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| Foto tomada de www.vanguardia.com |
Por eso, cuando he leído en el ABC.es la noticia sobre la Biblioteca Británica y los 1.000 manuscritos que ha
incluido en su página web para su consulta, se me ha escapado una
lagrimita de emoción. No se trata solamente de disponer de los
textos de grandes autores, sino de acceder a sus propias manos, de
ver sus palabras manuscritas, sus primeros impulsos creadores. ¡Qué
emoción!
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| Foto tomada de Discovering Literature |
Yo no puedo imaginar lo que hubiera
hecho si, con diez años, hubiera podido leer las primeras líneas de
Jane Eyre salidas de las manos de Charlotte Brönte. Con lo
impresionable y romántica que era yo en esos momentos, me hubiera
parecido el colmo de la emoción. Pero, incluso ahora, creo que
sentiría la misma emoción al leer el prólogo de Oliver Twits o las
anotaciones hechas por William Blake en una de sus libretas. Y es que
el corazón y la escritura se conectan más directamente a través de
la mano que a través de las teclas, y yo sé que me conectaría
mucho más contemplando las diferentes escrituras de los maestros.
¿Vosotros no?

