopiadora rayan el esperpento.
   Y sin embargo, fueron precisamente estos "desentonos" los que me arrancaron la sonrisa, o la sorpresa o, incluso, la desesperación ante determinadas actitudes o acciones, haciendo que me metiera mucho más en la novela: hasta les hubiera echado una bronca si hubiera podido. Cuando acabé el libro, pensé sinceramente que no había leído otra cosa que una típica comedia de enredo usada para envolver una serie de vidas y situaciones dramáticas y, por desgracia, bastante comunes, pero que me había dejado un buen sabor de boca.
   Sé que es un libro muy leído y muy comentado en diferentes blogs, precisamente por eso, espero como agua de mayo vuestra opinión. 

miércoles, 28 de agosto de 2013

Creo que podré olvidar Misión Olvido

Cuando supe que María Dueñas había publicado su segunda novela, me entraron unas ganas terribles de leerla. El tiempo entre costuras me gustó muchísimo. Aunque no me pareció una obra maestra de la literatura, sí me pareció un libro original, con una historia que conseguía engancharte y entretenerte, y me mostró una nueva forma de escribir, ligera, precisa, cercana y muy correcta.
   Eso mismo esperaba de esta segunda novela. Pero siento decir que  no ha sido así. Su forma de escribir, sin embargo, sigue siendo la misma. Resulta agradable y fácil de leer, sin grandes frases complejas y subordinadísimas, sino con un lenguaje preciso, claro y cercano, pero para nada vulgar. Sin embargo, la historia me ha perecido muy corriente, vista mil veces en series y películas de televisión, con personajes arquetipos (como el de D. Carter, un hombre atractivo y transgresor, típico galán maduro) y con actitudes también muy manidas (el viaje de este personaje por Aragón, siguiendo los escritos de R. J. Sender, deslumbrado por el pueblo llano y queriendo empaparse de sus costumbres, está ya un poco trillado).

   El principio del libro me gustó. Creo que describe muy bien la angustia de una mujer madura que ve rota toda la estructura de su vida, lo desorientada que se siente y lo perdida que está ante la forma de resolver la situación. Pero la historia va perdiendo fuerza y credibilidad, en mi opinión, con un montón de arquetipos que hemos visto mil veces en libros, películas e historias sobre vidas rotas que tratan de empezar de nuevo: un país diferente al de la protagonista, una relación que no se quiere tener pero se tiene, un conflicto contra un "grande" que enfrenta a David con Goliat (en este caso una gran superficie comercial que quiere acabar con un antiguo barrio de la ciudad), etc.
   Bien, empecemos por el principio: el argumento. La protagonista, Blanca Perea, tras ser abandonada por su marido después de más de veinte años de relaciones, se marcha a trabajar a Estados Unidos como investigadora en la universidad californiana de Santa Cecilia, para ordenar y sacar a la luz el archivo personal de Andrés Fontana, un profesor español que emigró a California durante la dictadura de Franco y terminó su vida profesional en esta universidad, obsesionado en sus últimos días por una antigua misión jesuita española de la que no quedan restos. En medio de todo esto, conoce a D. Carter, estudioso de España y de R. J. Sender, que vivió su juventud en nuestro país, en los años cincuenta, donde encontró el amor de su vida (la historia de cómo consigue casarse con este amor es de comedia de Billy Wilder) y a Rebeca Cullen, una profesora que le dará un punto de vista tranquilo y muy "zen", junto a otros personajes también bastante manidos. En definitiva, me ha resultado una novela floja y previsible. En ocasiones, la propia autora cree necesario justificar algunos de los pasajes, como si ella misma se diera cuenta de lo forzado de la situación: "Todo esto es muy irregular (...)", pág. 294.
  ¡Ay qué poco me gusta hacer este tipo de comentarios! Sinceramente. Por eso, no quiero cerrar esta entrada de forma tan negativa. María Dueñas es una buena escritora y esto siempre termina saliendo a flote. Si bien el argumento y la historia me han parecido bastante débiles, su manera de relatar y describir sentimientos es excelente y consiguió que deseara acabar la novela y que, a pesar de todo, mantuviera mi interés por el desenlace final, aunque este también me haya parecido muy predecible.
   Para terminar, una frase de la autora "tocar el alma", en mi caso, no se ha cumplido. Seguro que muchos de vosotros pensáis totalmente diferente. Si es así, me encantaría conocer vuestro punto de vista. Al fin y al cabo, esto es "solo una opinión personal".

lunes, 1 de julio de 2013

El maestro del Prado

No era la primera vez que leía un libro de Javier Sierra, así que conocía su personal visión, entre mística y mágica, de la realidad. No iba engañada, la verdad. Y precisamente por eso, tenía tantas ganas de leer este libro, porque imaginaba una visión completamente distinta del Prado. Y eso me atraía, y mucho.
   El Prado siempre ha sido un lugar muy especial para mí. Desde que era muy jovencita, pasaba allí muchas horas (horas perdidas entre clases, o entre trenes) paseando por las galerías y mirando mis cuadros preferidos. Con este libro, esperaba verlo todo de otra manera. Y vaya si lo he hecho.
   La historia nos presenta a un joven estudiante que suele visitar asiduamente el Prado y que un día, de repente, conoce a un hombre misterioso que se ofrece a mostrarle el "auténtico" significado de algunos cuadros, lo que le lleva a verse metido de lleno en una serie de situaciones extrañas que no consigue explicar. Para quien guste de lo mágico y de lo misterioso, este es su libro, para mí, que soy algo más terrenal, a veces me ha parecido demasiado "imaginativo". Las conversaciones entre "el maestro" y su discípulo llegan a ser a veces demasiado fantásticas. Que conste que no es algo que me moleste, soy bastante fantástica yo también, pero cuando ya hablamos de cábala, de amuletos mágico-sagrados, de profecías sobre el fin del mundo, de cuadros como puertas abiertas al más allá, me pierdo un poco. Además, el uso de la iconografía para explicar el lado mágico de algunos cuadros está un poco cogido por los pelos. Hay teorías que se apoyan en detalles que pueden ser una cosa y también su contraria, según quien lo cuente.

   Pero lo que sí puedo decir es que, a mí personalmente, me ha servido para descubrir cuadros que, antes, habían pasado totalmente desapercibidos ante mis ojos, o que tenía arrinconados por resultarme especialmente "densos" o "inquietantes". Uno de ellos era El jardín de las delicias, del Bosco. Nunca había podido estar más de un minuto delante de este cuadro. Me sentía agobiada, sobrepasada por tanto pequeño detalle que analizar. Ahora, sin embargo, os puedo asegurar que lo veo de una forma completamente diferente, de una forma que jamás hubiera imaginado, con una interpretación distinta a la que tenía. Lo que sí tengo que agradecer a esta novela es todo lo que he aprendido sobre la historia de algunos cuadros, o de algunos lugares tan especiales como la biblioteca de El Escorial. No se puede negar que el autor es muy meticuloso a la hora de documentarse sobre lo que escribe.
   ¿Os recomendaría leer el libro? Pues sinceramente, no lo sé. Yo misma no sabría deciros si el libro me ha gustado o no. Creo que es interesante y que está bien escrito. A veces me ha resultado un poco lento, con demasiados datos y, otras veces, me enganchaba con alguna situación misteriosa. Pero me quedaría contenta si os he dado datos suficientes como para que decidáis por vosotros mismos. ¿Alguno de vosotros lo ha leído ya? ¿Cual es vuestra  opinión? ¡Ánimo! Espero vuestros comentarios.


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