martes, 15 de julio de 2014

Capítulo XXVII: Y Cardenio cuenta toda su historia

Habíamos dejado al cura y al barbero maquinando cómo disfrazarse para engañar a don Quijote, ¿verdad? Pues, ni cortos ni perezosos, de "estas guisas" se nos visten los dos:
"En resolución, la ventera vistió al cura de modo que no había más que ver; púsole una saya de paño, llena de fajas de terciopelo negro de un palmo de ancho, todas acuchilladas, y unos corpiños de terciopelo verde, guarnecidos con unos ribetes de raso blanco, que se debieron de hacer ellos y la saya en tiempos del rey Wamba".

   Mientras que el barbero:
"(...) con su barba que le llegaba a la cintura entre roja y blanca, como aquella que, como se ha dicho, era hecha de la cola de un buey barroso".

   Vamos, que era una hermosura verles a los dos juntitos, tanto que al cura le pareció que mejor se cambiaban el disfraz, que aquello no era decoroso para un hombre de Dios. Y así llegaron los tres a Sierra Morena, a buscar a don Quijote.
   Mientras nuestro buen Sancho se va en busca de su señor, el cura y el barbero deciden esperarle al lado de un arroyo y a la sombra de los árboles. Y entonces, ¿a qué no sabéis con quien se encontraron, cantando sus penas amorosas y sollozando como un cordero? Exactamente, a Cardenio. Si es que el mundo es un pañuelo.
   Ya que estaban allí sentados sin nada que hacer y con la suerte de haber pillado al loco enamorado en sus horas cuerdas, le pidieron amablemente que les contara el origen de sus desdichas. Esta vez, Cardenio pudo llegar hasta el final:
 "¡Ah, Luscinda, Luscinda! Mira lo que haces, considera lo que me debes, mira que eres mía y que no puedes ser de otro. Advierte que el decir tú sí, y el acabárseme la vida, ha de ser todo a un punto. ¡Ah, traidor don Fernando, robador de mi gloria, muerte de mi vida. ¿Qué quieres? ¿Qué pretendes? Considera que no puedes cristianamente llegar al fin de tus deseos, porque Luscinda es mi esposa, y yo soy su marido."

   ¿Es realmente este el final de la penalidades de Cardenio? ¿Terminó toda su perorata antes de que encontraran a don Quijote? Pues tendréis que leeros este capítulo, que yo solo os pongo las "miguitas" para que sigáis el sendero.

7 comentarios:

  1. Yo siempre les he tenido una tirria al cura y al barbero... Pero habrá que aceptarlos también, que para eso Cervantes nos los puso ahí.
    Besos.

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    1. Mujer, tenían su papel, estaban preocupados por el hidalgo. Pero es verdad que muy simpáticos del todo, no eran, no. Abrazos.

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  2. Por fin supimos la historia al completo!
    Besos

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    1. Sí, estábamos todos intrigadísimos, ;D. Abrazos.

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  3. jeje, ahora me dejas con ganas del siguiente, habrá que esperar!
    Besitos!!

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    1. Pero hay que esperar poco, el lunes que viene está ya aquí, :D. Abrazos.

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  4. Ains, pobre Cardenio: las penas de amor son las peores!
    1beso!

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