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miércoles, 31 de julio de 2013

Relatos de verano. El cierre

Llega el momento de cerrar este experimento del diario veraniego. Mañana empieza agosto y tengo que dedicar las mañanas a otros menesteres. Pero, quizás no sea un cierre definitivo, qui lo sa.
   Para despedirme de esta experiencia, he elegido una noticia que escuchaba esta mañana en la radio, mientras paseaba por la orilla del mar, y que me ha dejado "ojiplática". Al parecer, el libro del verano en el Reino Unido de la Gran Bretaña es Las 50 sombras de Grey, no sé si lo conocéis, (¡ejem!). Pues bien, tanta ha sido su fama que los bomberos británicos no paran de "atender" a parejas que ponen en práctica los consejos amatorios de dicho libro, y se pasan el día, alicates en mano, rompiendo las esposas que los enfebrecidos amantes se colocan, en un arrebato de pasión, sin pensar antes dónde dejar las llaves para cuando acabe el "himeneo". 
   ¿Hasta ese punto llega el poder de persuasión de la lectura? Nunca lo hubiera imaginado, la verdad. Había oído hablar de la influencia de los videojuegos, del uso excesivo del móvil, del atontamiento de la televisión, pero de que la lectura de un libro provocase estos arrebatos amatorios, me ha dejado patidifusa. Me da miedo pensar en lo que pueden llegar a hacer los seguidores de Crepúsculo.
   Sea como fuere, creo que siempre es bueno que un libro pueda influir de la misma forma que una serie de televisión famosa, una "peli" de éxito o cualquier otra moda. Eso me hace albergar esperanzas de que, con el tiempo, influyan también escritores como Dickens, Galdós, Cervantes, entre otros miles. ¿O es mucho soñar?

martes, 30 de julio de 2013

Relatos de verano. Moda playera

Todos los años me fijo muy mucho en las modas que se llevan en la playa, no porque vaya a seguirlas sino para saber cuánto me estoy alejando de ellas y tratar de remediarlo un poco. La moda y yo no nos entendemos muy bien.
   Al grano. Las modas playeras imponen ciertas normas que hay que seguir si quieres fardar en tus vacaciones. Primero fueron los sombreros tipo "Los gavilanes" acompañados de camisolas de playa de motivos animales. Después fueron los sombreros tipo borsalino, preferiblemente blancos, a juego con gafas de sol tipo "estrella de cine, pero que no vea nadie". En los últimos años, predominaba el moño alto, muy alto, con pareos atados al cuello, gafas de sol negras tamaño ¡qué barbaridad! y perrito pequeño con correa extensible, aunque se prefiera llevarlo en brazos. Este verano es el bikini ¡Ni se te ocurra ponerte un bañador! Si tienes flotadores que recoger, ¡Te aguantas! No se venden bañadores, te las arreglas con los que ya tienes. 
   En los libros ocurre lo mismo. Ayer, mientras leía el post de Las modas en el mundo literario, del blog Mucho ruido y pocas nueces, me di cuenta de hasta donde llega la dictadura de la moda.
   Por lo que he podido ver en la playa, Dan Brown es "el rey del mambo", seguido muy de cerca de la revista de Ana Rosa. Y, entre los caballeros, el Marca, salvo algún despistado que lee algún diario de tirada nacional. Pero lo que de verdad se lleva este verano, reinando con total impunidad sobre cualquier tendencia es NO LEER NADA. Sí, sí. La falta de libros, e-books, revistas o periódicos es algo me ha dejado boquiabierta. Espero que esta tendencia cambie a lo largo del verano. Bastante destaco ya con mi bañador "anti-lujuria" como para hacerlo también con mi libro de pasta dura y unas 500 páginas.

lunes, 29 de julio de 2013

Relatos de verano. Moros y cristianos

Ayer por la tarde me las prometía yo muy felices: una buena ducha para refrescarme, el autobús hasta el puerto y una tarde de compras en el mercadillo. Nada más lejos de la realidad. Cuando asomé mis naricillas por el susodicho, había allí toda una marabunta de gente dispuesta a conseguir las mejores gangas veraniegas a los excelentes precios de 1€, 2€, 5€, etc. Lo que no llegué a averiguar era si la calidad de la mercancía era como el precio. En fin, que cuando intenté acercarme a un puesto de "cachiperres" (en honor de mi amiga Azucena), un codo justiciero metido hasta el fondo en mi costado derecho me hizo saber que ese hueco, que yo había visto al llegar, tenía dueña. Casi sin aliento, decidí largarme a otro sitio en donde pudiera respirar. Al no conseguir este aspecto tan importante para el ser humano, me largué. Ya no aguantaba más. 
   Con un cabreo de narices, me fui hacia el paseo marítimo para tranquilizarme y respirar un poco de aire fresco. Cuando llegaba casi a la mitad, oí de pronto tambores, clarinetes, trombones. Vi banderas ondeando al aire, trajes de otras épocas y una multitud agolpada al borde del paseo. Era un desfile de moros y cristianos al completo, con camellos, caballos, águilas imperiales, dragones, bandas de música, yelmos brillantes, turbantes de finas sedas. Todo lo que un desfile que se precie debía tener. Aquella tarde "maldita" que había empezado quitándome el aliento, me compensó completamente con toda una muestra de color, brillo, baile y música. Al final, la tarde del domingo se marchó con un buen broche.

