sábado, 19 de marzo de 2016

Cerrado por problemas técnicos

Cuando los fusibles, la banda ancha (o estrecha), la conexión a internet, los electroduendes y cualquier otro elemento que se os ocurra que pueda intervenir en esto de navegar por las redes deciden confabularse en mi contra e impedirme que pueda usar internet con normalidad, a mi solo me queda cabrearme como una mona, rendirme a la evidencia y aprovechar para cogerme unas minivaciones hasta que todo vuelva a la normalidad.
Espero que seáis comprensivos conmigo si no paso por vuestros blogs para comentar vuestro trabajo; podéis estar seguros de que leeré lo que publiquéis aunque no pueda participar.
Espero que cada uno viva la Semana Santa como mejor lo desee y que nos encontremos a la vuelta con más ganas de hablar de libros.
¡Hasta pronto!

domingo, 13 de marzo de 2016

Libros

Aquella mañana tenía el cielo completamente encapotado. Si lo hubiera sabido al salir de casa, habría cogido el paraguas por si acaso; pero mi cielo de las siete era tan negro y las previsiones de mi móvil sobre el tiempo tan poco fiables, que salí de casa solamente con la prisa.
   Cuando llegué a la cita para comer, pasó lo que tenía que pasar: una lluvia torrencial empapaba las calles y me dejaba los pies helados y los hombros encogidos. Menos mal que en el restaurante se estaba calentito, la comida estaba razonablemente buena y la compañía lo curaba todo.
   Mi amiga, que me conoce como pocos, me traía un regalo: "la crónica de una excavación arqueológica en Luxor", según rezaba la portada. Y es que venía acompañada de la historia de Djehuty, "supervisor de los trabajos" y "supervisor del Tesoro" del gran Tutmosis III, allá por los años 1500-1450 a.C. aproximadamente.
 
 La forma en que el arqueólogo Matias Galán había llegado hasta los huesos de este financiero de la XVIII dinastía me quemaba los dedos, que estaban deseando hojear como locos aquella aventura. Y en el tren de vuelta a casa, pudieron tocar el papel mientras yo leía los primeros párrafos de aquel enorme regalo. Ahora, pausadamente, entre libro y libro de los que me acompañan a diario, disfruto de algún capítulo, soboreándolo con calma, tomando notas y participando de los sobresaltos, la euforia y los peligros de los investigadores que lo protagonizan. Disfrutando, ¡vaya!
   Los dos libros siguientes fueron un premio que me concedí por haber llegado a buen puerto, después de un larguísimo paseo por la playa de más de tres kilómetros. No había habido ningún esfuerzo por mi parte, porque el cielo era de un azul brillante, la temperatura de veintitrés grados y el mar de un intenso azul mediterráneo. Para colmo, cuando llegué a la meta, había una estupenda terraza junto al mar que me pedía a gritos que me sentara a tomar un café y, evidentemente, ese café necesitaba lectura. "Curiosamente", muy cerquita de allí, se podía distinguir una librería. Decidí dejar de luchar contra el destino y agenciarme dos novelas históricas que me hacían guiños desde el estante: Cartas desde palacio, de Jorge Díaz, y La Abadesa, de Toti Martínez de Lezea.
   
   Del primero no hay nada nuevo que contar que no se haya contado ya en numerosos blogs. Gracias a Dios, mi desmemoria me sirve para partir de cero de las lecturas de las que he oído hablar mucho y disfrutarlas como si las hubiera descubierto yo misma. En cuanto al segundo, Martínez de Lezea siempre me enreda con relatos históricos y rigurosos y con personajes interesantísimos. Si en esta novela me presenta a una hija ilegítima de Fernando el Católico (que para mí ya siempre tendrá la cara de Rodolfo Sáncho), era lógico que el café se enfriara sobre aquella mesa al sol, y al mar, mientras leía su tres primeras líneas.
   De quien no consigo recordar su llegada es de Con los ojos cerrados, de Gianrico Carofiglio. He buscado en todos los rincones de mi mente, pero sin suerte. También he buscado en mi blog, entre las antiguas entradas, y tampoco ha habido éxito. Sin embargo, por fortuna, lo que mi cabeza olvida lo recuerdan mis libretas.
   
