domingo, 1 de febrero de 2015

Totum revolutum

Eran las dos de un viernes por la tarde. Acababa de apagar el ordenador y, por primera vez desde hace... ¡Ni recuerdo!, tenía media tarde para mí sola, cinco horas como cinco soles que podía gastar en el dolce far niente. Me sentía como la ratita presumida con su mágica moneda.
   Lo primero era comer algo. Salí del trabajo, cogí el metro y me fui hasta un punto medianamente civilizado de la ciudad desde donde pudiera caminar tranquilamente hasta llegar al centro; después Dios diría. 
   Así me planté en la plaza de Colón y, sentadita en un banco al sol, me comí mi chuchurrido sandwich, que me supo a gloria, mientras se sentaban a mi alrededor varios guiris a quienes se les despertó también el gusanillo del hambre. Después, seguí caminando y, al pasar por la Biblioteca Nacional, miré hacía las escaleras, como siempre hago, para saludar a don Isidoro, don Alfonso, don Antonio, etc. Y allí estaba: Retratos y literatura. Los retratos de los premios Cervantes de la BN, junto con algunas cartas y escritos manuscritos. Allí estaba mi primer destino. 
   Entrar en la Nacional es siempre un lujo: huele muy bien, hace calorcito y las exposiciones suelen ser gratuitas. Dentro, el silencio lo invadía todo, y solo otro despistado y yo paseábamos sigilosos delante de los retratos, o nos encorvávamos para leer el texto explicativo sobre el pintor que retrataba, o casi pegábamos la nariz al cristal de la vitrina, para poder leer una carta manuscrita de don Fulanito a doña Menganita. 
   Algunos eran estupendos: una fiel mirada del escritor a través del cuadro; otros, sin embargo, eran un puro misterio: no había forma de adivinar quien era el retratado. Había un poco de todo, como en botica. Pero me sirvió para repasar la lista de los premiados, para conocer a sus "retratadores" y para poder ver cómo era la letra de algunos de ellos. Y llegó el momento de cambiar de tercio, de seguir "gastando" esa media tarde libre.
   Salí de la Biblioteca dispuesta a seguir caminando, que no es algo que pueda hacer todos los días (mis largos trayectos en metro no me dejan). Bien abrigada y muy dispuesta enfilé hacia Gran Vía: los "cervantes" me habían despertado ganas de libros, y me fui al Fnac.
   Allí no olía tan bien como en la Nacional, ni había nada gratuito, ni sentía el peso de cientos de años de letras sobre mí, pero ¡Qué maravilla!, todo un mundo del libro de bolsillo se abría ante mí: algo en francés para practicar el idioma, una escritora recién descubierta de la que volvía a tener muchas ganas, un escritor pendiente desde no se sabe cuándo. Daba igual, se trataba de pasear entre libros, tocarlos, olerlos, ojearlos, hojearlos a ratos, en fin de disfrutar de ellos. Pero se acercaba el fin y se iban agotando mis horas de libertad. Cogí el tren, esta vez, camino a casa.
   Al llegar, me quedaban aún unos minutos que poder gastar y miré mi correo: el escritor y músico peruano Miki Bane me había escrito para ofrecerme la posibilidad de leer su novela. El tiempo se agotaba a la velocidad del rayo y yo sabía que no podía compremeterme a ninguna lectura inmediata, así que le prometí lo único que podía prometerle, presentaros su libro e incluirlo en mi sección Lo que me llega. ¿Su argumento? Aquí lo tenéis:
 
"Los vampiros existen y puedo asegurar con completa certeza que mi afirmación es un hecho. ¿Cómo puedo comprobar lo que manifiesto? Muy sencillo: yo soy un vampiro". 
   Y, al parecer, este vampiro está bastante harto de la imagen que se proyecta de ellos en la literatura o en el cine. Ya es hora de acabar con tantos mitos, mitos que lleva soportando desde su nacimiento a mediados del siglo XVIII, en el Virreinato del Perú, y siente que ya es hora de contar toda la verdad.
La novela está disponible en formato digital e impreso en Amazon: http://mybook.to/Blaine. Y si queréis saber más sobre su autor podéis dirigiros a  http://author.to/MickyBane.

   Y con la última campanada del reloj del ayuntamiento, se terminó mi media tarde de libertad y me metí de nuevo en la lista de tareas pendientes, boli en mano, tachando una a una las que iba superando. La última, escribir esta entrada que os presento hoy. Feliz domingo.

