Hay países, como Francia, que tienen
un término propio para toda la vorágine que se forma con la llegada
de las publicaciones literarias de inicio de temporada. Es la
rentrée, algo así como una "vuelta al cole". Yo me he dado un paseo
por Internet para ver qué se "cocía" por esos mundos
literarios y navegando arriba y abajo, yendo por aquí y por allí,
me he encontrado con muchas cosas interesantes. Y he tenido que
seleccionar, por supuesto.
No sé si los he elegido porque ellos
ya no están con nosotros o porque el otoño me llena de nostalgia
por antiguos genios, por grandes escritores de tiempos pasados. En
unos momentos en los que, por suerte, las redes parecen colapsadas
con nuevos autores que luchan por hacerse un hueco, este repaso por
las secciones culturales de los periódicos me ha traído el
recuerdo de anteriores formas de escribir y de ver el mundo.
En ese ir y venir, me he encontrado con
una exposición muy especial, en la Casa de América de Madrid,
dedicada a Juan Carlos Onetti, un autor con una idea muy personal del
espacio en el que quería crear. Y dentro de esta "idea"
podremos movernos a través de la recreación de su habitación, en
medio de sus objetos más queridos, de sus libros dedicados y de
grabaciones con su voz. ¿Por qué no leer algunos pasajes de sus
obras antes de pasear entre el mobiliario de su casa en Avenida de
América? ¿Por qué no hacerlo también después para ver si
percibimos algo diferente?
Y siguiendo ese paseo, una enorme foto
de Ana María Matute hacía que detuviera mis pasos en la noticia que me hablaba de la última
obra en la que trabajaba esta escritora cuando nos dejó. A falta de
dos capítulos, Ana María Matute dejaba esbozado el final de
Demonios familiares, como broche de una novela de despedida escrita a
máquina y corregida a mano. No me digáis que no se os altera la
curiosidad.

