Anoche pasaron por casa los Reyes Magos y, a una velocidad superior a la de la luz, dejaron estupendos regalos delante de mi balcón. Pero unos días antes, un paje se adelantaba a la cabalgata que venía de Oriente...
Era una mañana bastante fría. El insomnio me había tenido leyendo casi toda la noche y cuando me quedé K.O. lo hice tan profundamente que eran las nueve de la mañana cuando me desperté, con el sonido del timbre del telefonillo metido en mi oído. Me levanté de un salto, sin despertarme del todo, y corrí hacia la puerta. La cartera me traía un paquete que no cabía en el buzón.
¿Qué no cabía en el buzón? Pero si solo recibo facturas. ¿De qué puede ser una factura que no cabe en el buzón? El corazón se me salía por la garganta de lo fuerte que eran los latidos de terror. Pero entonces, se encendió la lucecilla esa que todos tenemos acoplada en alguna parte de nuestro cerebro y, que a veces, anda un poco fundida. El corazón seguía asomándose por la boca, pero ahora era de emoción: ¡Era mi bloguero invisible! Seguro.
Mientras la cartera subía a mi piso, empecé a sentir un cosquilleo en la tripa. Pocos minutos después, ya tenía el paquete en las manos y una sonrisa nerviosa en la cara. Era mi libro, tenía que ser mi libro. Pero quizás debería esperar a la noche de Reyes, ¿no? Sería la correcto, lo lógico. Y como yo nunca he sido muy lógica que digamos y sí bastante propensa a los arrebatos, mientras estaba pensando qué hacer, estaba rasgando el sobre recibido y buscando en su interior (así que no esperéis ver la foto del envoltorio, lo siento).
Y allí estaba, tan nuevo, tan bonito, tan interesante, tan envuelto en un bonito papel de regalo que también había rasgado de arriba abajo. Sí, era mi libro, el regalo de mi bloguero invisible. Y más contenta que unas pascuas, me senté en el sofá y empecé a leer, solo cuatro líneas, pero suficientes para sentir el primer contacto entre blogueras.
Así que, desde aquí, le doy las gracias a mi amiga Teresa, de Leyendo en el bus, por este regalo tan especial: La canción del olvido, de Kiana Davenport. Muchísimas gracias, Teresa, por tu regalo y por poder conocerte a través de tu blog. Te mando un beso enorme, y espero disfrutar de este libro como lo hiciste tú.
A todos, Feliz Bloguero.
P.D: Había olvidado dar las gracias a Kayena, responsable de todo este ir y venir de libros (¡Qué desagradecida!). Gracias a ella, a su esfuerzo y a su trabajo, estamos disfrutando de un momento muy especial.