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| Teatro de la Comedia de Madrid. 2008 |
Después de catorce años de silencio, uno de los teatros más míticos de la capital volverá a "hablar". Y lo hará nada más y nada menos que con don Calderón. Su "Alcalde" se subirá de nuevo a ese escenario, renovado en sus tablas, que no en su espíritu, porque es imposible borrar el alma de los que pasaron por él.
La directora de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, Helena Pimienta, ha hablado del "valor sentimental" de este teatro para los actores y de que "aunque la vocación de los actores les lleva a actuar en cualquier lugar, este es un espacio mágico para los artistas". Y no me extraña, si lo es también para mí, una humilde espectadora.
Todavía recuerdo la primera vez que entré en medio de una luz tenue y cobriza, apagada por unas cortinas de terciopelo rojo que parecían pesar "siglos" y que habían apartado miles de espectadores antes que yo. Recuerdo la sensación de estar en otro tiempo y en otro lugar, como si el tráfico y el ruido de la Plaza de Sevilla y su vecina Alcalá se hubieran esfumado de repente. Los candelabros dorados en las paredes, los espejos picados por el tiempo, los carteles de antiguas maravillosas obras, los nombres de los más grandes escritores y actores me invitaban a formar parte de una historia muy especial, la de un teatro inaugurado en 1875 para disfrutar de todo lo grande que tiene nuestra literatura. Y aunque la entrada no era del todo asequible para quien fuera un estudiante de universidad, ya sabéis lo que dice Mastercard: "no tenía precio".
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| El teatro tras la renovación |
Solo espero volver a sentir aquella emoción que me hacía coger el aire muy despacio, como si se acabara. Ojalá pueda apartar pronto unas cortinas como aquellas que alargaban el tiempo hasta el patio de butacas, para saborear el momento de llegar a mi asiento. Y ojalá, Carmelo Gómez y El alcalde de Zalamea, me hagan contener la respiración al escuchar:
“Que soy noble por cinco o seis mil reales; y esto es dinero y no es honra; que honra no la compra nadie.” Porque...
"(...) Al rey la hacienda y la vida se ha de dar, pero el honor es patrimonio del alma, y el alma solo es de Dios".
El alcalde de Zalamea. Don Pedro Calderón de la Barca.
Teatro de la Comedia: http://teatroclasico.mcu.es/la-comp/teatro-de-la-comedia/

