Por fin, lo consiguió. Era algo que le traía al pobre a maltraer; hasta de rodillas se pone para pedirle al ventero-señor del castillo que le arme caballero.
En este episodio, tan a pecho se toma don Quijote el hecho de velar las armas que se pasa un buen rato bajo la luz de la luna custodiándolas y, de paso, arreando dos buenos mamporros a dos arrieros que, ¡válgame Dios! querían dar de beber a sus bestias, justo dónde don Quijote había puesto sus armas. ¿A quién se le ocurre? Y todo esto sin alterarse el yelmo:
"(...) soltando la adarga, alzó la lanza a dos manos y dio con ella tan gran golpe al harriero en la cabeza, que le derribó en el suelo (...). Hecho esto, recogió sus armas y tornó a pasearse con el mismo reposo que primero".¡Tan pichi! Como si no hubiera hecho nada, el buen señor. Claro, que a cambio le cosieron a pedradas, menudos son los arrieros cuando les tocan ... la moral. Se podría haber armado allí la marimorena, si no hubiera sido por el ventero que consiguió calmar a los huéspedes, y a don Quijote armarlo caballero, a todo correr, y convencerle de que ya iba siendo hora de que se marchara a buscar aventuras, que ya estaba tardando.
Por cierto, es en este capítulo cuando encontramos, por primera vez, la expresión "follón" que don Quijote usó más de una vez:
¿Vamos a por el siguiente capítulo? Esto promete...
" También Don Quijote las daba mayores, llamándolos de alevosos y traidores, y que el señor del castillo era un follón y mal nacido caballero, pues de tal manera consentía que se tratasen los andantes caballeros (...),"No digáis que no era "salao", jejeje.
¿Vamos a por el siguiente capítulo? Esto promete...




