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jueves, 16 de octubre de 2014

El llanto de la isla de Pascua

Foto tomada de www,altiviajes.cl
José Vicente Alfaro tiene la habilidad de elegir esos temas que me traen por la calle de la amargura: países lejanos y culturas exóticas. 
   Hace tiempo volví del Tibet bastante contenta con la experiencia y hace apenas un par de días que he llegado de la Isla de Pascua con la cabeza llena todavía de su magia y su misterio.
   José Vicente tiene una forma de contar muy cercana, ligera y fácil que me ha hecho disfrutar mucho de la descripción de algunos paisajes verdaderamente increíbles: describe una puesta de sol que se ha convertido en un sueño que quisiera cumplir. Me ha hecho trepar por paredes escarpadísimas, arrastrarme por cuevas profundas, enfrentarme a una acusación de asesinato y, lo que más me ha gustado de todo, participar en una excavación arqueológica.
   Bueno, realmente todo esto lo ha hecho Germán Luzón de Estrada, un importante arqueólogo español que, mientras forma parte de un gran proyecto de excavación, no solo ve como cambia su vida profesional sino también la personal, además de sentir sobre sí mismo todo el peso de los misterios encerrados en la cultura rapanui. Pero lo he vivido como si hubiera sido yo misma.
   El autor nos mete de lleno en esta cultura intercalando sus aventuras con pequeños relatos contados por los habitantes originarios de la isla. Además ha elegido una de las posibles teorías sobre el origen de la cultura rapanui y de sus famosísimas esculturas y nos la cuenta a través de sus conversaciones con la pequeña Maeva, lo que lo hace más ameno y no interrumpe la marcha natural del argumento.
   He echado en falta, sin embargo, un poco más de pasión y sentimiento en algunas escenas realmente intensas, como un hecho crucial en la vida del protagonista o en el momento en que peligra su vida. Pero el ritmo ágil de la historia te hace seguir adelante para seguir descubriendo lo que pasa.
   La historia es de lo más interesante, os lo aseguro, de estas que te atrapan en cada capítulo, aunque me hubiera gustado un poco más de profundidad en los personajes que la protagonizan. Había aspectos de sus vidas que apenas aparecían y que les hubieran dado más carácter. 
   El detalle de Alfaro en la descripción de los paisajes, de los rituales rapanui, de las calles de la ciudad es absoluto y todavía tengo en mi mente las imágenes que me he creado sobre esta isla. Ha sido sin duda, el aspecto que más he disfrutado del libro.
   Y aunque el final me haya parecido un tanto atropellado y lo hubiera agradecido más elaborado, he disfrutado de esta novela sin ninguna duda. Posiblemente haya sido por esto por lo que me quedé con ganas de más, porque me ha sabido a poco.

domingo, 27 de julio de 2014

Todo lo que puede encerrar el Tibet

Este libro se cruzó conmigo varias veces a lo largo del invierno. Me lo encontré reseñado en varios blogs y me hablaron de él algunos amigos. Sabía que tarde o temprano terminaría poniéndole las manos encima, pero, como ya he dicho muchas veces, creo que son los libros los que me eligen a mí y no al revés, aunque en ocasiones parezca lo contrario. Así que, solamente cuando él quiso, se me presentó la oportunidad de hacerme con él, casi sin poder evitarlo, pero esa es otra historia.
   A estas alturas, seguro que la mayoría de vosotros ya conoce la historia del pequeño Thupten, de lo que le sucede a su familia y a su hermano Chögyam, la manera en la que se queda completamente solo y cómo debe hacer frente al tiempo pasado con el proscrito Wangchuk; cómo su vida se cruza con la del lama Lobsang y el monje Dorjee, cuando estos van en busca de la reencarnación del último karmapa, fallecido ya hace seis años.
   Empecé a leer la novela con ganas. El último karmapa estaba a punto de dejar este mundo y se despedía de sus fieles. Este comienzo ya me enseñaba cosas desconocidas para mí sobre el budismo, con el mismo ritmo pausado y tranquilo que yo relacionaba con esta religión y con un lenguaje claro y ligero. De repente, la historia cambiaba de escenario, me llevaba a una pequeña aldea, a una humilde familia, a un desfiladero, y esa tranquilidad y esa calma daban un vuelco enorme y todo se transformaba en una escena impactante que me dejaba el corazón en un puño. ¿Qué les pasaría a sus protagonistas? ¿Habría esperanza para ellos? Después, otro salto más, en el ritmo y en la historia. Llegué a la paz de un monasterio de la mano de su abad, quien regresaba después de muchos meses de predicar y extender la doctrina budista. Gracias a él empecé a conocer muchos de los principios que rigen esta religión, muchas de sus normas, de sus leyes. Y así he pasado el resto de la novela, saltando de momentos tensos y difíciles a otros de enseñanzas, de explicaciones, de conocimiento.
   No solo los escenarios son diferentes, lo son también sus protagonistas. Unos tienen que luchar por sobrevivir a cualquier precio. Otros tienen que enfrentarse a los problemas de una comunidad religiosa en la que también hay rencillas y corazones oscuros (y es que en todas partes cuecen habas) y en dónde hay que tratar de mantener firmes los principios de toda una filosofía de vida. La historia de la búsqueda del nuevo karmapa se cruzará con las vivencias de dos pequeños tibetanos que han perdido a su familia. Cuando estos personajes se encuentran es cuando toma sentido el título de esta novela y es cuando la esperanza de todo lo que se encierra en el Tibet y en sus gentes se pone en marcha para hacer frente a los obstáculos que tendrán que vencer los protagonistas. 
   El paisaje del Tibet, las costumbres de sus pobladores, los principios y normas del budismo son la base de esta historia, sus cimientos, lo que da sentido a lo que se narra. Por eso he echado en falta algo más de pasión, de implicación por parte del autor. A veces, me parecía estar leyendo un reportaje periodístico, objetivo y algo distante. La manera de darnos a conocer las normas y costumbres budistas debería ser más natural: aunque es buena idea que sea a través de las enseñanzas de un maestro a su discípulo, en ocasiones, me resultaba un poco forzada, con más información que sentimientos.
   Pero no os engañéis, he estado pegada a sus páginas todo el tiempo; ha habido acción e intriga suficientes para mantener toda mi atención. Quizás por eso el final me ha sabido a poco, me ha parecido algo precipitado. Me hubiera gustado saborearlo algo más, que se detuviera un poco más en los momentos de tensión y también en la felicidad de los protagonistas cuando los superan. Pero, ya sabéis, nunca llueve a gusto de todos. ¿Cuales fueron vuestras impresiones?
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