23 comentarios:

  1. Me has dado una envidia enorme imaginándote en la BN, donde nunca he estado, por cierto. Intolerable para mí. Si dices que además es gratuito, no sé qué hago que no me cojo el tren y me voy para allá. En cuanto al libro, creo que me puede gustar. No leo en digital, así que investigaré, y si lo encuentro en papel no lo dudaré. Muchas gracias por esta genial entrada. Feliz domingo. Besotes.

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    1. Feliz domingo, Lady. Y seguro que disfrutarás un montón de la BN. No sé si la visita guiada y el museo son gratuitos, pero merece la pena, te lo aseguro, ;D. Abrazos.

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  2. Una tarde estupenda, envidia me has dado porque tal como lo has descrito se ve que has disfrutado mucho de esas horas de "libertad". Nunca he entrado en la Biblioteca Nacional, creo que en una de mis visitas a Madrid debería acercarme
    Besos y feliz domingo

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    1. Debes, debes... Para mí es casi una terapia. Quien sabe, lo mismo hasta nos encontramos por allí, ;D. Abrazos.

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  3. Muy bien aprovechada tu tarde. Me has hecho recordar que hace siglos que no voy a la Biblioteca Nacional. Y tus compras... El de Gavalda me encantó, aunque también es cierto que casi todo lo de esta mujer me gusta. Ya nos contarás. Besos.

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    1. Sí, creo que lo aproveché bien, jejeje. A Gavalda la estoy conociendo ahora y me gusta ;D .Abrazos.

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  4. Qué gustito de tarde relajada, qué envidia... pero me das una idea para algún viernes de tarde libre y desahogada (aunque reunir ambas cosas no es fácil). Uno de estos días te copiaré. Por si andas por allí, llevaré un clavel rojo en la oreja :-P
    Besucos, hermosa.

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    1. A partir de ahora, no perderé ojo de todo clavel que se me ponga a tiro, jejejeje. A por esa tarde relajada, Zazou... Abrazos.

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  5. Una media tarde muy bien aprovechada. El de Murakami está muy bien aunque los tiene mejores pero menudas joyitas te has comprado. A disfrutar y seguir tachando tareas.
    Abrazos

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    1. Seguro que Murakami puede ofrecerme más, pero me voy preparando con calma ;D. Me alegro de que te hayan gustado los demás. Estoy deseando darles hueco, aunque no es fácil. Abrazos.

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  6. Qué buena forma de relatarnos la tarde libre, me he imaginado en la biblioteca nacional, cuando estuve pensé justo en ese peso invisible de tantos años de letras. Merece la pena. Además voy a leer uno de tus adquiridos (el de Murakami).
    Un beso

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    1. ¿Sí? ¿Murakami? Pues a ver qué nos parece. Luego comparamos impresiones, ;D. Abrazos.

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  7. Como hecho yo de menos tener una tarde libre.

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    1. Créeme que te comprendo; suelo tener tan pocas. Pero, ánimo, seguro que te llega una pronto, ;D. Abrazos.

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  8. Me encantan ese tipo de tardes, me he sentido identificada. Gracias por la info de Blaine. Un beso!

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  9. Esas tardes son las mejores, me has dado una envidia... Biblioteca Nacional y Fnac, todo un mismo día! Que tengas una buena semana, 1beso!

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    1. Esto me pasa muy pocas veces, pero cuando me pasa... ay, es un gustazo ;D. Abrazos.

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  10. Menuda tarde, anda que no he pasado yo tardes en la Biblioteca Nacional, mirando, deambulando...
    Es toda una terapia
    Besos

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    1. Ya te digo, terapia de la buena, ;D. Abrazos.

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  11. La verdad es que una buenísima tarde tuvistes. Me llama la trama vampírica aunque por el momento le toca esperar.
    Besitos!!

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    1. Ahí queda, por si te interesa en un futuro. Abrazos Alicia.

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  12. Me ha encantado esta entrada, Marisa. Te organizaste una tarde maravillosa y lo has contado de manera que dan ganas de imitarte, dentro de lo posible, claro, porque a mí la Biblioteca Nacional me queda un poco lejos, ya sabes. Espero que puedas disfrutar de otra parecida muy pronto, que esas cosas sientan muy bien.
    Abrazos!

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