   Para todos aquellos que os sonreís cuando me veis una nueva libreta en la mano, os diré que mi bendito vicio de coleccionista me permite echar mano de los olvidos que apunto en ellas. Y gracias a eso, he sabido que el pasado 13 de noviembre, festejando el día de las librerías, me regalé este libro, que encontré al ridículo precio de 1 €. Pero no solo estaba la historia de su compra, sino que además estaban mis notas para la reseña. Y empecé a recordar.
   Recordé al abogado de causas "casi perdidas" ayudando a Sor Clara a defender a una mujer maltratada, acusada de falsa acusación. Recordé el relato de David contra Goliat, de los propios fantasmas luchando con nosotros mismos, de la soledad que acompaña al fracaso.
   Así es como estos cuatro libros han dejado de estar amontados en uno de mis estantes y han pasado a esa balda de últimas adquisiciones, dispuestos a esperar su turno de lectura.

domingo, 28 de febrero de 2016

Lo que encierra el más allá

Espronceda, y no digamos Becquer, estarían muy orgullosos de esta novelista que, estoy segura, ha recogido el testigo del más puro Romanticismo español del siglo XIX: ruinas góticas, amores imposibles más allá de la muerte, tormentas espeluznantes, espíritus.
   Victoria Álvarez creó en Hojas de dedalera todo un mundo propio, entre cementerios, abadías olvidadas, sórdidas calles londinenses y grandes mansiones; un ambiente romántico (ahora denominado gótico) que nos envuelve desde que empezamos a leer. No sé si ella habrá sido consciente de cómo ha recuperado lo que sus antecesores literarios hicieron hace un par de siglos, pero yo he visto miles de pequeños detalles de los que estudiaba en mis libros de literatura del insti, pequeñas pellizcos que me han llenado de nostalgia y me han hecho disfrutar de lo lindo.
   No hace mucho os contaba mis impresiones de la última entrega de la trilogía de Victoria, Dreaming Spires. Bien, pues su "regusto" me hizo lanzarme de cabeza a por esta novela, la primera creo, para conocer sus orígenes, para ver desde dónde partía. Y ahora entiendo su evolución.
   Puede que el argumento y los hechos hayan sido catalogados como "novela gótica juvenil" en más de un sitio por donde he pasado, pero os aseguro que la madurez con que afronta la historia y cómo construye a los personajes es muy adulta. Quizás haya algunos acontecimientos un poco traídos por las pelos, para hilvanar mejor la trama, pero la profundidad de los personajes está más que lograda, no importa si son los protagonistas o los secundarios, ninguno de ellos me ha parecido plano o forzado, o "de relleno"; cada uno cumplía perfectamente su papel.
   El argumento lo podéis encontrar fácilmente y, además, creo que cada lector debe ir descubriendo las cosas poco a poco, al menos yo prefiero no saber demasiado de lo se cuece en el libro que tengo entre manos, y por eso leo muy por encima las sinopsis y me dejo guiar por los títulos y las portadas (sí, así de superficial soy yo, y no me va mal del todo), salvo cuando alguna de vuestras reseñas me convence totalmente. Solo os diré que la pequeña Annabel nos seduce desde el principio, jugando entre las tumbas del cementerio en el que crece y hablando con los espíritus que también viven en él. Seguirá haciéndolo de mayor, con su seguridad y su carácter luchador y decidido, mientras vemos cómo se enfrenta a secretos que tumbarían al más pintado, cómo planta cara a todo tipo de vivos y muertos y cómo encuentra al amor de su vida, por el que es capaz de todo. No os digo nada de Víctor.

