martes, 28 de octubre de 2014

Capítulos XLI y XLII: Y se resuelve la historia del cautivo, y se resuelve bien

Pensabais que volvería a fallar otro martes más, ¿a qué sí? Pues no, aquí estoy, a pesar de los pesares. 
   Como nuestro caballero andante, yo también he tenido que luchar contra molinos de viento, aunque me he llevado menos palos y he salido mejor parada. Así que "sin más dilación", me pongo manos a la obra.
   Dado el retraso de mis lecturas quijotescas y, como seguro ya os habréis puesto al día con las estupendas entradas de otros blogs, yo solo os diré que me he quedado a cuadros con la maestría de nuestro amigo don Miguel para enlazar unas historias con otras y concluirlas en el mejor final posible.
   Además de contarnos todas las aventuras por las que pasa nuestro protagonista, el capitán Ruy Pérez de Viedma, más conocido como "el cautivo", su enamorada, la mora Zoraida, y el resto de los cautivos liberados, también nos da algunas pinceladas de costumbres de aquellas tierras en las que él mismo estuvo cautivo:
"(...) la primera persona con quién encontré fue con su padre, el cual me dijo, en lengua que en toda la Berbería, y aun en Costantinopla, se halla entre cautivos y moros, que ni es morisca, ni castellana, ni de otra nación alguna, sino una mezcla de todas las lenguas con la cual todos nos entendemos;".
"(...) salió de la casa del jardín la bella Zoraida, la cual ya había mucho que me había visto; y, como las moras en ninguna manera hacen melindre de mostrarse a los cristianos, ni tampoco se esquivan, como ya he dicho, no se le dio nada de venir adonde su padre conmigo estaba".
   Además de todas las aventuras a las que se enfrentan hasta llegar a España, también se nos cuentan los felices encuentros que, como propios de la época, tienen lugar en una buena historia de enredos y aventuras. 
   Y así, el cautivo termina su historia ante los allí reunidos y se inicia otra con un oidor que llega a la venta acompañado de sus hija (una venta que cada vez se parece más al camarote de los Marx). ¿Quién es este oidor? ¡Ah, milagro! En un nuevo giro de tuerca, don Miguel reune al cautivo con su hermano, el hombre de letras, presentado aquí como el oidor: ahí queda eso. Quien diga que nuestro autor no tiene mecanismos para tener encandilado al público durante tantas páginas, miente "cual bellaco".
   Pero no contento con esto, hace su aparición don Quijote, en medio de abrazos y suspiros de alegría, quien, más confundido que todos los presentes, está seguro de ser víctima de algún encantamiento de ese increíble castillo, y siempre atento a las normas de caballería:
"(...) se ofreció a hacer la guardia del castillo, porque de algún gigante o otro mal andante follón no fuesen acometidos, codiciosos del gran tesoro de hermosura que en aquel castillo se encerraba. Agradeciéronselo los que le conocían, y dieron al oidor cuenta del humor estraño de don Quijote, de que no poco gusto recibió".
   Tanto como todos los que disfrutamos cada semana de estas geniales historias.

11 comentarios:

  1. Desde luego, Don Miguel tenía ingenio para dar y tomar. Es la primera vez que oigo el oficio de oidor. Besos.

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    1. ¡Cuánto aprendemos! ¿Verdad? Abrazos, ;D

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  2. Me ha encantado este capítulo y su final feliz.
    Besos.

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    1. Es un sainete en toda regla, jejejeje. Abrazos.

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  3. Respuestas
    1. ¿Síííí? Vaya, lo siento. Bueno, espero que no me dejes a mí, ;D. Pásate por aquí para estar al tanto ;D. Abrazos.

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  4. A mí la historia del cautivo me gustó (aunque se me hizo un poco larga), pero el último capítulo... jo, qué pesadez con los nuevos personajes! Yo quiero más Quijote! 1beso!

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    1. Yo también tengo ganas de Quijote y de sus ideas. Abrazos.

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  5. Llevo un retraso... A ver su me pongo al día!
    Besos

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