lunes, 18 de agosto de 2014

Capítulo XXXII: Y regresaron a la venta

Y yo con ellos. Que ya estamos de vuelta acompañando a nuestro hidalgo y a toda la corte que lleva detrás. De regreso a aquella venta que vio el manteo de Sancho y las locuras de don Quijote, la cuadrilla al completo deja durmiendo al caballero andante y se dedica a comer y a discutir con el ventero y su familia sobre los libros de caballerías.
"Y como el cura dijese que los libros de caballerías que Don Quijote había leído le habían vuelto el juicio, dijo el ventero: -- No sé yo como puede ser eso, que en verdad que a lo que yo entiendo no hay mejor lectura en el mundo, y que tengo ahí dos o tres dellos, con otros papeles que verdaderamente me han dado la vida, no sólo a mí, sino a otros muchos, porque cuando es tiempo de la siega, se recogen aquí las fiestas muchos segadores, y siempre hay alguno que sabe leer, el cual coge uno destos libros en las manos, y rodeámonos dél más de treinta, y estámosle escuchándole con tanto gusto, que nos quita mil canas".
   Y es que, como dijo don Jacinto:
"No hay ninguna lectura peligrosa. El mal no entra nunca por la inteligencia cuando el corazón está sano".
   Al parecer, no es solo nuestro amigo quien pierde el seso por estos libros; el ventero y su familia gustan bastante de las historias que algunos segadores leen en las horas de reposo para entretener a las cuadrillas, historias como la de Don Cirongilio de Tracia o la de Félix Marte de Ircania. También contaba con otras historias como la del Gran Capitán Gonzalo Hernández de Córdoba, o como la de Diego García de Paredes. Sin embargo, estas no entusiasmaban igual a los labriegos: donde esté una buena historia inventada y muy exagerada que se quite la historia verdadera. ¡Qué poco hemos cambiado!
   El señor cura se hace cruces al ver la pasión que despiertan estos libros, mientras su amigo el barbero ya tiene localizada la chimenea dónde quemar los papeles que acaba de enseñarles el ventero.
"-- Pues ¿por ventura-- dijo el ventero-- mis libros son herejes o flemáticos, que los quiere quemar?
-- Cismáticos, queréis decir, amigo-- dijo el barbero--; que no flemáticos.
-- Así es-- replicó el ventero--, mas si alguno quiere quemar, que sea ese del Gran Capitán y dese Diego García, que antes dejaré quemar un hijo que dejar quemar ninguno de esotros"
.
   ¡Ahí queda eso! Y ahí queda esta cuadrilla tan extraña, revolviendo entre los papeles del ventero, entre Historia e historias, y encontrando otra pequeña novela intercalada, El curioso impertinente, porque don Miguel no desaprovechaba ocasión de publicitarse. Esto es marketing y lo demás son tonterías.

5 comentarios:

  1. Desde luego Cervantes daba para mucho: entremeses, Don Quijote, novelitas intercaladas...
    Besos.

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  2. Yo llevo un retraso tremendo con El Quijote. A ver si me pongo al día poco a poco.
    Besos.

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  3. Cada vez me reafirmo más en que el año que viene me pongo a releer las aventuras de don Quijote. No sabes cómo se me hace la boca agua cada vez que leo tus entradas de los lunes.
    Besos.

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    Respuestas
    1. Me alegro de despertarte el gusanillo, :D. Abrazos.

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