   Porque, sí, esto es una historia de amor, entre espíritus, cementerios y ruinas medievales, pero una historia de amor que traspasa el más allá, y que la autora nos cuenta con un lenguaje muy sencillo, muy cercano, pero muy rico, y bastante bien utilizado para conseguir el efecto deseado en cada momento: misterio, amor, terror, sentimientos; un lenguaje lleno de imágenes que crean un ambiente increíblemente bien conseguido para que una trama apasionante te atrape desde el principio y no te suelte hasta los agradecimientos.
   Sí, lo habéis adivinado: he disfrutado como una loca con esta novela. Porque soy una Romántica irremediable y disfruto con las historias de amor que parecen imposibles, porque me encantan los ambientes misteriosos que lo envuelven todo de niebla o de llovizna y porque adoro la época victoriana. Es cierto que, en mi opinión, había cosas aún por pulir: alguna escena poco desarrollada, algún personaje no muy perfilado, algún elemento tópico muchas veces visto, pero las grandes cosas se van forjando y perfeccionando con el tiempo, y estoy segura de que esta joven escritora tiene mucho mucho que decir, y lo iremos viendo paso a paso, no me cabe duda.

domingo, 21 de febrero de 2016

De misterios con Cervantes

El protagonista del libro que acabo de terminar se define como un loco de los tangos, del ron cubano y de Cervantes, aunque no sé si por este orden. Como he disfrutado tanto con su historia y algún que otro "pero", he decido rendirle un merecido homenaje creando el ambiente adecuado mientras me pongo a redactar la entrada.
   Lo primero sería empezar con un buen tango, banda sonora de la novela, pero no poseo tangos en mi discoteca ¿Cómo solucionarlo? Hecho mano de Chavela Vargas, lo más parecido que encuentro a la melancolía "tangera". El ron va a ser más difícil de sustituir; no tengo nada remotamente parecido, y acompañar a Chavela con Coca-Cola, mi primera opción, me parece una falta de respeto, así que he terminado dando sorbitos a una copa de Pedro Ximénez. En cuanto a Cervantes, nada mejor que "picotear" a lo largo del Quijote diversos pasajes, tan solo para disfrutar de la genialidad del maestro. Y con esta preparación light, empiezo a escribir.
   Cuando me topé con El escudero de Cervantes y el caso del poema cifrado me pareció un título propio de Agatha Christie, suficiente para que llamara mi atención. El argumento de la solapilla sobre un profesor de instituto envuelto en una intriga que le obliga a buscar un antiguo manuscrito inédito de don Miguel hizo el resto.
   Nuestro protagonista se llama Miguel Saavedra y, evidentemente, es un experto en su tocayo. Su tranquila vida como profesor se pone del revés al conocer a una estudiante estadounidense que "parece" querer saberlo todo sobre Cervantes (y sobre el profesor), y también, cuando su exmujer le entrega un misterioso soneto destinado al escritor, encontrado por casualidad entre los papeles de la biblioteca personal de una importante familia.
   A partir de aquí todo son misterios, intrigas, verdades a medias, investigaciones, corazones rotos, fantasmas personales y familiares, aventuras, todos los ingredientes necesarios y muy bien mezclados para que el autor, Manuel Berriatúa, haya creado una entretenidísima novela de misterio, con la que he disfrutado de lo lindo.
   Los personajes no son demasiado profundos o "tridimensionales" (palabrita que he leído por ahí más de una vez y que me gusta lo "profesional" que queda), pero resultan simpáticos y cercanos. El lenguaje del hilo temporal actual es algo rimbombante y artificial, pero terminó gustándome eso de poder leer un vocabulario culto pero asequible, con el que rescatar la riqueza de nuestro idioma. Por otro lado, esa manía de algunos autores de trufar una historia con su opinión sobre diferentes temas es algo que me cansa bastante, pero aquí se hace de una forma sutil, sin demasiada insistencia. El misterio familiar de nuestro Miguel del presente no me encajaba demasiado en la trama, pero tampoco me disgustó esta especie de "novela intercalada" a modo de homenaje al Quijote. Y, finalmente, los dos hilos temporales, muy bien enlazados y en perfecto equilibrio, me han permitido pasear por Sevilla en dos siglos diferentes, recorrer calles de Madrid que tengo un poco abandonadas y regresar a uno de mis primeros viajes de la infancia.
   Solo puedo deciros que, salvo algún que otro frunce de ceño y de labios, las hojas volaban ante mis ojos, la intriga me tenía totalmente enganchada y la forma de contar de Manuel no me dejaba escapar de sus páginas. La vida del escudero Andrés, del profesor Miguel y de los amigos y enemigos que les rodean, junto con algunos diálogos bastante divertidos me han hecho disfrutar muchísimo, algo que siempre le agradezco a un libro.
   
