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domingo, 21 de julio de 2013

Mi momento musical infantil

Hola a todos. Ya estamos otra vez aquí, compartiendo nuestra vida musical y, como dice Isabel, conociéndonos un poco más a través de la música. Y me parece especialmente bonito empezar este aprendizaje siendo otra vez niños. Y es que la infancia es ese mundo entre el sueño y la realidad donde mezclamos lo que realmente recordamos con lo que nos cuentan nuestros padres que pasó, y de todo ello surgen nuestras primeras sensaciones, nuestros primeros sentimientos. Para mí, esos momentos entre la realidad y la ficción están llenos de las canciones de los Payasos de la tele (Gabi, Fofó, Miliki y Fofito), de sus vestidos largos y de sus enormes narices. 
   Mis recuerdos me llevan a los primeros días del verano, a la edad de seis años, cuando había que dormir la siesta, sin remedio, después de comer y esperar para poder ver la tele a la hora de la merienda. Me levantaba con los ojos pegados, el pelo revuelto y una marca de la sábana en la cara. Después, con los restos del sueño todavía pegados a mí, mi hermano y yo delante de la tele y la merienda delante de nosotros, (preparada por nuestra abuela y colocada sobre una mesa baja de mármol negro y patas de metal plateado y brillante) estábamos preparados para gritar como niños cuando Fofó nos preguntara "¿Cómo están ustedeeeeees?". Después todo era reír y cantar con Mi barba tiene tres pelos, Hola don Pepito, hola don José, La gallina turuleca, etc. (servidora ya tiene una edad) y mis abuelos sentados frente al enorme balcón, unas veces cantaban con nosotros, otras miraban a la calle distraídos.
Son los primeros recuerdos de unos primeros años todavía confusos en los que todo se entremezcla un poco: los sueños del verano con las imágenes guardadas y con los sonidos cantados. Encantada de volver a saludaros de nuevo, me despido con una de las canciones que más cantaba en medio de aquellas meriendas y que luego he podido cantar, de nuevo a voz en grito como entonces, gracias a lo más grande que me ha dado la vida: mis sobrinos.
¡Qué lo disdrutéis!


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