sábado, 27 de julio de 2013

Relatos de verano. El paseillo

Como cada mañana, me he lanzado a la playa a dar mi "paseillo" mañanero. Mi intención no es estar en forma o perder esos kilos que me sobran; sólo pretendo hacer algo de ejercicio y relajarme, dejar la mente en blanco a veces y pensar otras. Me enfundo mis cascos y ¡ale! a caminar.
   Yo voy pensando en mis cosas, mirando al mar a ratos y otras veces a las gaviotas que se pasean por la arena entre los trabajadores de la playa. De repente, me cruzo con un señor mayor muy sonriente que me saluda con un "buenos días". Estoy segura de que no le conozco, pero es posible que le suene mi cara de estos días atrás. Entonces me fijo en la gente con la que me cruzo y me doy cuenta de que solemos ser los mismos los que nos ¿vemos? (o nos miramos sin ver) cada mañana.
   Ahí está el señor alto y esbelto, con aspecto de militar retirado, con su sombrero de estilo panameño, ladeado, y gafas de sol tipo "Top Gan", marcando el paso y con la cabeza bien alta. También está el matrimonio mayor que camina cogido de la mano, dentro del agua. El corredor profesional con el pulsómetro, el podómetro y todos los ómetros necesarios. La chica que corre con su perro y las dos "maris" que van "cortando el traje" de todo el bloque en el que veranean. Hoy no he visto al chico de la gorra y las gafas negras, pero sí estaba el bañista de la playa nudista al que todos tratamos de sortear indiferentes cuando sale del agua.
   Mañana tengo que acordarme de saludar al viejecillo sonriente, esquivar al bañista nudista y buscar al chico de la gorra.

viernes, 26 de julio de 2013

Relatos de verano. La visitante

El día había empezado de lo más normalito. Primero, mi paseo matutino, después mi desayuno en la terraza mirando al mar, y luego mi "playita" con mi sombrilla y mi silla, dispuesta a seguir leyendo ese libro que me tiene embrujada.
   Todo se desarrollaba como de costumbre, nada parecía predecir la visita inesperada de después. Yo seguía mi ritual diario: poner la sombrilla, extender la toalla y marcharme derechita al mar para darme el primer baño del día, en un agua tranquila y cristalina. 
   ¡Qué tranquilos nos sentimos cuando no conocemos lo que se nos viene encima! El mar estaba como nunca, los peces nadaban entre mis piernas, el agua estaba fresca y clara y el baño fue de lo más refrescante. Yo ¿nadaba? (o flotaba, tampoco nos pongamos tiquismiquis) hacía el interior, totalmente ignorante de esa visita inesperada que se acercaba despacio y en silencio.
   De repente, la visitante me rozó suavemente para hacerme saber de su presencia. Ya era imposible escapar. Cuando quise huir de allí sólo podía palmotear para intentar ponerme de pie y correr hacía la orilla (no soy Gemma Mengual, precisamente). Todo fue en vano. La visitante ya había dejado su marca, y nada menos que en una de mis "cachas", la izquierda para ser más precisos, y en la corva de la pierna derecha. 
   El resto del día lo pasé ocupándome del sello y firma de la visitante. ¡Maldita medusa!

jueves, 25 de julio de 2013

Relatos de verano. Santiago

Mi idea sobre este Diario veraniego era escribir sobre lo que me golpeaba, lo que sobresalía o destacaba en estos días de verano en los que todo se repite y en donde todos los días son iguales. Por desgracia, este no será nunca un día igual a los demás.
   Mi idea para el Diario de hoy era la de hablaros sobre el concierto de bandas de música que disfruto todos los miércoles desde mi casa; era  la de describiros la calle cortada y llena de sillas de plástico verde dispuestas para ser ocupadas por los veraneantes; era la de contaros cómo sonaba esa banda, como canturreábamos todos con algunas piezas del programa. 
   Esa idea tendrá que esperar a otra ocasión. Hoy la realidad que me encuentro y que me golpea de una forma brutal es el accidente ferroviario de Santiago.
   Hoy el diario está dedicado a ellos.

miércoles, 24 de julio de 2013

Relatos de verano

El verano siempre es diferente. Nuestro ritmo de vida también. Por mucho que queramos, no es fácil mantener la rutina que seguimos el resto del año. Pero esto es una de las mejores cosas del verano, ¿no?, romper con lo que venimos haciendo: salir a pasear temprano con el fresquito, tomarnos una cervecita en una terraza a las diez de la noche, mientras se pone el sol, irnos a comer a la piscina cuando salimos del trabajo, o poder desayunar todos juntos, aunque sólo sean unos días.
   Así que, dándole vueltas a mi cabecita, que normalmente no para, he pensado cambiar la dinámica del blog los próximos días de verano. Aunque siga con mis lecturas y otras cosillas, quisiera redactar una especie de diario veraniego en donde cuente lo que me rodea día a día (o eso espero), lo que veo y lo que me ronda, las cosas que me harán romper mi rutina invernal. Me gustaría que fuesen post cortitos a modo de pinceladas, nada muy sesudo, simplemente impresiones personales.
   En fin, deseadme suerte a ver que tal resulta todo. Y así queda inaugurada la sección temporal veraniega llamada Relatos de verano. Espero que contribuyáis con vuestras propias experiencias. Hasta mañana.
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