Este libro fue el ganador del último Premio Círculo de Lectores de Novela, cuyo jurado son los propios lectores.

domingo, 14 de febrero de 2016

Un buen broche

Un buen broche es lo que se necesita para acabar, como Dios manda, con una muy buena trilogía. Y es lo que ha conseguido Victoria Álvarez con El sabor de tus heridas. Sé que ya habréis leído "ríos" sobre él y no voy a descubriros nada, así que me limitaré a mi recorrido particular.
   Todo empezó para mí, y por causalidad, con la primera reseña que leí de Tu nombre después de la lluvia, el primer título de la trilogía de Dreaming Spires. Se produjo una especie de chispazo en mi cabeza, de esos que me anuncian lo que voy a hacer sin remedio; no hay dudas posibles: salir corriendo a conseguir la novela. Cuando la terminé, estaba perdidamente enamorada de uno de sus protagonistas (yo soy así de fantasiosa) y totalmente enganchada a la "cuadrilla" de amigos dedicados a investigar y a escribir sobre fenómenos paranormales. 
   Yo nunca he sido muy amiga de trilogías y cosas por el estilo, porque no siempre he tenido suerte con las continuaciones, pero paseando por la última feria del libro de Madrid, me encontré con la autora y me llevé a casa Contra la fuerza del viento, más una agradable dedicatoria estampada en su portadilla. En esa segunda entrega, mi amor por Lionel fue absoluto, y su puntito canalla, ahora transformado en amor verdadero (me recordaba a don Juan), solo me hacía tener más ganas de que llegara la siguiente entrega. Y llegó. Y me volví a enamorar.
   En esta última aventura, la autora les pone en un tesitura verdaderamente difícil. En esta ocasión no tienen elección; se ven obligados a embarcarse en un viaje a Centroeuropa quieran o no. No se trata de investigar un fenómeno extraordinario con el que llenar las páginas de su periódico especializado, sino de sus propias vidas. Alexander, Lionell y especialmente Oliver tratan desesperadamente de rescatar a la pequeña Chloë y para ello, ayudados por la magnética Srta. Stirling, viajan hasta Bohemia, donde sus vidas cambiarán para siempre.
   Los giros de algunos personajes, las decisiones de otros, los momentos de acción y de misterio hacen de esta novela un digno broche a la trilogía. Porque Victoria Álvarez, en El sabor de tus heridas, ha conseguido redondear cada uno de los personajes que han ido apareciendo a lo largo de todas las novelas, les ha dado más realismo. Ella ha ido eligiendo distintos ambientes para cada trama y distintas leyendas y misterios propios con los que tenernos encadenados a la historia, para resolver misterios, asistir a amores imposibles y para hacernos amigos de unos protagonistas muy creíbles, que van evolucionando a cada paso, hasta llevarles, en esta última, a un final lógico para cada uno de ellos.
   Su lenguaje es ligero y accesible, que no corriente y poco culto. Algunas de sus escenas (que a mí me parecen de lo más cinematográficas, aunque ella confiese que las veía como si fueran cuadros) te dejan sin aliento en más de una ocasión, y la combinación de aventura y acción con los momentos intimistas de los protagonistas está perfectamente lograda.
   Solo debo ponerle un pero, algo totalmente personal que nada tiene que ver con la calidad de la novela. Se trata de un giro en el comportamiento de uno de los personajes, algo que últimamente está muy de moda en toda peli, novela o serie de televisión que se precie de ser políticamente correcta y que, aunque no me molesta en absoluto, me cansa. Pero como os digo, es algo totalmente personal. No, no me pidáis que os lo cuente porque os espachurraría parte de la historia. 
   Solo os digo que os atreváis con ellas, y que si os gusta la tensión, las leyendas, la buena ambientación y los personajes bien moldeados, disfrutareis de lo lindo.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...