Eso es lo que yo me he encontrado en este libro, un montón de soles espléndidos, como indica su título, y miles de pequeñas satisfacciones mientras iba devorando, una tras otra, las 408 páginas de esta novela que me ha tenido con el corazón pillado desde el principio hasta el fin. Mil soles espléndidos, de Khaled Hosseini, ha sido un regalo, una suerte y un placer.
Este autor afgano se me cruzaba sin parar por la blogosfera. Parecía que me hacía guiños continuamente. Daba igual la obra, él me tentaba una y otra vez desde reseñas como la de Tatty de El universo de los libros o como la de Mientras leo, de Entre montones de libros. Siempre andaba por ahí llamándome con insistencia. Así que le hice caso; es inútil resistirse a determinadas tentaciones.
Cuando lo empecé, fui metiendo la cabeza, poco a poco, en la vida de una niña que prácticamente estaba recluida en una pequeña casa y cuyo sol era la visita semanal de un padre que vivía lejos de allí con su familia "legal" y su hijos "legítimos". Poco a poco, fui viviendo los cambios en la vida de Mariam, sus decepciones, sus desilusiones, su resignación al aceptar lo que parecía su destino. Cuando ya estaba totalmente enamorada de este personaje y me comía las uñas viendo lo que le pasaba, apareció Laila, una niña llena de vida, de ilusiones y de vitalidad que hizo que me olvidara un poco de Mariam. Una joven que ve cómo su vida da un vuelco increíble por culpa de la guerra y se van al traste todos los planes que había hecho. En una misericordia infinita, el autor une las vidas de Mariam y Laila para que pueda seguir los pasos de las dos al mismo tiempo. Una serie de circunstancias hacen que terminen viviendo en la misma casa, bajo el yugo del mismo hombre, y que se conviertan en algo más que amigas, en casi hermanas, y que esto les sirva para enfrentarse a todo lo que se les viene encima, que no es poco, una con más resignación que la otra, pero, al final, también con mayor fuerza y coraje.
Mariam y Laila son dos mujeres que se enfrentan de diferente manera a la vida que les ha tocado en suerte, en un país como Afganistán y en un momento de conflictos políticos y bélicos. La primera se ve casada con un zapatero violento y retrógrado que le lleva treinta años y que solo espera de ella que le dé hijos. Laila es una joven enamorada del que ha sido su compañero de juegos, al que ve abandonar el país para huir de la guerra y que la pérdida de toda su familia hace que termine casada con ese mismo viejo zapatero ruin, esposo de Mariam. Así es como las dos unen sus vidas y luchan juntas contra todo lo que se les viene encima.
En todo este recorrido, la cantidad de emociones y sentimientos que hemos vivido las tres juntas ha sido enorme. Hemos reído, nos hemos enamorado, hemos llorado, hemos tenido miedo, mucho miedo, rabia, desesperación... La conexión con Mariam y Laila ha sido tal que, al acabar el libro, le he dicho adiós a dos buenas amigas. Había leído que Hosseini tenía una habilidad especial para transmitir emociones, para hacer que amásemos a sus personajes, pero no imaginaba hasta qué punto. Son tan reales, tan de carne y hueso, que es imposible no sentirlas a tu lado.
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| Foto tomada de www.nationalgeographic.com |
Pero la genialidad del escritor no está solo en la creación de personajes auténticos, también en su fenomenal manera de describir los paisajes. La colina en la que vivía Mariam, está perfectamente clara en mi cabeza, con el arroyo cercano bordeado de álamos y la vista completa del pequeño pueblo bajo sus pies. Igual me ocurrió con el valle de Bamiyán en donde Laila contempla un paisaje lleno de cultivos, de azoteas cubiertas de cosechas puestas al sol, de pequeños arroyos salpicados de mujeres lavando ropa.
El lenguaje claro, sin artificios, pero cargado de emotividad de Khaled Hosseini, ha hecho que metiera la cabeza por una pequeña ventana para ver paisajes, ciudades y barrios y, al mismo tiempo, sintiera el aire, los olores y los sonidos que han rodeado a nuestras heroínas a lo largo de toda la novela. Por último, no podía marcharme de esta historia sin dedicarle una mención especial a las madres de nuestras protagonistas que fueron, en muchos casos, casi más crueles que los hombres de la historia, teniendo en cuenta que te causa más dolor quien más quieres y quien más te debe querer.
Cuando me encuentro con un buen libro como este y con un gran escritor, me resulta muy difícil encontrar un buen broche a la reseña. Solo os diré que terminé el libro con una sonrisa de satisfacción y una lagrimilla cayendo despacio por mi cara. No solo me despedía de dos buenas amigas, también de una gran prueba de amor y sacrificio. Ahora espero de vosotros que me contéis vuestras impresiones, si lo habéis leído, o vuestras ganas de hacerlo, si os he transmitido bien mis sensaciones. Por aquí os espero.