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domingo, 29 de junio de 2014

Un gran reto

Tengo que confesar que me asusté un poco cuando tuve este libro entre las manos: era grande, pesaba bastante y tenía 657 páginas, nada menos. Como parte del reto del mes de novela histórica propuesto por Laky en Libros que hay que leer, me había comprometido a leerlo y reseñarlo dentro de este mes y tuve la fuerte sensación de que no sería un libro ligero que podría "ventilar" en un par de sentadas. Y no me equivoqué.
   La historia es una historia de intrigas, traiciones, alguna que otra historia de amor y la lucha por un territorio. El reino cristiano de Asturias tiene que hacer frente a la muerte de su rey Alfonso II y a la sucesión al trono. Al mismo tiempo, Abderraman II, emir de Córdoba, maneja los hilos oportunos para que esa sucesión le beneficie y poder extender aún más su poder. De esta forma, José Javier Esparza nos cuenta cómo Ramiro I tiene que luchar por el trono de Asturias, frente al usurpador Nepociano, mientras en la corte de Córdoba, a su vez, la favorita del emir, Tharub, confabula con el eunuco Nasr Abu-el Fath para derrocar al heredero Mohamed y que su hijo Abdalá sea el elegido. No está mal, ¿verdad?
   Nada más empezar a leer me di cuenta de que no era una historia sencilla, de que necesitaría calma y tiempo para saborearla como se merecía. La narración ganaba por goleada a los diálogos, el lenguaje era un lenguaje bastante culto, a veces con metáforas un poco "floridas", pero todo fluía de forma muy natural, no resultaba farragoso ni pedante (es agradable encontrarse con una buena gramática que no esté influida por el inglés), las descripciones de las batallas y de su preparación era demasiado detallista para mi gusto y, a veces, me resultaba muy densa. Sin embargo, me tenía atrapada y era incapaz de dejar de leer porque todo estaba lleno de detalles sobre la forma de vida de aquella época, sobre lo que suponía luchar por tu casa y tu tierra día tras día y año tras año, no importaba el bando. Y esto, para los que amamos la Historia, era un regalo. No, no iba a ser una novela ligera.

   Lo que pasaba en las dos cortes, la cristiana y la mora, se alternaba a lo largo de la novela. Fui conociendo, casi a la vez, lo que se cocía en cada una de ellas, las diferencias en la forma de vida, costumbres y leyes, y la similitud en el ansia de poder, en las traiciones o en las intrigas de palacio. Era la inteligencia de los tres hombres principales y, especialmente, de las mujeres que les acompañaban, lo que marcaba el desarrollo de la novela. Ellos era hombres fuertes, inteligentes y decididos, pero las mujeres que estaban a su lado eran tan decisivas como ellos, aconsejándoles e, incluso, tomando decisiones por su cuenta. Eran mujeres fuertes que luchaban por sobrevivir y por cambiar el destino que los hombres habían marcado para ellas. 
  Según iba leyendo iba creando el retrato de cómo debía de ser la vida de las personas en esos años, siempre en guerra, siempre luchando. Veía la imagen de los campos de la naciente Castilla, en la frontera con Al-Ándalus, enormes, desolados y arrasados continuamente por las razias moras, defendidos como podían por pequeños señores feudales que llegaban a serlo precisamente por organizar la defensa de esos territorios. Veía también el contraste con la corte de Córdoba, culta, refinada, majestuosa, pero también amenazada por las luchas entre clanes y pequeños reyezuelos que buscaban aumentar su propio poder frente al emir, igualmente llena de crueldad y mano dura para poder gobernar y controlar todo eso.
   
La historia real se mezclaba perfectamente con la inventada. Todos los personajes, históricos o no, tenían detrás una historia que les armaba de realidad y les hacía de carne y hueso, y explicaba muchas de sus acciones. Las costumbres y la forma de vida de la época se me presentaba de manera muy real en medio de la historia, a través de los pensamientos de los protagonistas, de sus valores o de sus miedos. Todo iba encajando a las mil maravillas para poder cumplir mi reto.

   Pero siempre hay algún escollo y, para mí, ha sido la crudeza en la descripción de las batallas y del saqueo de poblaciones. Entiendo que hay que ser realista en la descripción de una guerra, pero no me acostumbro a los detalles tétricos y desagradables. Otros dirán que es indispensable para entender la forma de vida en la que se movía aquella gente. Es cierto, pero me cuesta. Como me ha costado la parte en la que se prepara la batalla, en la que se hacen los planes estratégicos, en la que se forjan las fidelidades y las traiciones. Hay momentos trepidantes, pero otros se detienen demasiado en pensamientos y reflexiones de los personajes.
   Y entonces me voy acercando al final. Veo cómo las hojas se van agotando y cómo se van resolviendo las distintas tramas. Y cuando creo que ya todo acaba y que el autor está atando cabos, aparece un elemento nuevo que añade una nueva intriga o un nuevo misterio en la historia. El final no va a ser tan sencillo, ¡ni hablar!, el final se hace rogar, me tiene en tensión hasta la última hoja y, cuando llega, no me defrauda en absoluto. ¿No es encanta que pase eso?

Muchísimas gracias a La esfera de los libros por hacérmelo llegar con la rapidez del rayo.
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